Encuestas.
28 Febrero 2025 San Román (Como un amigo mío, pero de apellido: Miguel Román)
Murcia, viernes, temprano y sin novedad en casa- Si no es novedad que anoche cenamos con Ángel, con Ana, y con sus hijas Ana Isabal y Laura.
Os cuento del siglo pasado, de cuando …
20 septiembre 1984 .- La fiesta de don Silvestre lleva a Francisco Amós de cabeza. Bueno, de cabeza es poco. Es que no para en casa. Anoche cenó en el Club; hoy ha comido en Mula. ¿Qué pensará, si es que piensa, Francisco Amós que son las Bodas de Plata de don Silvestre?
O, mejor, ¿qué pensamientos anidan en su cabeza? Francisco Amós en poco tiempo ha cambiado mucho. El tiempo dirá si es para bien o es para mal, si es una rosa o es un clavel. Si le hablas, no atiende; él va a lo suyo. ¿Y qué será lo suyo? Ah, ahí está el quid de la cuestión.
¿Quién sabe por dónde van los tiros? ¿Lo habrá él?
Yo creo que sí lo sabe. Que esté en lo cierto o no… Yo me inclino por que él lleva su plan de vida, y tiene la meta clara a donde quiere llegar. Pero es poco comunicativo. Francisco Amós tiene mucho de su madre, y su madre es así, poco comunicativa. Saben por dónde van, pero sin decir ni Pío a los demás.
Me recuerda esto que digo a mi primo Pepe, Guardia de Elche de la Sierra. Una noche cogieron a un loco de atar que se había escapado del manicomio. Hubo revuelo en el pueblo; la gente, asustada, se escondió en sus casas. “No salgas, está el loco suelto”.
A lo mejor era un pobre ser indefenso, inofensivo, más digno de lástima que de temores. Pero la gente es así: más que compasión en estos casos tiene miedo y huye. “Nene, que viene el loco”. Las calles quedaron solitarias. Pronto quedó reducido por los cuatro guardias del ayuntamiento.
Mi tío Jesús por estas fechas guardaba cama. Los cristales de sus gafas le agrandaban los ojos que parecían querer salirse de sus órbitas. Aquella noche mi tío estaba nervioso, no tanto por miedo como por curiosidad. “¿Qué sabes del loco?”, me preguntaba.
A quién pasaba por la puerta: “¿Han cogido al loco?”. La casa andaba revuelta: carreras y sustos, voces en voz baja, subir y bajar de escaleras. El dormitorio de mi tío Jesús -padre de Pepe el Guardia- estaba arriba. “Paco ven, por favor”. Cuando entré me miró con los ojos muy abiertos.
“Cuéntame lo que lo que sepas”, me dijo. En esto se oyen ruidos abajo y pasos precipitados. “¿Es el loco? Cierra la puerta”. “No es ningún loco, tío”, dije para tranquilizarlo. “¿Qué pasa entonces?”. Sus ojos eran redondos como circunferencias. Me miraban suplicantes.
Por la escalera sube Pepe el Guardia como una exhalación, de tres en tres peldaños. Pepe, Pepe, ven. Pepe entra en la habitación de su padre callado, misterioso, reservado, poco comunicativo. Su padre le implora con la vista: “¿Qué pasa con el loco, Pepe?”.
Mi tío mirá a Pepe, queriendo conocer lo sucedido. Momentos tensos, hasta que mi primo exclama: “Padre, el uniforme me impide comentar el hecho. No puedo decir nada a nadie. Lo que pasa como Guardia es secreto profesional”. Nos dejó atónitos.
Tras su discurso salió de nuevo de la habitación. Mi tío no reaccionaba. Por fin, tras un largo silencio mi tío exclama: “Este hijo se pasa, me parece a mí”. Bien está que no comente con otros lo que sabe, pero, hombre, conmigo, su padre, que no voy a decírselo a nadie… Quedó desconsolado: “Hombre, a mí, que soy tu padre, es distinto”.
Algo parecido me ocurre a mí con Francisco Amós. Sé que es reservado y tal pero deja vislumbrar tus intenciones a tus padres. No seas otro Guardia como mi primo de Elche de la Sierra.
UNA ENCUESTA:
Esta tarde ha venido una señorita a hacernos una encuesta. Las preguntas iban dirigidas al padre. que es como decir a mí. “¿Tiene alguna joya como las de esta relación?” “Sí, un anillo y unos gemelos”. Sobre estos objetos había luego más preguntas: “¿Cómo se adquirieron?”, “¿Las lleva siempre encima?, etcétera?
He atendido a la joven lo mejor que me ha sido posible, no por lo que pueda significar su trabajo en el mundo de las estadísticas; más bien por lo que pudiera significar para ella obtener un trabajo digno. Pensaba que se tomaría en serio su actividad y que terminaría luego mejor habiendo sabido obtener más datos que portándose con ella frío o descortés, como si hubiera sido una hija.
Le he hablado y he contestado a sus preguntas. Se ha marchado contenta de haber hecho bien su trabajo. Ahora pienso que en estos casos puede haber engaños disfrazados, porque pienso que detrás de ella podían venir otros amigos y asaltarme.
¿Quién me dice a mi que con los datos obtenidos de mis joyas -que han sido mínimas, por cierto- no pueda luego dar el golpe definitivo de todo a sabiendas de lo que va a encontrar? No sé, mi instinto, mi primer pronto, fue que venía con buenas intenciones y esa impresión vale lo suyo.
Si por sistema desconfiamos de todo el mundo, la vida se convierte en un infierno. Quisiera de verdad de la buena, que todos abriéramos, como yo hoy, las puertas a desconocidos y procuráramos llevarles un poco de felicidad.
Francisco Tomás Ortuño.
- Andrés, te veo muy preocupado.
- Vengo del médico y me ha dicho qu no fume, que no beba y que no coma las cosas que me gustan.
- Y ¿qué vas a hacer¿
- Lo lógico, Rodri, cambiar de médico.
- F. T. Ortuño
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