No quiero irme.
28 Julio 2025 San Nicanor 209 – 156
Santana, lunes, sin novedad en la casa. De mis recuerdos:
Te ofrezco otro libro. El 2.008 es el año de mi doctorado, como el de Lina, por lo que podía llamarse el libro “Dos doctores en casa”. Es el año igualmente en que cumplo 75 abriles, que daría para “Nada menos que 3/4 de un siglo de vida”. Es el año en que se sufre una crisis económica bestial en España, un año con más de cuatro millones de parados, que daría para “Una crisis fenomenal”. Es cuando Obama ocupa la Casa Blanca, “La gloria de un negro”, etc., etc.
Poner el título a un libro no es cosa fácil, ya que el mismo puede inducir a error. Con cierta maldad o picardía, se puede insinuar algo en él que llame poderosamente la atención y lleve a querer leerlo, aunque luego el lector no encuentre lo que buscaba.
Por ejemplo, si yo título el mío “Volver a nacer” puede intrigar a cualquiera; pero no sería justo ni honesto engañarle solo porque lo compre. Con mis “Crónicas” he buscado distraer a las dos partes, solo eso: al que escribe porque llena un espacio de su tiempo de forma amena y agradable, y al que la lee después, porque puede hallar en el libro noticias que le interesen, o simplemente que lo entretengan: “¿Qué ocurrió el 15 de noviembre?”, “¿Cuándo dejó la Casa Blanca el Presidente Bush?”, “¿Cuándo estuvo el Papa en Francia?”...
Francisco Tomás Ortuño
26 diciembre 2007: ¡NO, POR FAVOR”
Escribo en la casa santanera más solo que la una. Mamá y Lina se bajaron al pueblo a cumplir con sus deberes pascualinos. Los pocos afortunados del pasado día 22 seguirán flotando en una nube. Los demás pensarán en el 5 de enero.
Quiero decir que el mundo sigue donde mismo y con lo mismo de ayer: Soñar parece ser una constante de todos los tiempos para llevarnos distraídos.
Sigo en Murcia a las cinco de la tarde. Si esto lo pudiera leer el abuelo, solo el abuelo, que ayer hizo 23 años de su entierro, quedaría perplejo; y no digamos sus padres, cuando los viajes se hacían con mulas y carros.
“¿Será verdad que comenzó la carta en Jumilla y la sigue el Murcia el mismo día?”. Pues sí, ancestros míos, la vida avanza que es un primor en todos los terrenos. ¡Quién pudiera quedarse solo cien años más!
¿Qué son cien años? Y, sin embargo, prometen tanto que es una pena tener que abandonar el planeta, como lo sería una feria para niños. ¿Tú me entiendes? O como un ilusionista.
Ayer veíamos que unos Magos tenían al público embobado viendo convertir pañuelos de tela en palomas o sacando monedas de sus orejas. ¿Te imaginas que a un niño le hagan dejar la feria, cargada de ruedas, luces y música, para ir a dormir?
No, por favor, diría, déjame quedarme.
¿Y a ese otro que ve hacer aparecer o desaparecer las cosas por arte de magia, ¿cómo se quedaría si le obligas a salir del circo? Lo mismo me pasa a mí, como al niño de la feria o como al niño del teatro, que no me iría, que gritaría hasta desgañitarme para quedarme cien años más.
Hay aparatos que han revolucionado la cocina, decía yo ayer, que las casas de comidas acabarán imponiéndose, que será necesario agruparse en un salón muchas familias para que los sirvan y así ahorrar tiempo.
Pues ahora me entero que existen aparatos que cocinan solos; se ponen los ingredientes y él se encarga de hacer el resto.
Dicen que en Japón funciona un inodoro que toca música, ilumina la taza, extrae los olores y calienta los pies.
¿A dónde vamos a parar? Antes decían que algunos eran tan ingenuos o crédulos, por no tacharlos de tontos, que si les decían que pasaba un buey volando se lo creían. Ahora se tienen que creer eso y más.
Japón es el País de la alta tecnología, pero de allí salta a los demás países y lo mismo ves robots allí que aquí coches que pueden girar sobre su eje, o puertas que se abren solas.
No, no quiero irme, quiero saber en qué va a quedar todo esto.
Francisco Tomás Ortuño.
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