Mariápolis.

14 Febrero 2025 San Cirilo  Año: 45 – 320; Sol: de 8´09 a 18´49; Luna: de 20´54 a 09´28  (15)

   Murcia, viernes, tranquilidad en las aulas. Con recuerdos de 41 años antes: ¿Un chiste para empezar?

   -¿Cómo te van los estudios de trompeta, Juan?

   -Muy bien. Me han pagado una beca para que los termine en Austria.

   -¿Quién, el Gobierno?

   -No, los vecinos.

 

      26 agosto 1984.- Domingo espléndido, de verano otra vez, silencio a mi alrededor. Los días pasan deprisa. A la vuelta de la esquina, el trabajo otra vez: Murcia, Colegio, reuniones. Si no ocurre nada, del martes en 15 días daré una vuelta por el Colegio. Veré a los compañeros y fijaremos una fecha para la Reunión de Claustro.

   Cada profesor debe ser responsable con su trabajo. Siendo así, se simplifican las cosas. Un Colegio no debe ser una obra de moros. Siendo profesionales y niños, cada cual en su parcela con lo suyo, no hay que hacer difícil lo que es fácil.

   Esto es lo que yo quisiera inculcar en la mente de los Profesores del Colegio como Director: no hagamos difícil lo fácil. En preescolar: Profesoras y niños a trabajar; en el cielo infantil, lo mismo. Programas sencillos, Niveles a cubrir. Objetivos a alcanzar. Explicaciones sencillas.

   Hacer amena la Escuela, hacer grata la estancia allí a los niños, ser amigos unos de otros, fuera caras hoscas y gestos desabridos. El Colegio va a abrir sus puertas pronto. Cientos de niños llenarán las aulas: unos por primera vez, otros como veteranos.

   Los Profesores esperan que el telón se alce para empezar la función. Habrá una reunión previa de Maestros para sintonizar, para conocer papeles específicos. Uno asumirá el de Secretario; otro el de Tesorero; otro el de Jefe de Estudios.

   Pocos cargos para no complicar las cosas. Sencillez en todo, esta es la clave. Si no, puede ocurrir que descuidemos lo principal -el niño, la enseñanza- y nos perdamos en cosas secundarias -reuniones, distribución de niños, de materias, de horarios… Sencillez. Maestro, niños y objetivos a lograr. Muchas explicaciones, sin perder de vista lo que se pretende.

   Si el niño no sabe a qué va la Escuela, malo; si el niño repite siempre lo mismo, machaconamente, sin ilusión ni motivaciones, malos también. Al niño hay que ilusionarlo y darle su trabajo a realizar.

   En primero q,ue el niño aprenda a leer, a escribir, a sumar y a restar. Aparte, muchas explicaciones elementales de todas las materias: geografía, ciencias, religión… Siempre a la   altura de los niños que hay delante.

   No complicarles la existencia con otras exigencias que no están a su alcance. Vamos a meternos en la cabeza, de una vez por todas, que la Escuela no es la Universidad. En la Escuela se debe aprender lo básico -educación general básica- y se debe aprender a aprender, a estudiar.

   Hay unos niveles mínimos que hay que alcanzar. Maestro, niños y unos niveles. Ahí está el trabajo de la clase. Conocimientos para transmitir, ideas a respetar, compañeros a querer, objetos a compartir. La Escuela debe ser eso: ejemplo de vida socia,l donde no caben palabras malsonantes ni gestos de pesimismo.

   El niño aprende a ser allí, y lo que ve es lo que hará luego. La Escuela debe simplificarse en todo y renovarse. El niño debe sentirse allí bien, feliz. El Maestro debe ser un amigo y un padrazo con todos. La Escuela debe ser un modelo de sociedad donde se vivan todas las virtudes y no se les adviertan los males que hay afuera.

   Sencillez, amor, alegría, enseñanza simplificada, ambiente grato, compañerismo. Sacudid, Maestros, ahora que empieza el Curso, vuestras tristezas, vuestros temores, vuestras desilusiones. quedad solo con las ansias de vivir que habéis de transmitir, con el optimismo que habéis de generar en los niños con el amor que habéis de llevar a sus almas.

                                                                                                               Francisco Tomás Ortuño


   27 de agosto 1984.- Lunes lluvioso, aunque suene a música celestial es así. Hoy amaneció lloviendo. No fue una lluvia torrencial pero hizo hablar del agua que tanta falta hace, y hasta salir después por caracoles.

   Pascual Jesús con Lina y María Elena buscaban por el barranco que da al puerto. Miguel y yo nos quedamos más cerca. Unas docenas para alegría de los que no salieron de casa. Me refiero a mamá que preparaba la comida. La poca lluvia nos aleja de la piscina.

   Nadie ha osado hablar de baño. Y es que con las cuatro gotas el frío se deja sentir de forma escandalosa. El cielo sigue encapotado y amenaza con más lluvia. Mejor que no lo hiciera ayer, porque los invitados se lo pasaron a lo grande en la piscina: Francisco Rubio, María Teresa Polo, Fernando, José Miguel y Silvia.

   Y Francisco y yo hasta fuimos a Coímbra y a la vuelta nos bañamos. Estuvimos todos en la iglesia de Santiago y oímos Misa -bajada de la Virgen a San Agustín-, de nuevo al chalé, cena larga y despedida sobre las oncee de la noche.

   Creo que lo pasamos todos bien. La familia Rubio procede de Aragón y somos vecinos en Murcia. Hace unos meses murió su hijo Carlos de accidente. Su madre, pobre, no habla ya de su Carlitos, que antes llevaba a un Colegio Especial.

   Son personas los señores Rubio cristianas y muy amables. Siempre que pueden hablan del movimiento de la Iglesia al que pertenecen. Ayer dijeron que han estado en Salamanca, en la Maríápolis de este año.

   La Mariápolis quiere ser una ciudad Mariana o concentración de personas de todo el mundo.  Llevan tiendas de campaña para dormir; otros lo hacen en residencias, hoteles o casas particulares. Tienen allí reuniones, trabajos en equipo, charlas, Misa, paseos…

   Creo que se va a Maríápolis con una intención muy clara: de vivir la fe unos días con otras personas o simplemente en busca de la paz que allí se respira. Como un mundo nuevo, distinto, debe ser una Mariápolis.

   Si los miembros de estas concentraciones aumentaran milagrosamente hasta alcanzar la totalidad del orbe, nos creeríamos transportados a un mundo paradisíaco, angelical. ¿Pero esto no es posible?. Pienso que sí, no todos, pero más de los que nos figuramos estarían.

   Hay muchas personas buenas que no dan la cara; se ven más las perversas. Si se fueran sumando todas las personas que no quieren el mal, todos los buenos, formarían un rebaño descomunal. ¿Por qué no se intenta? ¿Por qué no se sabe con números el fin del movimiento Mariano?

   ¿No es otro que reunir a los buenos, a los que piensan así? Hace falta despertar y correr a la llamada, acudir brincando de alegría, dejando ocupaciones y poltronas que nos retienen, es un intento serio de hacer balance y conocer el número con que se cuenta.

 

        María Teresa y Francisco, incapaces de hacer mal a nadie, son miembros del bando bueno.

    Cuando pueden nos invitan a ir con ellos a estas magnas asambleas. ¿No serán providenciales  estas personas? Ocurre a veces que no sabemos cómo pasan ciertas cosas. pero después vemos detrás la mano misteriosa de Dios.

   ¿Cómo ha sido o quién lo iba a decir? Francisco y María Teresa, pues muy bien ser medios que hacen cambiar el rumbo de unas vidas siempre que pueden, y hacen siempre por poder, hablan de su Maríapolis con timidez, otras con osadía. Es su insistencia una llamada, una invitación, el recordarnos que hay algo pendiente, nuestra respuesta afirmativa.

                                                                                                         Francisco Tomás Ortuño.

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