Cada uno tiene una pepla.
29 Marzo 2025
Murcia, domingo, las ocho suenan en la iglesia (ayer serían las siete por el cambio de hora), sin novedad en casa y familia, merci Dieu. Te cuento de atrás:
6 noviembre 1984.- Martes fresco y húmedo. Murcia es propensa a gotas y artritismos. Hay mucha gente con dolores musculares y desgaste de huesos. De esqueletos averiados. Casas que se hunden.
Porque, dime tú, si se cae el armazón, ¿qué van a hacer las partes blandas? Es como si se llevan la escalera cuando estás subido en ella. Murcia es traidora con los huesos.” Me duele la columna”, se oye decir. “A mí las rodillas”. “A mí todo”.
Y es que Murcia es implacable: cuando la toma con uno, no lo deja ni a sol ni a sombra, ni en primavera ni en verano. “A ver si este verano se pasara”, quiere consolarse. Pero llega el verano y nada. “Es que está haciendo un tiempo muy variable”. Tampoco.
Es el invierno que ha sido fatal. El invierno y todos los días del año. Ay, Murcia, Murcia, eres como las mujeres: hermosa y sin entrañas; canto de sirena: atraes y pegas sin piedad.
Mi suegra está con nosotros -my mother in law- desde el domingo. La pobre está a punto de desplomarse. Sus piernas curvadas apenas la pueden sostener. Viene con la esperanza de que el médico la cure.
Antes vino ya a otro reumatólogo. Le mandó hacer ejercicios con una bicicleta de esas que no se mueven de donde está. Ni compró la bicicleta ni menos montó en ella. “A mí con bicicletas”, se decía. “¿Sabrá lo que se dice?”.
Cambiar es esperar el milagro en otra puerta. Ahora sí puede ser: ese médico dicen que es buenísimo, que hace milagros. Pero el milagro no llega. Los pies son cada vez más torpes, más lentos. Y el mal de huesos, como la carcoma en los muebles, sigue su proceso irreversible, su destrucción despiadada en la vida.
Todos tenemos un amigo fiel que nos lleva por el camino de la amargura. Cuando nos hacemos amigos los soportamos mejor que si nos declaramos enemigos. cada uno de nosotros tiene una pepla -que levante el dedo quien no tenga la suya-.
Lo importante es conocer a nuestro huésped y aceptarlo. Diría más: quererlo. Pero no de dientes afuera, sino de verdad, de corazón. Al fin y al cabo es un consuelo saber que siempre hay males peores.
¿No se busca ocupación para los jubilados? Aquí puede encontrarse: atender al huésped que mora en nosotros para el resto de la vida, hacernos amigos suyos y hasta quererlo.
La yaya tiene una artrosis galopante que se la come. Hoy irá a ver a un médico. Para ella unos minutos de esperanza. Luego pensará en otro del que le hablarán sin duda. Y querrá visitarlo también. Pero su enemigo, su inquilino particular, se la irá devorando.
Un día cualquiera, como en la tala de enormes árboles del bosque, se desplomará sin remedio.
Francisco Tomás Ortuño
7 noviembre 1984.- Yo casi no me lo creo. Vivimos unos días de tan radical cambio en la casa, que cuesta creer que nos haya ocurrido. Y que pueda seguir por mucho tiempo. Quiero ver la mano de la Providencia, amiga que nos juega esta faena cuando menos se esperaba.
Dios nos trata bien, lo he dicho antes y muchas veces. Que Pascuala esté colocada en el Museo de Bellas Artes de Murcia parece un sueño. No nos hemos hecho del todo a la idea. ¿No es providencial inscribirse en la Oficina de Empleo y que enseguida la llamen a trabajar? Pues lo parece.
¿No es providencial que necesitaran un restaurador para el Museo Arqueológico y la llamada a ella? Pues lo parece. Que se estabilice o no está por ver, pero la mano de un destino protector y amigo parece acompañarnos.
Lo importante es que Pascuala va a encontrarse en su elemento. En un Museo restaurando cuadros deteriorados. Un sueño, vamos. Cualquier mujer a sus años quiere hacer lo que no ha hecho antes. Necesita realizarse como persona, lograr unos objetivos propuestos quizás en su adolescencia.
A sus años cree que el tiempo se le agota, se le va, necesita correr. Algunas hacen locuras: viajan, se divorcian, luchan interiormente, hay de todo. Otros se conforman y sufren en silencio su desencanto. Las menos consiguen situarse felizmente, en su justo lugar y se realizan.
A este grupo puede pertenecer my wife con el Museo de Bellas Artes. Ese ambiente de trabajo, de silencio, de recogimiento, es el suyo. No sé si lo habrá advertido ella. Ayer fue el primer día, ¿o fue anteayer? Da lo mismo. Lo importante es que Pascuala sigue, no por lo que gane sino por ella.
Ha pasado un mes con “la depre”. Quiso hacer un curso de Cerámica. Su nuevo trabajo puede ser muy bien la panacea para sus nervios y para sus ocios. A mi vuelta a casa, a las 12 la yaya Isabel estaba sola.
“No puedo con este silencio”, ha dicho. No se da cuenta de que es el de la suma actividad. La casa sola dede la 9, cada cual en su quehacer, el ideal soñado. Y lo que es mejor: cada uno adaptado, acoplado, justo en su sitio.
¡Qué felicidad de silencio, ahora, cuando todos viven su vida intensamente! No, ella no piensa en esto, son egoístas los mayores y solo piensan en ellos. La casa alcanza hoy precisamente, cotas altísimas de dicha y de seguridad.
Todos ocupados, felizmente ocupados todos, cada cual en lo suyo. Enseguida la casa se llenará de voces y de ruidos. Vidas que llegan y se encuentran un instante para dispararse pronto de nuevo.
La noche llegará con su manto oscuro para traernos sueños felices. Una fábrica en pleno rodaje. Eso es hoy nuestra casa. Feliz silencio el de las doce del mediodía, mother in low.
Francisco Tomás Ortuño.
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