Madeja de nervios dislocados.
9 Enero 2025 San Eulogio 9 – 356; Sol: 8´38 a 18´07; Luna: 13´54 a 05´22 (10)
Murcia, jueves, sin novedad en el alcázar. Te cuento de atrás:
10 julio 1980.- Ayer estuvo aquí Isabel Ferrer, Profesora del Instituto y amiga. Con ella vino su marido, Marcos González. Isabel es una mujer dulce, sencillamente encantadora. A Marcos le conocemos de toda la vida, de los tiempos de San Francisco que ya es decir.
Buen estudiante fue siempre Marcos, fuma tabaco rubio y va al Casino; juega si se tercia y discute de cualquier tema. ¿Sufre Marcos en su matrimonio? En estos matrimonios los papeles están un tanto dislocados.
Pienso que, en la vida del hogar, de un modo u otro, puede estallar alguna tormenta. Marcos ayer hablaba, quería dar la impresión de que en la pareja el hombre es él, de que a la hora de decidir él es quién lo hace.
Marcos dijo que era más feliz que nadie y nombró a su amigo Juan iguel, compañero suyo de San Francisco, que es ingeniero. Es el caso típico del hombre que no ha alcanzado su meta personal y se proyecta en el amigo.
No he dicho que Marcos es Aministrativo en el Instituto, donde la señora es Catedrática. Dijo Isabel que el hombre de Jumilla es cómodo, poco luchador y conformista. ¿Lo dijo por su marido?
Ello revela que el problema está latente a flor de piel, que el hombre profesionalmente, socialmente, esté por debajo de su mujer no se tolera sin resentimiento.
Seguro que estos hombres envejecen pronto o se dan al juego y a la bebida; seguro que estos hombres por dentro son una madeja de nervios dislocados.
Francisco Tomás Ortuño
11 julio 1980.- Se me ocurre que en el mundo hay problemas porque queremos. Sería fácil darles solución. En realidad, los problemas son humanos y para los humanos. No me imagino un mundo sin hombres con problemas.
Los problemas surgen con nosotros. A nosotros toca, pues, resolverlos. Yo no sabría decir de dónde arranca la política. Quizás que desde los primeros hombres, de siempre habrán querido gobernar y gobernarse.
Y yo creo que sin política todos serían felices. Pero debe ser imposible, me imagino, una sociedad libre de ambiciones por gobernar. Y tropiezo con una sociedad encantada y encantadora.
Quiero creer que en la sociedad sobran todos los que ostentan cargos; cuántos de una u otra forma se encumbran para vivir de lo que producen los demás, de los que trabajan, de los que rinden.
La sociedad tiene un cáncer en la clase que gobierna, una lacra. que no deja vivir en paz a los demás. La guerra es una peste para los mortales, un azote. Esa plaga empieza en los hombres que viven de la política.
Allí empieza la podre de ciudades y naciones. ¿Será condición humana sufrir este cáncer de la política? Puede ser, porque el tema viene de siglos y milenios y la solución no se vislumbra.
¿La tendrá acaso? Un paraíso sería el planeta con hombres ocupados en educar a sus hijos dentro de las normas más elementales de la convivencia. Así todo está complicado y revuelto. Por todas partes nos topamos con problemas insolubles.
Había que volver a empezar a un estado primitivo ,de suma sencillez. Partir de cero para encontrar soluciones a nuestra convivencia social. Está visto que el camino que llevamos no conduce a ninguna parte ni medianamente aceptable.
Cuando empecé a escribir pensaba más en otro punto. Quería decir que a todos nos atañe por nuestro bien la solución a los problemas que comporta el vivir en sociedad. Una de estas soluciones que yo propondría para ensayar sería la de vivir en sociedad todas las personas.
Entiendo por vivir en sociedad vivir con lo necesario. ¿No existirá una fórmula para saber con cuánto podemos pasar? ¿Para medir el cuánto necesitamos? Creo que debía de probarse a vivir con lo justo, sin más ni menos. Tendríamos la paz ansiada.
Tengo para mí que no hay personas malas en el mundo. Las cárceles deberían desaparecer. Los hombres no son malos, sino enfermos. El que mata es un enfermo; el envidioso es un enfermo; el soberbio es un enfermo, lo mismo que el avaro y el lujurioso.
El hombre sano no es jamás homicida ni suicida. Quien mata es un enfermo. Hay enfermos por todas partes. Lugares para curar, sí; cárceles, no: Confundimos demasiado la maldad de las personas con su enfermedad.
Un enfermo no es responsable de sus actos. No me hables de personas con malas intenciones y peores hechos. Háblame más bien de enfermos. Tú, yo, nosotros, todos somos esclavos del mal humor que produce el dolor de estómago.
El dolor de muelas, el reuma, l a depresión, la tensión emocional, un susto,una noticia, el tiempo, la luna, el calor, una alergia, que sé yo. Pocos escapan a estados anormales del organismo para poder decir que están libres de enfermedad,
Somos pobres enfermos que podemos echarnos poco en cara unos a otros. La salud, ahí está el tema rey del mundo. El mal que vemos a nuestro alrededor tenemos que soportarlo como una consecuencia que se deriva del del mismo.
Francisco Tomás Ortuño
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