Lágrimas de hombre.
19 Mayo 2925
Murcia, lunes, sin novedad por aquí, aunque sea un día nuevo, único en la vida. Pero tú me entiendes: quise decir “parecido al de ayer”, que nos hemos levantado, que hemos desayunado, que seguimos hablando, etc., etc., etc. Como otros días, te cuento cosas del pasado:
21 agosto 1985.- Los hijos de mi cuñado Joaquín subieron ayer con sus bicis a pasar unos días con nosotros. De pequeños, salir de casa es una aventura.
Como en pasadas ediciones, Pascual Jesús estuvo con ellos anoche en un banco de la terraza de cemento, mientras que los demás jugaban enfrente. Entre “los demás” cuento a todos los niños de esta colonia, incluyendo a Ana Belén, sobrina de Victorio Esteban.
Estas noches se recordarán siempre: Maríá Ángeles, con voz chillona, se la escuchaba sobre las demás. Miguel se reía estrepitosamente. Ángel “por lo bajinis” hacía de las suyas. Miguel Ángel, como un mayor, recriminaba a los que hacían trampa. Guillermo coreaba, como siempre, a su admirado Miguel…
Digo que estas noches no se olvidan, porque es una experiencia mía. Recuerdo, con claridad pasmosa, cuando jugábamos a su edad en nuestra puerta, bajo la luz tenue de una bombilla.
En una ocasión, un verano, a la casa de Juana la estanquera vinieron unos parientes forasteros. Entre ellos había una niña que se llamaba Aurora. Era algo mayor que nosotros.
Esta Aurora bailaba en su puerta con un traje largo de lunares, con volantes como de gitana o de artista de teatro. Todos los vecinos se acercaban y aplaudían. Formaban los mirones como un cuadrilátero bien nutrido de personas.
Yo entre ellos miraba con arrobo y cierta envidia a esta niña bailaora que se movía con gran desenvoltura. No he olvidado al paso de los años a esta Aurora, ni he vuelto nunca a saber de ella.
Por eso digo que estas noches no se olvidan ya en la vida, tienen una fuerza, un atractivo, y un encanto tan singular, que se guardan para siempre.
Hay un recuerdo en mí, relacionado con estas noches de niños que ha subsistido con el paso del tiempo. No sé los años que yo tendría, pero sí recuerdo que temprano me acostaron.
Tampoco sé si porque estaba enfermo o por otra circunstancia. Desde la cama, arriba, en la habitación que daba al patio, yo escuchaba con los ojos abiertos y un nudo en la garganta a los niños que jugaban en la calle.
Sus gritos y sus risas me herían profundamente. Es un recuerdo que no he podido olvidar. Por eso quisiera saber los años que tenía. El nudo en la garganta y las lágrimas que tuve que contener fueron, quizás, las primeras de hombre que he derramado.
Francisco Tomás Ortuño
PARA PENSAR:
¿Sabes cuál es mi parte favorita del juego? La oportunidad de jugar.
PARA REÍR:
-¿Cómo van los estudios de trompeta, Juan?
-Muy bien. Me han pagado una beca para terminar en Austria.
-¿Quién, el Gobierno?
-No, los vecinos.
¿OTRO?
-En mi casa me llaman interesado.
-¿Por qué?
- Si me das cinco euros te lo digo.
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