Vendrán el domingo, padre. Y si quiere no se va.
17 Febrero 2925 San Gerardin 48 - 317
Murcia, lunes. Sin novedad. Te cuento:
31 agosto 1984.- Ayer estuve en Alicante. Un viaje con poca historia. Los inquilinos siguen allí. Con todo, confío en sus buenas intenciones de abandonar el piso.
En Alicante estuve con Antonio, con Santi, con Juanita, con la madre de Carmen. Antonio debía encontrar un trabajo con que llenar sus horas y realizarse como persona. No hacer nada a sus 26 años es injusto. “Se les pone mal genio”, dijo su madre. “Pero los padres no tienen la culpa”. dije yo.
EL PERIÓDICO “MARCA”:
A Pascual Jesús le traje un Marca. Yo sé cuánto le gusta este periódico. Lo leerá varias veces y se aprenderá de memoria los nombres de los jugadores, deportistas, árbitros, y directivos que allí figuran. Lo hago a conciencia.
Pascual Jesús nació para el deporte. Su inclinación por él es clara y manifiesta. Lo practica y sigue los tipos de torneos habidos y por haber. Creo que debo fomentar en él esta afición. Las personas deben definirse y cuando una pasión es manifiesta debe cultivarse.
Ser maestro, especialista, experto en algo, es importante. Podía ser con la música, con los minerales, con los insectos, o con la historia de Roma. Pascual Jesús, por pura afición, ha seguido por Radio, Televisión y Prensa, los Mundiales de fútbol.
La Liga, la Copa, la Recopa, y las competiciones que en el mundo son. Conoce a los jugadores de primera, de segunda y de tercera fila; a los campeones de todos los saltos; sigue los torneos de baloncesto, de voleibol, de fulbito o de tenis.
En suma, vive el deporte nacional e internacional con pasión. Esta afición, que nadie le ha impuesto, sino que le ha nacido, debe seguirla y alimentarla. No descuidar los libros. Seguir la marcha que piden los estudios. Si quieres, alcanzar el mínimo que las circunstancias exigen y gozar en el campo de la afición propia.
No veo ningún mal en que esta afición sea el deporte. Antes hubiera preferido, por ejemplo, la historia o el arte. ¿Por qué no el deporte? Aficionarse así por algo es agradable y sano. La apatía por todo es anormal en un joven. Ayer traje el Marca de Alicante y creo que seguiré comprando la revista. Ayudaré como pueda su afición.
Francisco Tomás Ortuño
1 septiembre 1984.- Doblamos la esquina con buenos augurios. Parece que la instalación del transformador en el Roalico es un hecho para celebrarlo. Jesús -vecino de abajo- nos llevó a su discoteca. Por la hora había poco público. Pero pudimos ver de cerca, con luces incluidas, la discoteca Lady por dentro.
Siendo jumillano de siempre, desconocemos ciertos rincones. Son las discotecas como otro mundo para los que ya pasamos de los 50. Aparte de que jamás hemos pisado un local de esta naturaleza: el local invita a beber, a fumar, y a lo que salga.
De día es de noche. Topos parecen las parejas que entran al local. Nosotros -8 personas- extraños o bichos raros para los que entran como a su propia casa. La vida ha cambiado: los jóvenes viven en su mundo sin grandes dificultades. Los mayores no aceptamos esa forma de vivir.
Por eso, creo que hay dos mundos hoy: el de los jóvenes y el de los mayores. Ambos se desconocen o no se comprenden. Pienso que los mayores envidian a los que no lo son tanto, por su vitalidad. Los jóvenes, sin embargo, no disfrutan a tope sus años mozos porque su porvenir es incierto.
No hay fiesta grande para nadie. Son luces las de la discoteca para deslumbrar, ilusiones de pacotilla, mentiras disfrazadas.
DE AMÓS:
Amós ha comido con nosotros. Un paseo para ver al padre. Su filosofía: “Gastar es una forma de dar”; me agrada y él es feliz obrando como lo hace. “Si veo que venden morcillas en el monte pienso en lo que van a disfrutar esas personas si las venden”.
“Si me tomo una cerveza y doy cien pesetas de propina al joven que me sirve”. Ambos no se privan de nada, no tanto por disfrutar de la cosa, como por dar dinero a otros. Sabía yo que Amós ha sido siempre bueno. Su filosofía lo demuestra.
EL ABUELO:
El abuelo está pachucho. Parece que se empeña en estar peor cada día. Quiere que se le cuide hasta el extremo, que se le dé la comida a mano como a los críos. Y es que los ancianos se vuelven críos y quieren que se esté con ellos siempre. No le ocurre nada más que eso: que exige atenciones que no necesita.
“Si le doy yo de comer parece usted un inválido del asilo”, le digo. “Pues eso soy: un inválido”, responde él. “No tanto”, digo yo. Decirle esto le consuela un poco. Ha pasado un mes bueno hasta ayer.
-¿Qué día es hoy? -31, viernes. -Entonces vendrán por mi esta tarde. -Vendrán el domingo, padre. Y si quiere no se va.
Francisco Tomás Ortuño.
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