La vida de otro modo.

11 Enero 2025    11 – 354   San Higinio

   Murcia, sábado, temprano  (8´26)  y sin novedad. Te contaré de atrás:

   16 julio 19 80.-  Festividad de la Virgen del Carmen.  Escribo a las cinco de la tarde, a unos metros de la playa, cerca de San Javier,  en  Los Alcázares, en el camping  Cartagonova.

   Hemos venido a despedir a Francisco Amós y a Pascual Jesús, que por primera vez van a estar desligados de nosotros en el campamento de los Narejos. Una experiencia que será interesante para todos y necesaria para ellos.

   Es su primer paso  en su  despegue familiar, en su emancipación, que iniciaron cuando aquello del cordón umbilical. Desde Murcia, a las 10, cuando los coches partieron con 200 big boys de  10 – 14  años, seguimos en busca de un alojamiento en zona de mar y de pinos como esta que hemos encontrado.

   ¿Cuántos días estaremos? Ocho o diez. Ya veremos. Por lo pronto hemos montado nuestra tienda a la perfección.  Hemos comido, hemos visto las 100 o 200 tiendas como la nuestra, hemos visto la playa, el supermercado, los servicios …

   Ahora estamos pensando ir a Cartagena y visitar a Pepa, Amos y sus hijos e invitarlos a venir un día con nosotros.  En fin, creo que pasaremos bien estos días, a ver si Lina hace kilos, que está como una lombriz; si Ángel Inocencio se tranquiliza, que está muy nervioso; si Miguel deja parar a su hermana, que  ni a sol  ni a sombra.

   Ángel se ha traído la jaula con los dos hánsters. Espera que críen para venderlos a sus amigos. Ángel sueña con los negocios. A ver si luego se dedica a comprar y vender. Espero que será negociante o profesor de Ciencias Naturales. Le chiflan los animales, las plantas, las rocas, coleccionar bichos.

   Yo nunca he visto afición más grande por los insectos que la suya. Es capaz de estar horas acostado siguiendo el movimiento de una hormiga. Luego saca sus propias conclusiones y cuenta lo que ha descubierto.

                                                                                                                             F rancisco Tomás Ortuño

   18 julio 1980.-  Siete de la mañana , en la tienda de campaña. Anteayer por la tarde fuimos a Cartagena y hubo tal tormenta de viento y de lluvia que nos quedamos a dormir allí.

   Ayer regresamos y vivimos nuestro primer día de playa y de camping . Esta noche hemos dormido en la tienda papá y mamá en una habitación; Ángel,  Miguel y Lina en la otra. Todo un récord de bien dormir.

   Proyectos para hoy: ir a Los Alcázares de compras.  Pienso en los abuelos, pienso en nosotros.  La vida cambia,  el camping es una prueba de ello. Los jóvenes viven de otro modo a como lo hicimos nosotros.

   ¿Mejor? ¿Peor? De otro modo. Es otra forma de comprender la vida, otra forma de hacer y de ser.  Yo quisiera tener ahora 10 años como mis hijos.  Vivir con ellos la aventura de los tiempos nuevos, vivir con ellos sus ilusiones y sus descubrimientos.

Este camping es fenomenal.  Ayer lo recorrimos.  Hay tiendas que son como casas con todas sus dependencias y comodidades.  Virguerías que diría mi amigo Andrés. Campos de tenis,  cafeterías, servicios, lavaderos,  oficinas de cambio…

   La gente lo pasa bien a su aire:  unos leen, otros pasean,  otros ven televisión, otros juegan,  otros van a la piscina, otros al mar.  Variedad de juegos se ven entre los campistas extranjeros y de todas las regiones españolas:  petanca, tenis, cartas, dominó…

   Es un arte vivir aquí  diferente a todo.  Pura democracia.  Con la tienda de campaña parece que todos se hacen iguales a los demás. Dentro del recinto hay unas normas comunes que hay que respetar,  elementales pero necesarias para convivir.

                                                                                                                          Francisco Tomás Ortuño

19 julio 1980 .-Sábado, temprano. ¿Las 7?  ¿ las 8? No sé ni me importa .  El tiempo no cuenta en el camping.  Aquí vale más decir “hora de levantarse“ “hora de bañarse” “ hora de comer” y en medio hacer lo que te plazca.

   Ayer fuimos a Los Alcázares. Es este un pueblo marinero,  grande,   que construye por doquier, que crece y se promociona:  playas con guijarros pero con aguas claras y limpias. La gente vive allí del mar y en el mar.

   Solo vimos gente yendo a la playa,  gente pescando o vendiendo flotadores. A mí me encantó el ambiente de Los Alcázares.  Vivir allí será delicioso.  V vivir en Los Alcázares debe ser vivir un eterno baño tranquilo en el mar Menor.  Para una jubilación ,  un lugar ideal.   

   A la vuelta a nuestro camping nos bañamos. Luego llegaron Amos, Pepa, Lina y Ana.  Les gustó el poblado original de tiendas de lona entre pinos y acacias.  Dijeron que volverían el domingo a pasar el día con nosotros.

                                                                                                                           Francisco Tomás Ortuño

 

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