Cuando cruzábais los quince.

5 Febrero 2025 Santa, Águeda: 36 días pasados del año y 329 por pasar.

   Murcia, miércoles, las ocho, cielo sin nubes, pero frío y, lo mejor, sin novedad reseñable en la casa. Te cuento de los ochenta del pasado siglo, o sea cuando cruzabais los quince:

 

   8 agosto 1984.- Miércoles, temprano.

   ANA TOMÁS:

   El 1984 será en la familia el año de Ana Tomás. ¡Valiente Ana! Ha conseguido el grado de Catedrática de Lengua por la puerta grande de las Oposiciones.

   Por los años setenta y muchos consiguió despegarse del Magisterio con la Agregaduría. Ahora habrá gozado lo indecible subiendo al podio de los grandes, a lo más alto. ¡Soberbia Ana!

   Ana fue siempre estudiosa, de familia humilde. Hizo Magisterio con grandes sacrificios económicos, por eso de que “la chica vale”, y obtuvo el número uno en las Oposiciones. ¡Vaya con la niña¡

   Años de enseñar en Escuelas y de prepararse para empresas mayores, se casa y no tiene hijos. Su entrega a los libros es total. En el fondo se siente obligada. Una luz que viene de muy dentro la anima a seguir.

   Ana encuentra su felicidad fuera del mundanal ruido de la sociedad estridente, y triunfa en dos Oposiciones. Ana cuando le ofrecen caviar se ríe diciendo palabras que oyó a sus padres en el campo: “¡Prefiero gachamiga!” o  “¡Me gustan más las empanás!”. Enhorabuena, Ana.

                                                                                                                   Francisco Tomás Ortuño

   MONOTONÍA:

   9 de agosto1984.- Hemos llegado a la monotonía. La vida en el chalé cruza la meseta del verano. Primero hubo proyectos: llenar la piscina, disponer cada cosa en su sitio… Después hacerlos realidad. Y por fin, disfrutarlos. Pero cabe el peligro de la monotonía.

   Estos últimos días son de los que pueden caer en la rutina por iguales y plenos. Hay que huir de la monotonía, que puede conducir al aburrimiento. Hay que inventar para que haya sorpresas: en las comidas, cambiando de lugar, por ejemplo, en los juegos, trabajos, piscina, siesta, lectura, días ocupados y siempre nuevos, distintos. Ahí puede estar la clave.

   Francisco Amós baja con la moto a dar su clase de piano. Pascual Jesús ha organizado una Olimpiada en el Roalico. Ángel con el inglés. Lina, Miguel, Javi, Guillermo, María Elena y María Ángeles, participan en la olimpiada pascualina.

   Cuando Machado escribía su poema “Monotonía de lluvia tras los cristales” creo que pinta una situación idílica, feliz, perfecta. Eso debe pasar aquí: que lo tengamos todo sin hacer nada, que nos falte tiempo para no aburrirnos.

   Hay diversidad de actividades y de cosas por hacer y disfrutar. Pascual pinta ahora; Ángel Inocencio por las tardes. Ayer estuvieron aquí Mari, Fina y Juan por la mañana, Juan y yo nos bañamos en la piscina. Esta es nuestra monotonía.

   Ante el peligro del hastío, está el proyecto para cosas nuevas: una excursión, un viaje… En Semana Santa fuimos a Granada en el tren. Ya ir en el tren fue divertido. Conocer el hotel con sus gentes, sus habitantes y costumbres fue salir de la rutina.

   Visitar la Catedral, la Alhambra, la nieve en Sierra Nevada, montar en los telesillas, eran aventuras inolvidables para nuestros hijos. Hace un mes, fuimos a Madrid. En Madrid lo mismo que en Granada.

   A Miguel, lo que más le impresionó fue el metro -underground-; a todos el zoo de la Casa de Campo con el oso panda incluido. Vivencias inolvidables que guardarán para siempre. Si el cansancio asoma inventaríamos la forma de alejarlo con otros viajes.

   El próximo quiero que sea a Mallorca, con el fin de que conozcan el barco y el avión. ¿Cuándo será? Llegará. Mamá prefiere el viaje a Toledo, Ávila, Segovia, por el arte que encierra. Todo se andará, mamá, todo se andará.

                                                                                                                  Francisco Tomás Ortuño


   10 agosto 1984.- Viernes creo, siete y media de la mañana. El sol acaba de salir. Día fresco. Lo del viernes creo, tiene su importancia. Aquí lo mismo es un viernes que un lunes: se vive sin preocuparse por nada que no tenga relación con este entorno y con este momento.

   Viernes creo. ¡Cómo me gustaría decir lo mismo todo el año! ¿Qué me importa que el calendario diga que hoy es martes o que es sábado? Un día que amanece con mis hijos y mi mujer dentro de la casa, con la conciencia tranquila, gozando de cuanto se nos ofrece cerca.

  Los políticos no quieren que vivamos sin ocuparnos de ellos. Por eso hacen ruido y salen en la tele, como diciendo: “Por nosotros vivís así. Nosotros hacemos que tengáis cuanto tenéis”. Yo, en cambio, creo que es al revés: viven así por nosotros y por nosotros tienen cuánto tienen.

   Yo dije ya que el Mundo necesita de la política, pero menos de los políticos. Política escondida, efectiva; políticos, que no busquen su medro personal y distorsiones, la tranquilidad social. Muchos políticos tenemos hoy. La vida podría ser mejor con menos personas gobernando.

   En España se pasa de la política. Somos un país apolítico. No preocupa la política. Con un buen pasar y un trabajo ahora sobra. ¿Por qué ese interés en remover las aguas de por sí tranquilas de la nación?

   Estoy leyendo “La máquina de leer los pensamientos”, de André Maurois -André Maurois es pseudónimo de  Emile Herzog -, novelista francés que nació en 1885. Se halla en la colección de “Novelas y Cuentos”.

   Me llamó la atención leer en una de sus páginas que “acostarse temprano y levantarse temprano son motivo de felicidad” o algo parecido. Yo lo he pensado también, pero creo que no se puede generalizar por eso de los biorritmos que todos vamos conociendo.

   Es atractiva la novela de Maurois. Nada menos que una máquina de leer los pensamientos. Un Catedrático de lengua francesa es invitado a dar clases en la Universidad de Westmouth por su presidente señor Spencer con el consiguiente traslado a América con su esposa Susana.

   Allí conocen entre otros compañeros a Hickey que ha inventado una máquina con la que puede leer lo que piensan los demás. No quieras saber la que se arma cuando el catedrático la utiliza con su mujer; esta luego con su marido ,etc. Te recomiendo que la leas. Es de gran imaginación, de una prosa magistral y de un gran maestro de la literatura contemporánea.

   UNOS AMIGOS:

   Ayer vinieron los amigos de Francisco Amós a bañarse: Bastidas, Vargas, Poveda, Fernando. Pasaron un buen rato en el chalé, alternando baño con fútbol, baloncesto y ping pong. Fernando vino en su moto como los demás. Es chiquitajo como Nicolás. Los amigos le sacan ya medio cuerpo.

   Vargas no es alto, pero alcanza ese mínimo que lo sitúa en la normalidad. La talla de Fernando no es la normal. Es curioso: “¿dónde está ese punto de separación? Es como lo del grano de trigo. Un grano no es un montón, dos granos tampoco, ¿dónde se inicia el montón de trigo?

   Con la estatura pasa igual: Uno es bajo pero normal; otro ya no es normal. ¿Dónde está el punto de separación en las tallas para pasar de normal a anormal? Es el ojo clínico, la vista, quien lo ve sin aparatos ni mediciones. El ojo lo aprecia al primer golpe, con precisión matemática.

   Fernando debe sufrir lo suyo, golpe tras golpe, risas, palabras, fernandico, le van modelando. Bastidas es alto, Francisco Amós atlético y espigado Poveda robusto, Vargas bajo. Fernando no da la talla.

   Me recuerda a Domingo, también bajo de más. Un día Fan,  vecino de tres o cuatro años, gafas gruesas, se le quedó mirando y le soltó con la sinceridad brutal de los niños: “¡Qué hombre más chiquitajo!”. Los niños son cruelmente sinceros a veces.

   Los que no dan la talla lo saben. Ya se encargan los demás de hacérselo saber. Poco a poco se crea en ellos envidias, resentimientos y conformismos malsanos. Se ha dicho, y creo que con razón, que el tarado no es trigo limpio. Es muy probable que así: entre todos y su defecto el primero, lo van modelando espiritualmente.

                                                                                                            Francisco Tomás Ortuño.

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