La gente no cose.

23 Agosto 2025 San Zaqueo de Jerusalén 235 – 130

   PARA PENSAR: Mal vestido está quien anda desnudo de virtud.

 

   Santana, viernes, llega Pascual Jesús tan a tiempo para abrir la puerta a los desatascadores solicitados por Lina a Maffre hace una semana.

   Con Francis, Ana Isabel, Pascual y el operario del Seguro, visto y no visto, mamá y yo oímos pronto desde el comedor: “Hasta la próxima”.

 

   Y como día de sorpresas, cuando tomaba mi segundo desayuno en la puerta de la cocina, vi que llegan Francis y Pascual, cogen a mamá sentada y la suben a la Ermita.

   -¿Qué vais a hacer?, les grito.

   -Vamos a reinaugurar “La Ermita”, que antes bajamos a la Virgen a que saludara a mamá, que la puso allí y le hizo una bonita ermita.  Ahora queremos que suba a inaugurarla de nuevo.

 

     25 septiembre 1984.- Mamá va a clases de máquina. Me explico: hace unos meses compramos una súper automática, marca Alfa, para coser y bordar. La casa enseña a manejarla en varias sesiones. Ayer estuvo por la tarde un par de horas. Lina fue con ella. Hoy ha vuelto.

   Pienso que el final del chisme será dormir el sueño de los justos. Cuando Lina sea mayor, y ese luego llegará, los tiempos no serán de máquinas de coser y Lina, con ilusión porque era de su madre la guardará en un lugar preferente de la casa.

   Más allá no llegará. “¿Qué hace aquí este trasto que no sirve para nada?”, dirán luego. Y la máquina de coser Alfa que hoy se estrena irá con mi Copa y otros objetos al cementerio de cosas inútiles.

   No van siendo ya tiempos de máquinas de coser. Yo recuerdo que mi madre por las tardes, y por las noches, sobre todo, usaba la suya, no tan elegante ni tan cómoda. Era pequeña, sin pie, que tenía que mover a mano.

   Luego llegó a tener otra con pie más grande más presuntuosa. Desde que murió Emilia, como única hija, todos pensábamos que la máquina sería para ella, por respeto a su memoria quizás, no ha vuelto a usarse.

   ¿Me enhebras la aguja, hijo? Decía, para terminar con el consabido “que Dios te conserve la vista”. De pequeños, cuánta ropa con remiendos: pantalones, camisas, calcetines… la máquina de coser era necesaria, hasta imprescindible.

   Las niñas aprendían a coser como hoy se aprende a escribir a máquina. Hasta aprendían a bordar. La ventana de Esperanza, mi vecina, por las tardes las jóvenes reían y cantaban sin cesar mientras que cosían y bordaban.

   Ahora son otros tiempos de usar y tirar. Nadie remienda. Y es lógico: vale más el tiempo y el trabajo que uno nuevo. Y me estoy refiriendo lo mismo a zapatos, a maquinillas de afeitar, que a muebles.

   Nadie recompone. Cuando no sirve una cosa se tira y santas pascuas. Se vive deprisa, se vive bien, diría que demasiado bien. Nos sobran cosas que tenemos. Los jóvenes creen que todo es poco y exigen sin contemplaciones.

   No han conocido otros tiempos. No saben lo que es vivir con menos cosas. Pero se vive con muchas superfluas. Volvería al terreno de la sobriedad: no a la miseria pero sí a lo justo.

 

   Vivir hoy exige tener más que nunca, para adquirir coches, casas, televisores, vídeos, de todo. Es difícil vivir porque necesitamos mucho. La sociedad de consumo. Queremos tenerlo todo y ello exige mucho dinero.

   Difícil vivir hoy, aun cuando se viva mejor que jamás de los jamases. ¿Quién no tiene hoy un televisor en color? Sé de quien pone los muebles de su casa aún nuevos en la puerta para que se lo lleven.

   Compran otros: un dormitorio que me gusta, un comedor que me va. Son tiempos de usar y tirar, de vivir bien, al día, de ahorrar poco, de gastar, de viajar, de comer bien. No son tiempos de máquinas de coser. las cosas se compran nuevas y se tiran las menos nuevas.

   La gente no cose. Lina, con sus 10 años, lo comprende así. Ayer acompañó a su madre, hoy no ha vuelto. La ola nueva la arrastra. Su madre quiere que aprenda a coser, a coger la aguja, a bordar, pero no se da cuenta de que el tiempo es fugaz y con él vuelan costumbres y modas.

   Lina es de ahora y de mañana; nosotros de ayer. La máquina es de nuestro tiempo y aunque cueste reconocerlo, murió con nuestra juventud. Querer arrastrarla contra viento y marea es locura. Cada época tiene sus necesidades y sus costumbres. No nos empecinemos en revivir lo que está condenado al olvido.

   Nuestra flamante máquina de coser será, eso sí, un objeto de adorno o una pieza de museo, pero nada más.

                                                                                              

Francisco Tomás Ortuño


 

   Fragmentos del “Libro de las Realidades”.

   - ¿Cuál es la esencia del anhelo sincero? Que no se desee nada de nadie.

   - ¿Cuál es la esencia de la sinceridad? Que la sinceridad de la lengua esté ligada a las sinceridades del interior.

   -¿Cuál es la esencia de la sobriedad? Vaciar el corazón de cualquier clase de necesidad que lo origine.

   - ¿Cuál es la esencia de la entrega? El secretísimo a la decisión del omnipotente.

                                                                                    

Francisco Tomás Ortuño

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