Hermana Huesitos.
4 Febrero 2025 San Juan de Brito Año: 35 – 330; Sol: de 8´21 a 18´37; Luna: de 11´24 a 1´57 de 5.
Murcia, martes. sin novedad. Te cuento de antes, que hicieron el hoy que tenemos:
7 de agosto 1984.- Quiero ser amigo de la muerte, la hermana muerte de los franciscanos. No solo no temerla, sino amarla, desearla. Es bella la muerte, un sueño, tan solo un cerrar los ojos, un descanso. Luego la sorpresa de vernos otra vez.
¿Quién no desea que llegue este hermoso trance? El fin de todo, el principio de la gran vida, Hay que familiarizarse con la muerte. Hay que desearla, soñar con ella, amarla como algo fascinante y maravilloso.
Hace unos días leí un libro del filósofo alemán Schopenhauer. Decía que la vida del hombre tiene cuerda para 100 años. Que si muere antes es porque algo no ha funcionado como debiera. Que el hombre está programado para un siglo de duración.
A esta edad el organismo se debilita, las funciones del cuerpo se apagan, y la vida como un soplo, se esfuma sin sentir, sin dolor. Sin estridencias, como un suspiro, la persona entonces quedaría con la palabra en los labios, sin terminar un movimiento iniciado, sin advertir la presencia de su fin terrenal.
Nuestro cuerpo es una máquina, pues, con cuerda para un siglo. Procuremos mimarla y no forzarla demasiado para que llegue hasta el fin. Y, por otra parte, aprendamos a querer a la hermana muerte, que vendrá, sin duda, por nosotros.
El padre hablaba ayer de la Fuente de las Perdices. Muchos recuerdos de su juventud. Lo triste es que por vez primera mezclaba hechos sin ton ni son, dejándome perplejo. “En un poyo dormía Emilia”. “¿Qué Emilia?”, pregunté asombrado. “Pues mi hija”.
“Emilia no vivió en la Fuente de las Perdices, padre. Querrá decir la tía Vicenta o la tía Pascuala. Hoy ha ocurrido algo también que tiene relación con lo anterior. Llenando las cántaras con Pascual Jesús en el aljibe, me ha preguntado: “¿Quién es este zagal?“ El hecho queda registrado.
Es una pena que las mentes se deterioren, Ánimo, padre, que aún le quedan 17 años para alcanzar la meta del filósofo alemán.
Esta mañana visitamos a María Dolores Abizanda en su casa de Jumilla. La casa es grande, amueblada con gusto. El balcón da al jardín del Rey don Pedro, hermosa vista desde un quinto piso. Retratos de Alejandro y Juana María por todas partes.
Recuerdo recientes de los padres, que ya hablan de jubilarse. María Dolores es una casa con goteras. ¡Qué sufrimiento ver la casa nueva, los hijos lozanos y saberse a punto de jubilarse, con dolores de cabeza y espóndiloartrosis galopante. C´est la vie, que diría un francés.
Pero, ¿quién se resigna a perder lo conseguido con ilusión. No debemos apegarnos demasiado a las cosas terrenales. Hay que hacerse amigo de la muerte. Ars longa, vita brevis, la vida pasa pronto, en un soplo.
Distraídos, formamos un hogar, criamos a unos hijos, nos hacemos de unos muebles que nos agradan, de un coche, de una casa en la playa o en el monte, y cuando te das cuenta la casa con goteras, la espóndiloartrosis, el aviso de que queda poco trayecto.
¡Si no puede ser! Pero si es ahora cuando iba a disfrutar lo que he logrado conseguir. C´est la vie! Triste epílogo a tanto esfuerzo. María Dolores me hizo pensar esta mañana cuánto dejo escrito. Ars longa, Vita brevis, que dijo Cicerón. La vida nos entretiene con ruidos de feria.
Los altavoces llevarán pronto música a María Dolores a través de sus ventanas en la feria de agosto, que se instala justamente allí, al lado de su casa. noches de júbilo para los jóvenes, ruidos de tómbolas, de ruedas, otro motivo más para sentir con angustia dolores en cervicales. De cabeza, de saberse a un paso de la jubilación.
La vida es cruel a veces. Se recrea ofreciendo situaciones tristes. Cuando todo está dispuesto para una borrachera de placer, sentimos con angustia que nos hemos quemado en los preparativos, que nos duele el estómago, que los dientes no no responden, que las fuerzas faltan.
C´est la vie, pero es triste. Hay que hacerse amigo de la hermana Huesitos y no apegarse demasiado a las cosas terrenales.
Francisco Tomás Ortuño.
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