El convento de Santana.
1 Marzo 2025 San Félix
Murcia, sábado, sin novedad en la casa. Te cuento hechos fidedignos del…
21 septiembre 1984.- Sole ha venido con nosotros al chalé. Es una mujer encantadora, dulce, inteligente. Tiene el don de saber agradar. Es femenina. Las personas que son como Soledad Espuche se acogen con agrado donde quiera que vayan.
Lo que ven está maravillosamente bien. Lo que se les ofrece lo aceptan como lo mejor. Un aplauso para mi amiga. ¿Se llama mundología a esta virtud? ¿Es innato en estas personas? Sole, soltera, ha viajado mucho. Creo que ha visitado Francia, Italia, Suiza, Alemania…
Los viajes dejan su impronta y su distinción, pero quizás que todos los que viajan no son así. Es la persona y el viaje quizás. Tratar con gente, sí, ver países curten lo suyo. Es algo así como la pátina del tiempo en libros y otros objetos: dan valor y los recubren de vejez, que los demás aprecian.
Ellos no lo ven, quizás, pero los otros sí lo admiran. El trato con personas de otras latitudes y los paisajes variopintos de alejadas tierras se funden con uno, se amalgaman. Sole sabe estar. Su mirada es inteligente y habla desde arriba con toda clase de gentes.
Yo admiro a estas mujeres que saben agradar. Nos conocimos en el Colegio de San Andrés de Murcia hace tres años. Luego hemos ido juntos a Andorra, a Salou y a otras ciudades. Siempre la veo igual: alegre, jovial, agradable.
Lo que digo: es esta clase de personas que saben estar con todos, porque les hace sentirse cómodos con ella.
Francisco Tomás Ortuño
22 septiembre 1984.- Sábado espléndido. La noticia me la dieron temprano: al hermano del practicante le han pegado un tiro en la puerta de su casa. Trágico. ¿Cómo ocurren estas cosas en Jumilla? Se oye decir en la tele o se lee en los periódicos y uno piensa que eso no es posible que ocurra de verdad.
“Cosas de películas”, decimos, pero que te digan que ha pasado aquí, esta mañana, a una persona que conoces, parece imposible. La vida se ha complicado mucho. El oeste americano con pistoleros y peleas parecen nuestros pueblos. Una pena.
Dicen que el individuo esperó algún tiempo a que saliera para dispararle a bocajarro. Luego se entregó a la policía sin resistencia. Obró con pleno conocimiento de lo que hacía. Como digo la vida hoy es difícil. Las situaciones violentas se repiten.
¿De quién es la culpa? De todos y de nadie. Es la sociedad complicada, los múltiples problemas sociales, el paro, los hijos, las tensiones, las relaciones humanas cada vez más encontradas y tensas… Todo contribuye a que estas situaciones se den.
Una víctima más de nuestra sociedad, una familia más destrozada. Los gobiernos, a veces, provocan situaciones desesperadas, situaciones límite, enfrentamientos y homicidios como el de hoy. “Yo no te pago”. “Pues te llevo a los tribunales”. “Pues me da igual”.
Y el hombre se ciega y mata. ¿Quién tuvo la culpa? ¡Qué difícil saberlo! Las pasiones son malas. La razón se pierde, el hecho consumado acusa de homicidio a quien dispara… pero habría que ir más lejos para saber las causas profundas del delito. No disculpo al homicida, pero siento por él lástima.
LUIS GREGORIO:
La casa de Luis Gregorio en Santa Ana es totalmente un palacio castellano en el hospicio de siempre, donde pernoctaban los peregrinos que venían al santuario. Ha devenido una casa sobria de mobiliario, pero distinguida y confortable, zaguán amplio, escaleras suntuosas, bancos antiguos, puertas pequeñas en las habitaciones, y objetos antiguos en anaqueles y hornacinas.
Tiene sabor viejo en obra nueva. Ha sabido Luis conservar el tipismo del hospicio secular en una mansión moderna y elegante. Sole, Pascuala y yo hemos subido al convento. Antes de entrar hemos visitado esta preciosa mansión, que parece un palacio medieval.
Sole ha quedado encantada de la visita, tanto por la belleza y sobriedad de la casa como por la amable acogida de su dueño. Una vez más, hemos visto el Convento, siempre con el mismo recogimiento franciscano. Tiempo detenido en sus muros pétreos y en sus celdas silenciosas.
El Pozo del patio, con soportales en torno; el Huerto, bien cuidado por los frailes; la Biblioteca, repleta de libros viejos; el Museo, con reliquias precolombinas y tierras de la misma Jerusalén; el Refectorio, donde se cuenta que se apareció Jesús a los frailes.
La vida del franciscano es sencillamente angelical. No se explica que unos hombres apartados de todo vivan allí sin la ayuda providencial de Dios. ¡Qué alegría en sus rostros, qué serenidad de espíritu! ¡Es contagiosa esta inefable felicidad franciscana!
“Donde llega el asfalto, se pierde el recogimiento”, ha dicho el padre que nos acompañaba. Es un milagro el convento. Atentan hoy contra su vida los ruidos de motores, los gritos del mundanal, los provocativos fuegos forestales.
Han de cerrar, con fuerza inusitada, las rendijas de sus muros los cuatro frailes que custodian la centenaria mansión. Labor difícil para tan pocas fuerzas. De milagro califico su heroica resistencia. Milagro que este santuario permanezca altivo, firme, con los ataques conventuales.
De la paz del franciscano hemos hablado otras veces. Fray Cándido pasó sin ruido a otra vida mejor, haciendo bien a los demás. Fray Bienvenido, menudo y estudioso, también dejó su celda un día para reunirse con él en el cielo. Fray Pedro, cariñoso y bondadoso, fue tras ellos hace poco.
Quien comprende en su justa medida al franciscano puro, debe llevar su vida y su obra a la imitación de los hijos de Asís. Franciscano es renuncia y es amor, es pobreza y alegría Ah, la hermana Muerte, qué sencillez tan envidiable y maravillosa para quien puede comprender la grandeza de seres tan sublimes.
Francisco Tomás Ortuño.
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