Enseñanza total.

 24 Octubre 2025   San Antonio María Claret

  Murcia, sábado, sin novedad familiar, gracias a Dios y a sus santos cuidadores. Te cuento de otros años hechos que ocurrieron:

 

   4 diciembre 1977.- Domingo, temprano. Silencio. Un silencio reconfortante. Ayer comimos en el chalé. Una gran fiesta. Fuimos con los padres. Hicimos lumbre en la puerta de la cocina, entre piedras que luego no estarán.

   Mañana empezará la máquina a quitar tierra de la entrada, para hacer cocheras, aljibes y terrazas. Se goza más con los proyectos que con los mismos hechos. Con el chalé gozamos ya. ¿Será porque el mañana siempre es incierto?

   Deseamos que Manuel siga la obra y Manuel amenaza con el paro. Por eso nos hace ilusión ver que los albañiles siguen otro día, y otro y otro. Ya se ha empezado el mes. Los pisos están a medio. ¿Vendrán mañana? Y así ya tiempo.

   ¿Financiación? Parece que la incógnita se despeja favorablemente. El padre otra vez nos  sacará de apuros. Digo otra vez porque será la quinta vez que nos ayudó: cuando compramos este chalé, cuando compramos el coche, cuando compramos el piso de Alicante, cuando compramos los manzanos.

   Siempre nos ha ayudado. No podremos pagar lo que ha hecho por nosotros. Sale Pascual Jesús, detrás Ángel Inocencio. Pascual Jesús coge un papel y escribe nombres. Serán los jugadores de su equipo. El fútbol lo saca de sus casillas.

 

   En España se preparan nuevos planes de estudio. Hay desconcierto. Me preocupa seriamente el desconcierto del Gobierno. No atina, no da en la diana. Conejillos de indias son los niños. Como padre me preocupa la situación.

   Como profesional también. Creo que el niño necesita de un Colegio grande, casi ciudades ad hoc donde se programen actividades de todo tipo. El niño debe conocerlo todo: música, lengua moderna, dibujo, prácticas de taller, mecánica… una gama de trabajos y de ciencias que abarquen prácticamente todos los saberes  del adulto.

   Ese niño, con igualdad de oportunidades, con igualdad de trato, llegaría a desarrollar sus aptitudes en inmejorables condiciones. Él mismo se inclinaría pronto por el campo de su  vocación.

  En estos macrocolegios, casi ciudades preparadas al efecto, cada niño conocería lo que se pretende que conozca como niño, con jardines para jugar y gimnasios para fortalecerse: Enseñanza completa, Enseñanza total.

   En la enseñanza media, propia de los Institutos, los alumnos dejarían ese amplio campo de actividades de la enseñanza básica para profundizar en algo más concreto: ciencias, letras, talleres, agricultura…

   Los que pasaran de la enseñanza media a la enseñanza superior, ya definidos sus gustos, sus deseos, sus preferencias, tendrían un objetivo perfectamente definido: hablar y escribir a la perfección un idioma extranjero, ser profesional del dibujo, conocer en profundidad las matemáticas, la literatura, etcétera, etcétera.

   Creo que la enseñanza no tiene otro horizonte posible: amplísima en la base, pero ir reduciéndola conforme se avanza. Grande en el primero pero elemental; con poca profundidad después; al final poco, pero con total intensidad.

   Lo que no se debe es dejar en la base al niño huérfano de parcelas en el conjunto de los saberes. Que no queden estériles terrenos que puedan ser productivos luego.  “De todo para todos”, sería la consigna en la enseñanza básica.

   Como en las carreras pedestres o ciclistas que salen muchos y llegan pocos al final. Pero que salgan todos, que haya enseñanza de todo para todos. Que el niño tenga la oportunidad de conocerlo todo. Él mismo se encargará de apartar lo que no sea para él.

   Tal vez este la felicidad en una ciencia o una actividad que se deja. No se da oportunidad de conocer y desarrollar un gran número de valores que poseía: un genio perdido, abortado, anulado, por no darle oportunidad de desarrollar sus facultades.

   A este genio en potencia para la música, p.e., le estamos dando quizás mecánica por los codos, a presión, contra su gusto y sus aptitudes, martirizándole y perdiendo un valor al mismo tiempo. Hay que dar a conocer de todo a todos. Así de sencillo.

   La base completa de saberes y menos pruebas, menos exámenes, menos fichas, menos expedientes. Cada uno, a quien nada importa más que su persona, irá seleccionando lo que es suyo, sin que nadie se lo diga. Su naturaleza le marcará sus pasos.

                                                                                                        

Francisco Tomás Ortuño

 

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