Cada obra es como un nacimiento.

  30 Marzo 2025  San Segundo

     Murcia, lunes, las nueve nuevas, las ocho de hace unos días, sin novedad por aquí, que es lo importante. Te cuento cosas

     8 de noviembre 1984.- La visita a un Museo siempre es gratificante. Para mí todavía lo es más si se trata de un Museo de Bellas Artes. ¿Y cómo no?,  el colmo de los colmos sabiendo que Pascuala trabaja allí.

   Quiso ella que la acompañara. Es un lugar regio, majestuoso, importante. Suelos alfombrados, salas iluminadas, cuadros millonarios. En los Museos se respira de otro modo a como se hace fuera o en otro lugar.

   Allí se siente el arte aunque uno sea profano en asuntos pictóricos, en cuestiones artísticas. Fuimos a su estudio. Me pasó a una estancia contigua donde había colgados del techo cientos de cuadros por restaurar.

   El sistema de conservación es ingenioso y práctico: rieles paralelos permiten correr grandes láminas verticales de donde cuelgan los cuadros. Así, como hojas paralelas de de libros entran y salen fácilmente para ser observadas. ¡incontables, para estar viendo cuadros toda la vida!

   Los Museos, como este de Murcia, deben tener restauradores fijos. ¡Cómo es posible que se amontónen cientos y cientos de obras sin nadie que las atienda. Cada pintura requiere un tratamiento distinto: unas que se cuartean, otras que tiene un agujero, otras  que exigen limpieza, otras un buen barniz protector,  otras un retoque ligerísimo en determinado lugar.

   Un Museo pide la atención de personas que cuiden de las obras maestras que allí se guardan. Es obligación de autoridades y pueblo en general, velar por este patrimonio cultural que ha recibido.

   El Museo de Bellas Artes es como una Biblioteca. ¡Cuántas horas invertidas por maestros insignes en  las obras que se ofrecen! ¡Cuánto silencio que exige devoción y respeto por sus autores, es una Biblioteca!

   Cada libro es el amigo amable dispuesto a contarnos algo, a enseñarnos, sin nada a cambio, cuando a nosotros se nos antoje, cuando mejor nos venga. ”Ya me he cansado de ti”. Te cierro la boca y te dejo donde estabas”.

   Y él, agradecido siempre como perro faldero, nos sonríe y agradece la atención. Nunca discute. Nunca se enfada. Ofrece cuanto tiene y se acabó. silencio que se masca. Voces amigas recogidas. Maestros dispuestos a ofrecer su ciencia.

   En el Museo ocurre lo mismo: cada cuadro es como un libro. Nos dice del arte de su autor, de los inefables gozos del artista, nos habla de una época, de un estilo. Cada obra es, por decirlo de alguna manera,  como un nacimiento que se ofrece a ser contemplado, rogando que lo cuiden para servir a más personas de recreo.

  

   9 noviembre 1984.- Son casi las 8. Ángel et moi hemos escuchado nuestra cinta de inglés. Franciscó Amós se levantó a las 6. Miguel estudia en el comedor desde las 7. Lina está a su lado. Mamá ha salido de compras.  El día madruga menos, pero la casa sigue valiente su marcha.

   Ayer nos reunimos en el Colegio los componentes del Consejo de: padres, profesores, alumnos, conserje, alcalde de barrio. Muchas personas en la misma olla. Con todo, me agradó la reunión.

   En los Colegios debe existir este tipo de cóck-tail para hablar de temas relacionados con el Colegio. Se descarga la enorme responsabilidad que pesa sobre una sola persona, que es el Director. Yo así lo entiendo.

   En casos de necesidad por falta grave de disciplina, por no poder atender la matrícula de los niños, por deficiencias en las obras, por falta de material, etcétera, el Director reparte con los miembros del Consejo Escolar su trabajo,    Y más fuerza hacen quince que uno solo.  

   si se entiende bien la función de un grupo de personas semejante, labor positiva a la vista; si no se piensa más que en buscar minucias y pequeñeces para hablar por no callar malo.

   En la reunión de ayer hubo de todo, creo que en general más gloria que pena. Los padres se muestran a veces suspicaces y reticentes. Quieren saber, quieren que se cuente con ellos a la hora de programar actividades, que se les diga en que se invierte su dinero.

    Donde todo es transparente, y claro como agua de manantial, sobre ruedas va la cosa. No así en Centros donde los gritos llegan a muchos kilómetros, donde las peloteras salpican a los niños y a los inspectores y ministros.

   ¿Motivos? Que son algo así como una mezcla explosiva: se juntan,  y  izás¡  follones, palabras, iras, zapatazos e insultos.

                                                                                                                                


Francisco Tomás Ortuño.

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