Sin novedad en casa.

11 febrero 2025 Ntra.Sra. de Lourdes   PIENSA: Cuando quieres algún gran propósito, la mente trasciende sus limitaciones y te muestra un mundo maravilloso.

   Murcia, martes, sin novedad en casa. Te cuento del siglo pasado:

   21 agosto 1984.- El domingo pasado subimos a Santa Ana a oír misa. Lina y Ángel se encontraron un gato pequeño, asustado, huidizo. Era un gato muy especial: tenía solo tres patas.  Daba pena verlo dar saltos ridículos, al no poder apoyar sus cuatro extremidades.

   No sabemos cómo perdió la pata trasera el minino, pero tuvo que ser algún coche que se la cercenó. Lina le ha puesto de nombre Gris por el color de su pelo. Muchas caricias para Gris hoy en la casa.

   Angel Inocencio le ha puesto una pata de palo con esparadrapo, pero el animal no se encuentra bien y solo quiere quitársela. A lo mejor luego se acostumbra y le sirve de muleta. La intención ha sido buena, aunque no quiera apoyar el muñón improvisado en el suelo.

   Linda, la perra, ya no le hace ni caso, pero al principio todo era ladrarle y asustarlo, sobre todo si lo acariciábamos delante de ella. Lo que nos dice que hasta los perros sienten celos. Porque está claro que lo de Linda eran celos.

   Linda es una perra casi inteligente. Le falta solo hablar para expresar lo que quiere: si vamos al pueblo, conoce la intención; si es la hora de dormir, baja sin rechistar a la cochera; si le mandas callar, se calla; por la mañana te da los buenos días con saltos de júbilo.

   Si te vas sin ella se queda inmóvil, orejas gachas, mirando el camino hasta que volvemos. Le falta hablar, como digo. Los perros son cariñosos y agradecidos, fieles al dueño hasta lo indecible. El gato, en cambio, no es del dueño, es de la casa. Pronto se hace a vivir en ella y conoce sus rincones.

   No comprendo cómo hay personas que maltratan a un animal. No sentir compasión por este gato es carecer de sentimientos. Arrastrar toda la vida su desgracia debe ser más duro de lo que parece.

   ¿Sería lo ideal vivir sin matar? Los animales son depredadores por naturaleza: el pez grande se come al chico; nacen para morir por otros más fuertes. El instinto de conservación es grande y unos mueren para que otros vivan. Quizás el fuerte está llamado a subsistir.

   La selección natural de la especie. Sí, la naturaleza y poco puede hacerse por cambiarla. Así tenemos que aceptarla. Pero de ahí a matar por matar, o hacer daño por hacer daño, media un abismo. El hombre que mata a un animal por placer, no por necesidad, se convierte en el más cruel de los animales.

   LA INTELIGENCIA:

   Dije en alguna parte que la inteligencia fue el enemigo número uno de la creación. Hasta que el hombre vino al mundo, la tierra era un paraíso. Con el hombre todo cambió. Fue la inteligencia, grave paradoja, la que provocó el caos más tremendo que cupo imaginar.

   Nada pudo descansar; una conmoción sobrevino en todos los terrenos. Los animales eran cazados y aniquilados; los árboles talados; y hasta la misma tierra en peligro de perecer a causa de  las bombas. ¿De dónde le viene al hombre este afán de matar por matar? ¿Será puro instinto?

   ¿Será consecuencia del pecado? ¿Será que su naturaleza lo lleva a hacer daño? Misterio. ¿Vamos abocados a la destrucción del planeta, o, por el contrario, llegaremos a ese amor que nos impida hacer daño a nadie? Son dos extremos opuestos: a veces creo que lo uno; a veces creo lo contrario.

                                                                                                                 Francisco Tomás Ortuño

   

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