Murcia no me gusta, no me prueba.
25 Marzo 2025 Anunciación del Señor Año: 85 - 280
Murcia, martes, sin novedad en el alcázar. Te cuento de mi Diario:
29 de octubre 1984.- Lunes .7:30 de la mañana. Las campanas de la Iglesia llaman a Misa. Francisco Amós acaba de salir con sus libros. Ángel y yo hemos escuchado “our twenty five lesson” de inglés. Los lunes estrenamos lección para toda la semana.
Lina abre la puerta y pregunta por la mamá. ¡Ay, la mamá me preocupa! Está otra vez débil y llora sin saber por qué llora. ¿O si lo sabe? Es su instinto de madre, que le advierte que está perdiendo un poco a los hijos.
Anoche, cuando todos dormían, gemía bajo las mantas. “Murcia no me gusta, no me prueba”, decía entre suspiros. “Desde que vinimos, estoy mal, no quiero seguir aquí”. Yo pienso que no es Murcia, sino lo que está ocurriendo últimamente.
Los hijos crecen y se le escapan; y ese tirón le duele. El año pasado tuvo una crisis parecida con Pascual Jesús. Los motivos no eran otros. Era que Pascual Jesús salía mucho y volvía tarde. No se acordaba de volver a casa y ella pensaba que se le iba, que se escapaba, que se lo robaban.
Este año, por idéntico motivo, le ha tocado a Francisco Amós, y luego será otro. Las madres son absorbentes. no soportan la separación de los hijos. Y es lo que está ocurriendo a mi mujer. “Murcia no me gusta”. Claro que no. ¿Cómo le va a gustar si es aquí donde sus hijos han iniciado el despegue?
Si siguieras en Jumilla y ellos fueran con amigos a la discoteca, sufrirías lo mismo. Si les diera por beber, por fumar, o salieran con amigas, igual. Verías enemigos por todas partes. Esto es, que ves enemigos que te los roban; y dirías que Jumilla no te iba.
Le ha tocado a Murcia y crees que Murcia es la culpable, Pero no es así, es la edad de tus hijos que los lleva a ser como son. Es el desgarrón, es la vida, cruel a veces, pero la vida que tenemos, y que hemos de aceptar, nos guste o no nos guste.
Francisco Tomás Ortuño
30 octubre 1984.- Escribir se convierte en una grata necesidad. Cuando se llevan meses diciendo algo en unas hojas, como todo hábito, cuando llega ese momento se siente la necesidad de cumplir con esta obligación que nos hemos impuesto.
Si fuera salir al campo a correr, sería lo mismo; si fuera ir a misa, también. Levantarse temprano es uno de los mejores hábitos que se pueden tener a. A estas horas de la mañana se tiene la cabeza despejada y se hacen cosas que de otro modo quedarían sin hacer.
Ángel oye inglés a las siete y yo con él. Cuando terminemos el curso lo echaremos de menos. . Se ha convertido en otra dulce necesidad para nosotros. Escribir unos minutos sirve para decir algo, para cumplir con una obligación que nos hemos puesto.
Para sentirnos tranquilos por el deber cumplido, para salir después orgullosos a la calle, para sentirnos bien y sonreír, pare estar conformes con nosotros. Esta función. obligación que nos imponemos, es la satisfacción del deber cumplido, aunque parezca baladí.
Si yo saliera a la calle hoy sin haber escrito algo, sentiría conmigo la desazón de quien no ha cumplido con su deber. Tocan las campanas. Oigo ruidos por el comedor. Miguel ha encerrado a Lina en la terraza y no le abre.
Leí hace un rato de un libro nuevo de Alarcón y decía poco más o menos: “Hoy voy a contar lo sucedido a un hombre que vive todavía . Hoy no soy escritor sino amanuense. Para Alarcón, según lo que precede, ser escritor es inventar. Estoy con él. Lo otro, decir lo que ocurre a tu alrededor es ser cronista, periodista, o simplemente historiadoro.
Yo quiero ser escritor, escribir sobre temas que me sugieran otros comentarios y espoleen mi imaginación. De aquí que el presente libro deba llamarse “Crónicas con estrambote”. Crónicas sobre sucesos reales ocurridos a mi alrededors. Los estrambotes, mi aportación personal, mis comentarios a dichos sucedidos.
Francisco Tomás Ortuño.
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