Miserias humanas.

 18 Agosto 2025 San Alberto Hurtado 230 – 135

   Santana, lunes, las ocho, hoy amanece con nosotros Ana Tomás Mochón y vendrá Francisco Amós unos días con nosotros. ¿Qué será, será? Sin novedad en casa, gracias a Dios. Solución: Mañana te lo explico:

 

   Continuación: Los curas son en los pueblos, directores de vidas o confesores de faltas. ¡Cuántos chismes, por decirlo de algún modo, tendrán que escuchar estas probas personas! Me imagino que, como los médicos, tendrán sus clientes asiduos, más o menos chiflados, con problemas de pacotilla.

   Yo me cambiaría una temporada por uno de estos curas, por saber de cerca de esas cuestiones hogareñas, que ellos solos conocerán. “¡Ya viene esta mujer otra vez!”, dirán los curas para sus adentros. “¿Le habrá pegado el marido?”.

   Los hijos darán temas, me figuro, para llevar al confesonario; y los celos, y las drogas, y las peleas derivadas del alcohol, y los padres ancianos, y la misma escuela… ¡Pobres curas! ¿Será posible que puedan soportar tal cúmulo de miserias humanas sin hundirse?

 

   Ser cura es ser consejero: Siempre ha asumido este papel de consejero. Si lleva un archivo -como los Médicos- de casos resueltos, sería curiosísimo meter las narices y leer preguntas, respuestas y resultados. 

   Porque en cada ficha deberá estar al final el resultado. Como el Médico: “Me duele el estómago”.  “Tómese estos polvos disueltos en agua antes de las comidas”. Caso resuelto favorablemente. O con resultado negativo.

   ¿Conocerán los curas el final de su prescripción? ¿Porque pienso que muchos pacientes terminan la visita con su porción de consejos en el cuerpo y sin saber si le fue bien o mal  lo prescrito?

   ¿O la no vuelta del paciente será caso bien resuelto? No siempre será así, porque hay  enfermos que van a varios médicos por saber si coinciden en la enfermedad … Pero de esto saben un rato largo los curas y saben que la mayoría de las enfermedades son imaginarias, y ellos, como lo saben, placebo va, placebo viene.

   Curioso el confesionario, pozo de chismes y de inmundicias, cloaca de suciedades o rincón de intimidades.

   El cura debe de ser inteligente y humano. Si no es lo primero, no podrá comprender a sus hermanos, que le piden consejo. Si no es lo segundo, puede echar por medio en cuestiones delicadas y enfrentar en vez de unir, romper en vez de reparar.

   El cura debe ser extraordinariamente conocedor del alma de la persona. Debe ser psicólogo nato. Si carece de esta facultad, se limitará a decir su misa y asperjar a los muertos. Y esto para mí es ser un cura de Tercera División.

                                                                                            

Francisco Tomás Ortuño

 

 

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