La paz.

22  Enero 2025   San Eutiquio

  Murcia, martes, día soleado, sin novedad. Te cuento de la niñez de mis hijos, que les gusta:

  El 9 de agosto 1980.- Domingo, primer día de feria en Jumilla. Francisco Amós y Pascual Jesús han pasado la noche casa de su yaya Isabel. Quieren disfrutar cada minuto.

   La ilusión forma parte de sus vidas. Ilusión por ver y por vivir caracteriza a los niños que son la madrugada del día. El parangón es claro: la vida de las personas, la vida de la humanidad, la vida de cada día, todo cuanto tiene un comienzo y un fin, un ciclo completo.

   Los niños son la madrugada, los niños son los tiempos primitivos de la humanidad:  En todos ellos hay algo en común: vitalidad. Y con vitalidad, la ilusión. El niño quiere conocerlo todo. Quisiera que no hubiera noche para no dormir. les falta tiempo para descubrir cosas nuevas.

   A Francisco Amós y a Pascual Jesús les ocurre esto: quieren vivir deprisa, intensamente. La feria tiene luces, ruidos, color, música, ritmo, ruedas, tumulto. Y todo ello les ilusiona, les hace vibrar. En la vida la ilusión es hermosa. Sin lución, no hay vida.

   En los viejos hay pocas ilusiones. La falta de ilusiones en los viejos se debe a su falta de vigor, de vitalidad. Nuestro organismo, nuestra sangre, marca la fuerza de nuestras ilusiones. Un niño enfermo puede crecer, por raro que parezca. Un viejo vigoroso puede estar pletórico, con ganas de vivir.

   No está en nosotros, y es triste, ilusionarnos. Está en él vigor de nuestra sangre, está en nuestra salud. Cuando observo a mis hijos que quieren ir a la feria, que corren tras la música, que sienten los cohetes y las ruedas feriales, palpo su vigor, su fuerza, su salud.

   Cuando siento desgana por las cosas, cuando siento tedio y hastío, cuando siento indiferencia y que nada me ilusiona, comprendo que algo no funciona en mí como debiera.

 

   Hemos bajado al pueblo: carrera de bicicletas, misa, la madre de Gaspar y de Jesús ha muerto. Esta tarde será su entierro. “La paz sea con vosotros”, dirá el cura. Y yo pienso: ¿Estará con nosotros la paz de Isabel que acaba de morir?

   ¿Qué es la paz? Creo que la paz puede entenderse de dos maneras: para con uno mismo y para con los demás. Para con nosotros, la paz es serenidad, tranquilidad, bienestar. Pero esta paz dimana de nuestro espíritu y cuando el espíritu logra la paz es cuando el cuerpo funciona bien.

   De aquí que la pase a la salud o mejor la paz brote de la salud. Un cuerpo sano produce la paz en las personas. O de otro modo: si nos duele el estómago o nos sentimos mal, no alcanzamos la paz.  ¿Estoy diciendo entonces que la salud es fuente de paz, de bondad, de felicidad?

   Lo que ocurre es que nuestro cuerpo es tan complicado, tan complejo, tan difícil, tan entreverado, que es casi imposible que funcione a la perfección. De aquí que nuestros estados de calma, de sosiego, de paz, sean rarísimos.

   Puede decirse yo no tengo paz y sin embargo estoy bien, no me duele nada. Yo a estos les contestaría que revisarán mejor la máquina. Tal vez un cable inadvertido está haciendo de las suyas. Este hilo suelto en el que no reparamos, pieza oxidada, tubo sucio del organismo o del cerebro que viene a ser lo mismo, nos produce ira, envidia, soberbia…

   Es decir nos aleja de la paz, del bienestar. Por otro lado, la paz para con los demás. Esta paz es el amor. Creo igualmente que no puede darse este modo de paz sí no la tenemos con nosotros. Para que yo sienta amor por los demás necesito antes sentirla conmigo. Si algo no funciona bien en mí la paz se pierde; y si no poseo la paz no puedo darla.

   Creo que la paz entre los hombres es una utopía, una falacia. Pero por desgracia no por culpa de los hombres sino porque la paz es algo que brota como el aroma de las flores, algo que surge que no tiene materia, que no puede no darse cuando hay salud.

   Cuando el organismo es perfecto, cuando la sincronía de su movimiento es total. Y esto es más difícil de lo que parece a simple vista sin duda. Puesto a elegir, cogería la salud entre todos los bienes, porque es la fuente de donde dimanan todos los demá.s

                                                                                                         Francisco Tomás Ortuño

  

      DIFERECIAS EN EL DEPORTE A LO LARGO DE LA HISTORIA:

     Ha existido una gran desigualdad de género también en el deporte profesional. El fútbol es el deporte más popular y uno de los más desiguales. Por ejemplo, La Copa Mundial femenina de fútbol se organizó por primera vez en 1.9 91  -61 años después del mundial-.

   El Balón de Oro, el mayor reconocimiento individual a un futbolista, existe desde 1956 y el Balón de Oro femenino se entregó por primera vez en 2019.  Gerber,  jugadora de las olimpiadas de Lyon hizo historia, al ser la primera mujer en recibirlo. Y la española Alexia Putellas fue galardonada consecutivamente en 2021 y 2022.

   Lo realmente memorable sería que las reglas de juego en el deporte fueran iguales para hombres y mujeres. Sin embargo, la realidad es que  las mujeres deportistas suelen tener sueldos más bajos, y menos patrocinadores.

   La condición de contrato y una presencia casi invisible en los medios de comunicación lamentablemente. Cuanto más popular es el deporte y más dinero mueve más desigualdades hay entre géneros.

                                                                                                              Francisco Tomás Ortuño

   SONRÍA:

   En una cena de amigos la madre dice a su hija de 6 años:

   -¿Te gustaría bendecir la mesa?

   La niña le responde: _-No sé qué decir mamá.

   -Di sencillamente lo que has oído decir a mamá,  sugiere la madre.

   -Entonces la niña sintiéndose más segura inclina su cabeza junto a sus manitas y dice:  Dios mío en qué momento se me ocurrió invitar a tanta gente a la cena.

                                                                                                                Francisco Tomás Ortuño

  ¿Otro?  

   Un sábado, el párroco fue a visitar a un feligrés que se encontraba enfermo, llamó a la puerta de la casa. Una vez, otra vez, y otra vez. Así hasta 10 veces. Pero no le abrieron. Tomó su tarjeta y escribió en ella: “No olvides leer Apocalipsis 3.20 “ y la dejó debajo de la puerta.  

   El lunes siguiente, al contar la colecta del domingo, el párroco encontró la tarjeta que había dejado el feligrés enfermo junto a la que él había escrito. El feligrés había añadido:  Lea por favor Géneiss  Y el párroco pensó:  “El feligrés había tenido mucho sentido de humor”.

                                                                                                            Francisco Tomás Ortuño.

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