En picado hacia lo irremediable.
14 Enero 2025 San Potito 14 – 351
Murcia, martes, las nueve y sin cambios en casa. Te cuento de hace años:
25 julio 1980.- Día de Santiago, nueve de la mañana, con una niebla espesa que no deja ver la entrada del camping. Hemos tenido variedad estos días, meteorológicamente hablando: lluvia, viento, sol y ahora niebla.
Ayer oímos misa en Los Alcázares; luego fuimos a los Narejos. Francisco Amós y Pascual Jesús han encajado bien su primera salida de casa, lo cual nos alegra y enorgullece a los padres.
Observamos que nuestros hijos son normales y hombres en ciernes si nadie los malea. Su desarrollo será perfecto. Entran en la edad difícil del cambio en la pubertad, en ese túnel lleno de peligros, en que deberían ser muy valientes para cruzar sin contaminarse.
Difícil trance para los niños el de su adolescencia: sueños, amoríos, fabulaciones, tristezas, complejos, todo un mundo revuelto que es necesario superar. En este momento, los hijos necesitan más que nunca de los padres, de un amor profundo, de una amistad sin reservas.
Cuando el padre llega a ser el confidente del hijo, en quien este encuentra la verdad, se ha encontrado la solución a los grandes problemas del adolescente.
Francisco Tomás Ortuño.
26 julio 1980.- Día irrepetible en la historia de los siglos, día de sol radiante. Ayer, contra pronóstico, vinieron José María, J una, Lina, Leo, José Mari y Juan Francisco. Luego Pepa, Amos, L ina y Ana. Después Francisco Amós, Pascual Jesús, Paco Vicente Alfaro y su hermano Antonio. Veintiuno a la mesa, jornada feliz. Por la noche, ya solos Pascuala y yo, fuimos al bar.
La noche de Luna llena era espléndida. La gente bebía o hablaba junto a la piscina, alrededor de mesas anárquicamente distribuidas. Noche encantadora . Para mí había una sombra triste en medio de ese marco de ensueño.
Una nota punzante, hiriente, brutal: no ser como esos jóvenes que reían enfrente, no tener su edad. La edad que tiene por delante. La vida es triste porque su final es triste. Creo que lo he dicho en otras ocasiones.
Me obsesiona la idea. El final de la vida nos hace vivir con miedo cuando todo nos sonríe. Nos hace estar triste sin darnos cuenta. Es como una sombra que llevamos encima, que arrastramos, y nos obliga al tedio y al hastío.
Solo en fugaces momentos de olvido sonreírnos. Anoche con la vida joven por doquier, con tanta felicidad, tremenda ironía, resultaba en mi la triste realidad de mis años.
Veía que la edad de las personas, la vida en su conjunto, es como esos cohetes que pugnan por subir vigorosos unos segundos para convertirse pronto en un esfuerzo inútil por sobrevivir.
En las personas hay unos años, 20 o 30, de esplendorosa pujanza. Tras ellos, se cae en picado hacia lo irremediable.
27 julio 1980.- Domingo, terminando la tarde. Escribo en la puerta de la tienda. Ya solos, mientras que Lina juega a mi lado con su muñeca y mamá lee el Decamerón de Bocaccio, mientras que Ángel Inocencio juega con Miguel y vecinos como ellos a pillarse.
Anoche lo pasamos en Cartagena. Fuimos temprano, como a las cinco, a felicitar a Ana. Le llevamos unas zapatillas japonesas que compramos en Los Alcázares; también unos yoyos -pelotas con goma- y otras cosas de críos.
Hoy hemos venido todos a pasar aquí el día: Amós, Pepa, Pepe , Amós, Paco, Mariano, Encarna, y las nenas con ellos. Ha venido también Lola, amiga de ellos, una señora de edad, como de 70 abriles, con mucha gramática parda, que vive en una Residencia.
Por lo visto los visita con frecuencia e interviene con su experiencia en ciertos problemas familiares. ¿Que qué impresión me ha causado esta mujer? Pues te diré : me ha parecido una buena mujer, que ha pasado por todo.
Que sabe mucho, que chochea lo suyo, y que goza con Pepa y con Amós sabiéndose admirada. Bien, puede corresponder con nobleza a una familia que deposita en ella su confianza y la atiende con exquisita esplendidez.
Pero, ay, me temo que pronto dejarán de verse, de buscarse, de visitarse, porque es me parece una amistad de paso, de circunstancias, sin raíces.
Han estado con nosotros Francisco Amós, Pascual Jesús y sus dos amigos Alfaro . Se han bañado y han cenado aquí. luego los llevamos con el coche. Los altavoces anunciaban para la noche baile de disfraces.
Pascual Jesús quería quedarse; Francisco Amós no dudó en decir que debían irse. Encaja bien, como mayor,las situaciones buenas como las malas. Y hablaría largo y tendido de Mariano y de Encarna pero me están llamando.
Francisco Tomás Ortuño.
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