Leer el Quijote.
13 Agosto 2025 San Hipólito Del año: 225 días pasados por 140 sin pasar.
Santana, miércoles, sin novedad en casa -Ángel con Ana en Alemania; Ana hija. Pablo y Jaime en Santiago de Compostela haciendo “El Camino” , Isabel, que vuelve de Roma de ver al Papa León XIV, en el Jubileo de los jóvenes, Fran por Valencia con la novia, Laura en Perú con el suyo, etc, etc. Yo -92 a., 1 m., 15 d.- en Santana de Jumilla, paraje del Roalico, con con mi querida esposa Pascuala -88 a., 2m. 27 d.- y con mi inigualable hija Lina, que va y vuelve a Murcia de vez en cuando.
11 de septiembre 1984, las doce de la mañana y encamado. La primera vez que recuerde sin estar enfermo de quedarme en la cama. Un día encamado por gusto, tiene su encanto. Aquí oímos el inglés Ángel y yo, la lección ochenta, aquí tomé el desayuno y aquí oí las noticias -el actor Ismael Merlo ha muerto-, sigue la huelga de futbolistas, escuché música, leí y escribo ahora.
Desde aquí se sigue la marcha de los demás. En la casa, mamá va y viene, Francisco Amós que toca el órgano, Pascual Jesús va con su prima Isabel al pueblo en la moto, Miguel se cura la herida que se hizo ayer con la bici en el muslo izquierdo.
Lina oye música con sus amigas… Un discurrir tranquilo y alegre en una mañana sin sol y sin viento, una experiencia vivir una mañana en la cama siguiendo a los demás sin molestarlos. Ahora toca leer a Machado. ¿Ves? Si no es por el libro nuevo, esa lectura no había existido. Así ocurre en todo: un libro, una lectura, y quién sabe lo que de ella se derive luego.
Francisco Tomás Ortuño
12 de septiembre 1984, ¿qué nos reservará este día? Las noticias de la mañana hablan de un gran incendio en la isla de Gomera; de que sigue la huelga de los balompédicos; de viajes de ministros, etc.
Francisco Amós y Ángel Inocencio madrugaron para subir al picacho. No han vuelto todavía. Creo que se llevaron el almuerzo. Pascual Jesús sigue en posición horizontal. Miguel juega con el gato y Lina toma su leche.
Mamá, como siempre, en todas partes, Ayer bajé dos veces al pueblo: una con la moto a ver al abuelo; lo afeité y vi que su aspecto es saludable, que su cabeza razona, y que su ánimo es un tanto apocado.
La segunda para llevar a la yaya Isabel y a su nieta Isa, que lo ha pasado bien con su primo Pascual. No sé qué tiene Pascual Jesús que atrae tanto a sus primos. Digo que Isa lo ha pasado bien con él porque no ha habido otra cosa: su sombra vamos. Los de Joaquín cuando vienen, lo mismo. ¿Qué les das, hijo, para ganártelos de esa forma?
En uno de mis viajes al pueblo estuve con la tía Salvadora. Fue por la mañana y nuestro encuentro casual. Desde que leyó lo de su padre en la revista de feria, que tanto la afectara no nos habíamos visto.
¡Hola tía!
¡Hola sobrino!
Ya sé que se enfadó. Hablamos. Pronto estaba suave como un guante y casi invitándome a comer.
Es que lleva razón, tía. No debí escribir eso. Claro que mi intención era otra muy distinta. Yo solo quería hablar de personas importantes pero no para sacarlas en la revista ni menos en el orden que las han puesto.
Hay que ser políticos cuando tratamos con gente. Enfrentarse escribiendo nuestras razones como intocables, no es político. Chocar gritando, cuando las iras lanzan rayos por los ojos, no es político.
Yo aconsejaría tiempo a las discusiones. El tiempo apacigua los ánimos y hasta revuelve los asuntos sin palabras. En el caso de la tía Salvadora, lo he visto claro.
Anoche pusieron en la tele una comedia de Jardiel Poncela titulada ”Cuatro corazones con freno y marcha atrás” en homenaje al actor fallecido Ismael Merlos. Mira por donde, me recordó a mi moviola, cuentecillo que escribí ya hace algún tiempo para el periódico Servicio.
Un sabio inventa unas sales con las que el hombre no muere. Cinco personas estaban en el secreto, entre ellas Merlo. con lo que pasan del siglo viendo a los otros niños amigos envejecer y morir. Se cansan tanto de la vida que abominan del invento y quieren ser otra vez mortales.
Los demás luchan y triunfan viendo sus metas conseguidas, sus ilusiones realizadas. Sus hijos mayores quieren ser otra vez como todos y se rebelan contra el invento que los condenó a vivir por toda una eternidad.
Como había que darle solución, don Enrique la encuentra en otro mejunje que inventa el médico para ir perdiendo años y volver a la nada. Entretenida con las situaciones que se presentan a lo largo del guion. Merlo como siempre natural y expresivo actor sin esfuerzo.
¿Será verdad que la vida sería un fastidio? Es que está tan delicadamente bien hecha que hasta en la muerte hay perfección. ¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos que morir? ¿Lucharíamos por conseguir o terminar algo en el más aburrido de los hastíos?
Para mí la solución sería detener la marcha del tiempo a gusto del consumidor. Controlar nuestro tiempo a voluntad, como un cronómetro: aquí me detengo y aquí paso rápido.
Entre los libros que había en casa, prefiero con mucho un Quijote que me trajeran chalé hace algún tiempo. Es uno de los 100.000 ejemplares que lanzó la editorial Sopena de Barcelona en su cuarta edición especial para conmemorar el tercer centenario de la muerte de Cervantes.
Quiere esto decir que el libro es de 1916. La importancia para mí de este Quijote la tiene el hecho afectivo de recordar cuando éramos pequeños leer al abuelo sus capítulos junto al fuego en las noches de invierno. Tenemos otros Quijotes pero ninguno me recuerda como este al abuelo reír de las ocurrencias del ilustre manchego.
En casa no hubo más Quijotes que este, del cual me son familiares los dibujos, su tipo de letra y su tamaño. Y es que las cosas que vemos de pequeños se nos graban para siempre de una forma especial. Ahora ojeo el libro y me parece todo él parte de mí mismo.
Me transporta su lectura a aquellas noches alrededor de la mesa camilla, con el brazo de luz y el padre entre nosotros leyendo. ¿Cómo no lo voy a preferir si es que con él aparte sus historias vuelvo a la niñez?
Cómo me agradaría que al paso de los años este libro se conservará y pasara casa de uno de mis hijos, que se guardara entre sus cosas parte para mí de tanto aprecio y cariño. Espero que estas líneas se lean luego y se tengan en cuenta como voluntad anticipada que fue de su padre.
Francisco Tomás Ortuño
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