Alumnos de prácticas.

2 Marzo 2025

   Murcia, domingo y lloviendo, pero sin novedad en la salud. Te contaré de aquellos tiempos:

   24 septiembre 1984.- 0n Santo que apenas se celebra. El Santo de Lina pasa sin pena ni gloria con ser tan importante en la familia. Llega el día y con las múltiples cosas que atender, lo recordamos cuando suena el teléfono. 

   Hoy ha pasado así, cuando han llamado de Cartagena a felicitar a Lina hemos caído en la cuenta. Puede ser que nosotros agrupamos los Santos de la casa en 2 días: San Francisco y San Pascual. El primero absorbe por su proximidad a los Santos de Miguel (29 de septiembre), de Lina (23 del mismo mes), de Ángel (2 de octubre) y de Francisco el cuatro.

   El segundo a los Pascuales en el mes de mayo. Será quizás que este año Lina celebró la fecha la fecha con las amigas en el Roalico. Por todo eso, tal vez, el día amaneció sin acordarnos de felicitar a nuestra hija.

   Empezamos la mañana con el viaje de regreso a Murcia. Dos días de chalé con doña Sole de invitada, se pasaron sin darnos cuenta. La misa de 12 en San Antolín ha sido solemne, con violines y tenores profesionales. Flores, flores y más flores a don Silvestre por sus Bodas de Plata sacerdotales.

   A las dos, comida, pantagruélica comida en el restaurante el Soto. Unas 100 personas en el lujoso comedor y 1500 pesetas el cubierto: ensalada, entremeses, pata de cordero, tarta helada, café, champán, cerveza, vino…

   En la presidencia estaban, con el homenajeado, su madre, un hermano, compañeros sacerdotes, el vicario, en representación del señor obispo, y algunas personas más. A los postres hubo entrega de Placa y obsequios de Peñas amigas:_Club Almenara, Padres de Alumnos del Colegio de San Andrés, Asociación de Vecinos del barrio, unas palabras de agradecimiento por parte del homenajeado y poco más.

   Francisco Amós ha leído en la solemne Misa de 12, con la iglesia hasta los topes.  Ha leído bien, tranquilo, sin nervios. ¡Qué importantes para mí un acto tan sencillo como leer en público! Muchos no aciertan a decir dos palabras, y menos si no es leyendo.

   Hace falta ejercicio. Por eso creo que es importante leer en público, como hoy Francisco Amós, para perder el miedo. Cuando se es mayor, las ventajas que se derivan de hablar sin miedo a la gente son muchas. Perder el miedo es importante.

   Hablar tranquilo delante de personas es un atributo de pocos. Recuerdo cuando a un paisano lo nombraron Presidente del Casino. En el acto de presentación se dirigió a los presentes y a las pocas palabras se cortó. La gente lo miraba preocupada por su largo silencio.

   Lo que hizo a continuación fue quizás lo más prudente, pero rayano en el ridículo. Sacó un papel del bolsillo y comenzó a leer, repitiendo las palabras que llevaba dichas. Hoy en la comida de homenaje a don Silvestre ha ocurrido lo mismo.

   Un señor ha dedicado una poesía en panocho al párroco de las bodas argentíferas. A medio se ha callado. Un silencio largo, preocupante, violento. La gente se miraba. Por fin sacó la chuleta del bolsillo, miró el verso travieso y continuó. Esto se ha repetido varias veces, lo que ha constituido un aliciente más a la poesía y un misericorde perdón al trovero panocho.

   En la Escuela, el niño debe hablar delante de los compañeros y participar en coloquios dirigidos por el Profesor. Hay que enseñar a hablar. Hay que enseñar a convencer, a dialogar, a dirigirse al público sin miedo. Cuántas veces el temor al ridículo deja sin decir algo que debiera decirse.

   En reuniones, algunos no abren la boca -la mayoría silenciosa- y no porque no tenga algo que decir sino por miedo. Un miedo cerval que les impide moverse y abrir la boca. Hay que enseñar desde pequeños a decir ante los demás sin preocupaciones necias los pensamientos.

  

   En el libro “¿Cómo ganar amigos?”, de Dale Carnegie, se cuenta que un médico fue con el equipo de fútbol a un homenaje o algo por el estilo, y le pidieron hablar y no pudo. El miedo se lo impidió. Luego pensó en lo sucedido y estudió la forma de vencer su timidez, llegando a destacar pronto como orador.

   Hay que hablar delante del público para perder el miedo. El niño en la escuela debe hablar delante de sus compañeros y admitir sus críticas. Debe aprender a dialogar y a exponer una idea con orden y confianza. Quien sabe discutir, aún sin tener razón, gana en las discusiones.

   Pascual Jesús ha ido al fútbol. Para él lo que se cuece en la Condomina es vital. Sigue ilusionado con el fútbol. Ayer jugó un partido de pretemporada. Pasa de muchas cosas, pero el deporte le apasiona. Bien por Pascual.

   Ël comprende que hay cosas más importantes que el balón. Le he dicho que no veo mal que vaya al fútbol, pero que no abandone los estudios. Si lo lleva todo como hasta ahora, que sueñe  con meter goles desde el centro del campo.

   Comprendo lo que gozará entrando al estadio repleto de banderas, de público y de música, viendo salir a los jugadores granas y viendo jugadas emocionantes. Yo, cuando era como él, sentía lo mismo.

   Ángel juega con Lina y con Pipi a formar palabras con el juegos que les regaló doña Sole. Lo pasan bien y se ríen sin complicaciones. Miguel está arriba en la terraza con sus amigos. Francisco Amós se fue al cine.

                                                                                                                 Francisco Tomás Ortuño.

   El campanazo:

   24 septiembre 1984.- A Serafina se le anticipa la fecha de jubilarse. ¿Qué piensa Serafina hoy? ¿Habrá encajado bien la noticia? Ha venido al Colegio una compañera, nombrada por la Dirección Provincial, “de Apoyo hasta Noviembre, en que ella se jubila”. Desde entonces, Serafina a casa y la nueva Profesora a ocupar su puesto.

   Por bien de los niños, les he propuesto a las dos adelantar el cambio que se habría de producir más tarde, y hemos acordado que sea el próximo lunes, día primero de octubre.  

   A Pepe Barceló la jubilación le asusta, me lo dijo el otro día. El tiempo, implacable, pasa como los granos de arena de un reloj. Distraídos no reparamos en la tragedia. Y cuando llega, cuando nos dicen que es la hora, cuando nos tocan la campana, un sobresalto nos conmueve.

   ¿A quién no le asusta la jubilación?  Y es que mientras que se trabaja no nos acordamos de ella.   Creemos que no va a llegar, que el tiempo está detenido, que eso de la jubilación no va con nosotros.

   Queremos engañarnos o escondernos para que no nos advierta. Pero todo es inútil. Cuando termina de caer ese pequeñísimo grano que marca el final, un campanazo a nuestro lado nos dice sin piedad: “¡La hora, fuera, hay que partir!”.

   La maestra sustituta llegó temprano. Serafina estaba con los niños cuando subí a decírselo.  El campanazo lo recibió con aparente calma. Ese aviso es de ella sola, solo de ella, como su vida. Habrá pensado mucho en él y he sido yo el encargado de propinárselo esta mañana.

   “No sé si la noticia que te voy a dar es buena o mala para ti”, le he dicho. Perdona, Serafina, son gajes del oficio. “Yo soy el instrumento de recordarte que la edad del cambio por la jubilación ha llegado para ti”, he seguido.

   He hablado con Salvador Ortiz, compañero nuestro: “¿Cómo te encuentras, Salvador?”. Y él me ha contestado que “encantado de la vida”. Eso quisiera que dijeras tú, Serafina, a la vuelta de unos meses, cuando el estruendo y la polvareda del campanazo inmisericorde hayan pasado, cuando las aguas vuelvan a discurrir serenas,

 

   Los Alumnos de Prácticas se han presentado hoy en el Colegio. Hemos hablado en mi despacho. Les he mostrado las clases. Se hicieron amigos pronto de los amables profesores, Luego volvimos a reunirnos. Estaban encantados del recibimiento. Hasta diciembre seguirán con nosotros.

                                                                                                                Francisco Tomás Ortuño.


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