En la cama o en el armario.

13 Marzo 2025  San Macedonio  Año: 72-293  Sol: 7´29 a 19`30 Luna: 18´43 a 7´33  (14)

   Murcia, jueves, sin novedad en casa ni cercanías, pero muchas lluvias en otras provincias.

   Os cuento de vuestra juventud:

   13 octubre 1984.- En el chalé, día veraniego, sábado, silencio y quietud. Venimos del pueblo. Al padre le probaron una dentadura. Si en lugar de dientes le pusieran savia nueva, vigor y riego sanguíneo, si en vez de una dentadura  nueva le pusieran piernas jóvenes, otro gallo cantaría.

     Parcheo. Eso es, parcheo en una casa que se derrumba. Por más que el hombre se empecine, por más que quiera detener el curso de la vida, esta seguirá arrastrando vidas por delante. Somos máquinas que no escapamos a la acción corrosiva del tiempo.

   “¡Qué bien estás!”, se oye decir, cuando sería más exacto: “¡Cuántos años llevas encima!”. La edad es cruel, no perdona a nadie. Los dientes, la vista, el pelo, las fuerzas, nos avisan de que la edad joven se ha ido. Queremos piezas nuevas: dentadura, gafas, peluca, garrotas, y todo son placebos, apuntalamientos.

   Todo inútil: la marcha no cesa, el tiempo sigue, los años pasan. ¿Un corazón nuevo?, ¿Un pulmón?… Gaitas. Los años marcan la pauta. La máquina se desgasta, las energías se evaporan, el motor un día traquetea y…  se acabó.

   Al padre le van a poner dentadura nueva, pero el padre sabe que esto no remedia su problema. Yo también lo sé. Su casa tiene otras peanas que no se quitan con unos dientes postizos. Ocurre lo mismo que si a un barco que hace aguas por todas partes queremos pintarlo con colores más bonitos.

   Muy lindo se va a quedar, pero ¿qué se va a conseguir? Mi padre sonríe cuando se ve con la boca nueva, pero después se dice: ¿Para qué quiero los dientes si el estómago no funciona? Pobre padre, el tiempo sigue su curso: cada día, dos segundos.

   El padre llegó a su meta. Cruzó la raya de los 80. Consumió su tiempo y él lo sabe. Por eso ríe con tristeza cuando le ponen los dientes nuevos. “¿Para qué?”. seguro que se dice. Con todo, la medicina avanza y alivia los males cada vez más.

   Es como un servicio de albañilería, de fontanería, de electricidad super especializada. La casa, nuestro cuerpo, envejece. Llega un momento en que hay peligro de desplome. Acude el médico a poner remedio. Hay que mantenerlo a fuerza de lo que sea, hay que apuntalar:

   ¿La vista?: lentes para ver. ¿Dientes?: piezas de repuesto. ¿Sordera?: audífonos. ¿Calvicie?: trasplantes de cabello. ¿Arrugas?: cirugía estética. ¿Agotamiento?: inyecciones de calcio. ¿Amnesia? fosgluten. ¿Miembros Amputados?: ortopedia. ¿Pulmón que no va? Trasplante. ¿Riñón que no filtra?: al gato.

   Me recuerda aquel chiste de la mujer que en la noche de su boda, a solas con el marido se desprende un ojo postizo, que coloca en el armario; los dientes, que pone en el armario;  la peluca, que pone en el armario; una pierna, un brazo…

   El hombre, que sigue atento y asombrado el desguace, permanece de pie, inmóvil, sin articular palabra, hasta que su mujer le dice: “Juan, ¿que haces que no te acuestas?” y él le responde: “Es que no sé dónde hacerlo, si en la cama o en el armario”.

 

                                                                                                         Francisco Tomás Ortuño.

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