Mis 51, las cinco y un piquillo.
18 Febrero 025 Sta. Sadoch
Murcia, martes, sin novedad en casa. Te cuento de años, lustros, decenios, siglo y milenio de atrás:
2 septiembre 1984.- Domingo, día de sol, para disfrutar de monte y de piscina. Pascuala, como el flautista de Hamelin, salió temprano con Francisco Amós. Ángel, Juana María, Ana y otros a buscar “caras” por el monte. Una excursión que prepararon anoche, ya tarde, cuando cantaban en la puerta con postizas y guitarras.
Suben coches a Santa Ana. Parece que fuera la Romería. Y es que el día promete mucho. Oigo a Juan Andrés y a Fina que acaban de llegar. Vienen a pasar el día con su hermano.
MI RELOJ BIOLÓGICO;
Son las nueve de la mañana. Pero en mi vida son… a ver, a ver: de 7 de la mañana a 11 de la noche, hay 16 horas. La vida de una persona dura 80 años, á peu prés, que diría un francés. Mis 50 años corresponden a 10 de los del día.
80 es a 16 como 50 es a 10. Clarísimo. Ergo, desde las 7 que me levanté, cuento 10 horas y resulta que son las 5. Pues sí, en mi vida particular son las cinco de la tarde. El sol calienta poco ya a las cinco de la tarde.
La fuerza se pasó del mediodía; son horas las que quedan de salir a pasear y de tomar tranquilamente el fresco, sin sobresaltos, horas de esperar con calma el momento de acostarse.
En esta proporción de 16 horas del día y 80 años de vida, cada hora corresponde a 5 años. Mirándolo bien, yo he traspasado las cinco de la tarde, ya son en mi reloj biológico las 5 horas, 12 minutos. Seremos optimistas: ¡aún me quedan 5 horas y 48 minutos!
Puede ser interesante no perder de vista nuestra hora biológica, porque cada día es la vida real, la viva representación de una vida, de nuestra vida; y decir que las diez de la mañana es hablar de hora de trabajo. Hablar de las 13 es hablar de fuerza, de madurez, de vigor. Son los 30 de la persona.
En mis 51, me encuentro, como digo arriba, en las cinco y un piquillo. ¿Qué me sugiere esta hora? Pues que llevo un largo recorrido hecho, que el tiempo de la juventud quedó atrás, que el sol está a punto de esconderse, que es hora de recoger el fruto.
Las cinco de la tarde, con todo, es bella todavía: tienen un cierto calor que gratifica, es singular, para pensar lo que hemos hecho y lo que nos queda por hacer. Importante esta como las que restan, únicas, singulares, como todas en la historia de un día.
Si hacemos números resulta que una hora equivale a 5 años. 60 minutos igual a 60 meses. O lo que es lo mismo: cada minuto equivale a un año. El padre, con sus 83 años, ya cubrió con creces la etapa de su vida.
Pasar de las once de la noche, es estar fuera de la realidad, estar adormilado o dando cabezadas. Eso no les ocurre a los que brincan. Los de ochenta años no son ellos ya; se mantienen, pero no actúan con facultades responsables y lúcidas como antes.
SABIA FILOSOFÍA:
Sabia filosofía la de contentarse con lo que nos ocurra. Tendría que ser así. No solo esto, sino esperar con ilusión la sorpresa de cada momento. “Lo que tenga que ser será”.
Dos momentos de un mismo suceso: “Será como haya de ser” y “Tenía que ser así”. ¿Resignación? Creo que no. Es, mejor, saberse gobernado desde arriba por una fuerza sabia, y confiar siempre en ella. “A ver qué tengo reservado para hoy”. Y así siempre: esperar y aceptar lo bueno o lo malo que nos ocurra.
Francisco Tomás Ortuño
6 septiembre 1984.- Volvemos Francisco Amós y yo de Jumilla. Otra vez en este delicioso rincón. El padre, tranquilo, casa de José María. Juana dice que un poco alelado. Puede ser, pero también puede ser que lo haga, como el tío Jesús hacía con su sordera: “Yo digo que no oigo y así me entero de lo que dicen”.
El padre está perfectamente. Si parece un tontico es que lo sabe hacer bien para que lo atiendan mejor. El anciano tiene su psicología especial: quiere que se extremen con ellos las atenciones y cada cual se las ingenia a su manera para conseguirlo.
FRANCISCO AMÓS:
Francisco Amós está orgulloso porque lo han nombrado Secretario del Club Almenara. Algo es algo, que dijo aquel. Lo importante es que el cargo no sea una carga para lo que de verdad importa hoy: labrase el porvenir. ¡Jo, qué frase más pedante me ha salido!
En el coche de vuelta, Francisco Amós me ha dicho que quiere estudiar letras y no ciencias. Puede ser que le vayan mejor los estudios de historia, de filosofía, o de literatura, que los de física o matemáticas. El tiempo lo dirá. Me consta qué tiene facilidad para expresarse por escrito, y esto ya es una buena base para las letras. Pero también tiene diplomas de matemáticas como alumno distinguido.
Tanto en Murcia como aquí, la gente nos trata bien, demasiado bien, se deshace en cumplidos con nosotros. Me hace pensar esto que la gente es mejor de lo que pensamos. A veces hay más gente buena de lo que creemos. Pienso que es mejor decir que la gente es buena si no la hacemos nosotros ser mala.
Tratemos siempre a los demás con respeto, con amabilidad, y veremos resplandecer su bondad, su amabilidad a raudales.
ENVIDIA:
Anoche, en la tele, habló un señor de la envidia de los españoles. Dijo haber escrito un libro que titula “La envidia comparada” o algo así. Insiste en que los españoles somos envidiosos. que la envidia es la lepra nacional, o algo por el estilo.
Hay que pasar de la envidia, desconocerla, olvidarla. Nada mejor para apartar la envidia que sentirnos insignificantes. Uno despierta envidia cuando triunfa o logra cosas importantes. Pues, por nuestra parte, para no ser blanco de ojos envidiosos, cubramos con tupido velo nuestras virtudes o grandezas, rebajémonos, humillémonos,y así los otros nos admitirán con agrado.
Encuentro divertido hacernos menos a los demás de lo que somos realmente. Es decir, hacernos el tonto. Divertido, sí, porque se advierte pronto como las personas que te tratan se sienten importantes, se crecen y son felices. Es un juego sano.
Lo contrario te acarrea disgustos y vacíos en las personas más próximas o amigas. Prueba a ser ignorante y verás como te quieren, cómo te tratan y cómo haces felices a los demás. Me recuerda a un amigo en el colegio. Los compañeros le dan de lado, como vulgarmente se dice,
Y todo por su aire de superioridad, de suficiencia. “Yo soy licenciado”, se le oye decir a menudo. En las tarjetas figuran tres titulaciones de rango superior. Y esto cae gordo a cualquiera. Te has equivocado, amigo. Tu política no debe ser esa. Hay que ser sencillos como palomas, que dice el Evangelio.
Francisco Tomás Ortuño.
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