Olvidemos el asunto, no es para tanto.
9 Febrero 2025—Santa Apolonia
Murcia, domingo, sin novedad. Os cuento del milenio pasado, bueno del siglo pasado, bueno del dia:
18 agosto 1984.- Sábado. Hace unas horas, a la una de la madrugada, tomábamos café con turrones y pastas, casa de Antonio Valero. Vinieron a dormir aquí María de los Ángeles, María Elena y Javi, por eso de los muchos invitados.
Hemos bajado al pueblo Ángel y yo por provisiones y hemos vuelto cuatro: los susodichos más Pascual Jesús y Paco Cervantes, que han dormido casa de la yaya Isabel. Francisco Amós subirá más tarde con la moto. El piano le obliga a quedarse unas horas más.
A la vuelta observo con estupor que el abuelo no está en la casa. Amós ha venido de Cartagena y se lo ha llevado a comer en su casa. Luego volverán, esta tarde quizás, después de la fiesta de las carrozas.
Ángel juega con Lina, muy cerca de donde escribo, a “La isla del diablo” que compramos a Miguel. Pascual Jesús y Paco Cervantes parten tortas de gazpacho en la cocina. Miguel corre por el monte con Javi y con Guillermo. La piscina, como una invitación muda, aguarda que sea la hora de bañarse.
He hablado con el tío Roque sobre mí comentado artículo “Jumilla a mitad de siglo”. Me confirma que ha sentado mal en la familia lo que escribí sobre su suegro Ovidio. La mejor política es perder con el adversario. La inteligencia está para algo: Dale la razón y verás que dice: “Bueno, no es para tanto, la verdad es que no ha sido tuya la culpa”.
-“Si, es culpa mía por escribir cosas del tío; no debí nunca hacerlo”, continúas.
- En realidad, cuanto dices es cierto, -oyes que responde.
-Pido perdón a cuantos haya ofendido, -sigues tú.
Y para terminar escuchas asombrado, casi pidiendo disculpas: “Bien, no es para tanto. olvidemos el asunto”.
PLUMÍFEROS:
Los plumíferos deben cuidar mucho lo que escriben. Deben medir sus palabras con exquisito cuidado. Es delicado contener a un público heterogéneo. Me refiero al profesional del periodismo, que debe ser imparcial, objetivo y cosas así.
No hace mucho, el Gobierno regional de Murcia se vio vapuleado por unos periódicos. Costó el cargo, entre otros, al líder socialista Andrés Hernández Ros, Presidente de la Comunidad Autónoma.
¡Cuántas amenazas habría, cuántos intentos de soborno y formas de silenciarlos! Me imagino que estos informadores estarían acosados para que se olvidaran de que existían estos gerifaltes con sus empresas político-sociales.
El primo de mi mujer, García Martínez, Redactor Jefe de” La Verdad”, se ocupó en su día de “los sueldos de los políticos”. Y expuso al respetable, con pelos y señales, los ingresos de todos y cada uno de los gobernantes de turno. Me figuro que tendría lo mismo ofertas que amenazas para que callara.
Es tentador el tema que me ocupa. Digo antes, genéricamente “plumíferos”, a los que viven de la pluma. Pero sin duda que hay diferencias sustanciales entre ellos. Unos se limitan a escribir novelas; otros, obras de teatro, otros cuentos o poesías.
Para estos no existe ningún peligro de su integridad física: o venden o no venden libros. O se aceptan o no se aceptan sus obras. O consiguen o no consiguen premios en Concursos literarios. Ahí termina su historia.
Oros más atrevidos, más valientes quizás, buscan temas que fueron antes tabú: -religiosos, sociales, políticos- y atacan frontalmente las ideas que se llevan, que sustenta el poder, creando virulentas polvaredas en la sociedad.
Y, por fin, los que escriben diariamente en los periódicos, trayendo a los curiosos ciudadanos la noticia, los que más expuestos quedan a las ideas de los que se sienten o se creen atacados.
El periodista puro debe limitarse a exponer hechos, no a opinar sobre los mismos. Esto es blanco y esto es negro. Como el comentarista de un partido de fútbol. Lo que todos ven. No las consecuencias o los motivos a juicio personal, de que sea así.
“La casa tal se ha hundido”, y basta. “El rey ha recibido la visita de don fulano”. Pero no meterse a opinar sobre su conveniencia, ni a provocar actitudes. Los más, hoy, son un tanto tendenciosos y con su pluma inclinan a la opinión pública a que piensen de esta o de la otra manera.
A estos la vida se les pone difícil. Hoy hay pocos escrúpulos en hacerlos desaparecer del tablero de ajedrez, de la vida política, con artefactos o secuestros. Y ellos, los periodistas, conocen estos peligros y estos riegos de la profesión.
Francisco Tomás Ortuño.
¿LO SABÍAS?
El avestruz es el ave más grande del mundo. Puede medir hasta 2´7 metros de altura y pesar más de ciento cincuenta kilos. A pesar de su tamaño, es sorprendentemente rápido y correr a velocidades de hasta 70 km. por hora., lo que lo convierte en el ave más veloz de la tierra.
Los avestruces no pueden volar. Sus alas son demasiado pequeñas en proporción a su cuerpo, lo que les imposibilita volar, pero les sirve para mantenerse frescos abanicándose.
Los avestruces ponen los huevos más grandes de todas las aves con una cáscara gruesa. Un solo huevo de avestruz puede ser equivalente a dos docenas de huevos de gallina.
El pico del avestruz es muy poderoso y afilado. A veces lo utiliza para defenderte en situaciones de amenaza.
Los avestruces tienen un sistema digestivo especial que les permite digerir alimentos duros como piedras. Eso les ayuda a procesar su dieta, que consiste principalmente en plantas y ocasionalmente insectos.
Francisco Tomás Ortuño
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