Sería lo mejor.

20 Febrero 2025  San Serapión  Año: 51 – 314  Sol: 8´oi a 18´56  Luna: 2´01 a 11´23

   Murcia, jueves, como ayer, sin novedad en los cielos ni por casa, gracias a Dios. Te cuento cosas del ayer, que siguen teniendo actualidad hoy:

   8 septiembre 1984.- La lluvia de anoche fue de las que hacen época, de las que se recuerdan. Fue de poco tiempo, pero aparatosa y fuerte como pocas habíamos visto. Las casas de los vecinos no se veían. Una niebla espesa, una cortina de agua con granizo como avellanas, relámpagos y truenos, que retumbaban como cañonazos.

   Luego, la Rambla era como un río. Los caminos quedaron destrozados y algunas vallas rotas. Nuestro aljibe no recogió mucha agua ya que las rejillas se enlodaron y no dejaron pasar el líquido elemento. Otra experiencia a tener en cuenta para la próxima tormenta.

   Hoy el sol luce y el monte es como un jardín recién regado. Día para coger caracoles, pero que no hemos ido nadie por ellos. Pascual Jesús no está y los demás no han tenido ganas. Yo bajé al pueblo con Miguel por provisiones.

   EL ABUELO:

   El abuelo está bien, dentro de lo que cabe. Lo he afeitado y su cara es de un joven. Su aspecto es saludable, pero sus fuerzas no le acompañan: el brazo no llega a su boca, por lo que hay que darle la comida. Las piernas casi no lo sostienen, por lo que no anda apenas.

   Esto da idea del cuadro que ofrece hoy el abuelo. Si se ríe, llora. No controla los sentimientos. Su aspecto es un tanto bobalicón, como dijo Juana. Algo debe hacerlo, por eso que decía de que los viejos buscan la forma de que se les atienda, pero otro tanto, no sé calcular en qué porcentaje -tal vez un 50 %- es que se apaga su cerebro. Una pena si se da cuenta de su estado, que vaya si se da.

   Lorenzo ha estado a verlo. Lorenzo, consuegro de la tía Vicenta, cumple como amigo y como parte de familia. Lorenzo, viudo, con muchos años también, quiere distraerse yendo y viniendo, paseando o leyendo. Pero, al fin, se ve solo. Entre nietos, pero solo. Con sus hijos, pero solo.

   Le falta la mujer, que es como faltarle todo cuanto le proporcionaba verdadera compañía. Con su bastón anda mucho, pero no ir a ninguna parte es cansarse para nada. Otro caso el de Lorenzo, padre de Pedro y de Marcos, como tantos casos que se pierden en el anonimato.

   Y es que hay cosas sin solución. Una de ellas es la vejez, los achaques, el atardecer de la vida. ¿Residencias? ¿Hijos? Da lo mismo. La vejez no tiene cura. ¿Resignación?, ¿Fe?, ¿Conformismo? Es igual. El anciano no puede vivir. Se le acabó la cuerda.

 

     9 septiembre 1984.- Buen día para estar aquí, precioso día, espléndido. Bajamos a oír misa y volvimos pronto a comernos los suculentos gazpachos con caracoles. Ahora, en la siesta, cada cual, a su aire, se ocupa en lo que quiere.

    La Yaya lee en la terraza. Francisco Amós y Ángel arman el columpio. Pascual Jesús ve la tele. Miguel y Reina juegan al ping pong. Mamá en todas partes, y yo en un rincón de la casa escribiendo estas hojas.  El padre está como alelado. Su estado no me gusta nada.

   Dicen que Amós ha discutido con él. No me lo creo: ni el padre está para discutir, ni Amós discute con él. Amós está, como todos estamos, disgustados de ver al padre así, orinándose encima como un crío pequeño. Y su malhumor lo paga con quien se ponga delante.

     “Si se orina es porque quiere “, dicen que le dijo. Si habla así es por su disgusto. Sé que él se abrazaría al padre y le daba si pudiera vida de la suya. Nuestra desazón es manifiesta, por la impotencia de verlo resurgir con nuevos bríos y nuevas ilusiones.

   LLEGÓ DE MURCIA:

  Ayer, por fin, llegó Pascual Jesús de Murcia y trajo la papeleta de Música de Francisco Amós. “No llamé porque estaba suspenso”, dijo. Quedamos aturdidos. El lo esperaba: “Me puse nervioso y me equivoqué varias veces”. “Sería lo mejor”, le dije. Que sirva de lección en el futuro.

   Este suspenso, creo que el primero de su historia, le sirva para pensar que la vida no es un juego y que hay que trabajar fuerte, le dije. Que no se preocupara mucho, que no era ni el primero ni el último en suspender, pero que tampoco era para bailar de contento.

   UNA FIESTA:

   La fiesta de las Marías resultó bien. Bebidas y pastas casa de Antonio Valero, música y comedias. Juan quería ser gracioso y casi lo consigue. Juan me hizo pensar de nuevo que “cada cosa en su tiempo y uvas…”.

   DON JOSÉ RODRIGUEZ:

   Cuando estuve en Elche de la Sierra de maestro yo contaba 25 primaveras -las once de la mañana, hora biológica-, temprano todavía. Mi amigo y compañero -más compañero que amigo entonces- don José Rodríguez tenía 48 años.

   Don José me llevaba a su casa de campo, con buena piscina, donde merendábamos y nos bañábamos. Para mí, don José era un viejo, así de claro. Lo recuerdo perfectamente. Yo no comprendía que a su edad pensara en bodas y en noviazgos. A los 25 años se ven así las cosas.

    Ángel Ripoll:

   Cuando fui al Colegio de San Francisco había entre nosotros un compañero mayor. Era Ángel Ripoll. Los demás de primero teníamos 10 años y el 27. No quieras saber cómo se ven a los 10 años los 27 que tenía Ángel. El abuelo del curso. Nos costaba trabajo hablarle de tú.

   Y es que la distancia nos parecía abismal. Esto que me viene a la memoria es por lo de ayer. Juan quería hacer gracias a los pequeños y no podía. El fallo estaba en que Juan se veía como ellos y eso no era posible.

   Lección que hay que aprender para ir por la vida: no olvidar que cada uno tiene sus años y que los niños nos ven muy mayores y podemos fácilmente hacer el ridículo. Cada cosa en su tiempo.

                                                                                                            Francisco Tomás Ortuño.

   SONRÍA:

   -¿Tienes wifi?

   -Sí.

   -¿Me das la clave?

   -Tener dinero y pagarlo´.

   ¿Otro?

   -Papá, ¿qué está más lejos, la casa de la esquina o el pueblo vecino?

   -¿Qué alcanzas a ver, la casa o el pueblo?

   -La casa.

   -Pues eso, está más cerca la casa.

   -¿Qué está más lejos Cuenca o la Luna?

   -Vamos a ver, ¿tú ves desde aquí Cuenca?-

   ¿Otro?

   -Perdone, ¿es este el ascensor de subida?

   -No, he montado en otros mejores.

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