En las reuniones, el lucimiento.

5 Marzo 2025  San Teòfilo 

   Murcia, Miércoles de Ceniza, sin novedad. Te cuento de cuando erais jovenzuelos:

 

   28 septiembre 1984.- Tuvimos ayer en el Colegio una reunión con 1os padres de los alumnos de Sexto Curso. Reunión informal. Se trataba de una presentación. De que los nuevos Profesores don Joaquín y don Antonio tuvieran su primer contacto con los padres de sus alumnos y expusieran la marcha que iban a seguir en el Colegio.

   Don Antonio habló primero. Llevaba un guión de asuntos a tratar en un folio y un libro con citas para leer en su momento. Estaba un tanto nervioso, lo que suele pasar cuando uno quiere quedar bien. “Esta gente es de mi barrio, yo soy Antoñico para muchos, me van a conocer mejor”, pensaría, “¿qué os creeis vosotros?”.

   Don Antonio soltó un rollo largo y deshilvanado, que aguantamos todos con exceso de prudencia. Que si deberes para casa, sí; que no sabía de otro medio para que el niño adelantara; que si en el extranjero donde había ejercido tal y cual; que si los padres debían saber lo que hacen sus hijos en el aula… Salió del trance con más silencio que palmas.

   Con poco más, tocó el turno a don Joaquín.  Yo conozco a Joaquín, sé que estas situaciones no le asustan, tiene tablas y recursos para quedar bien. Con todo, tras la perorata de Antonio, temí por el un instante. Pero no, Joaquín es tranquilo y sabe estar, llega pronto a la gente, conecta enseguida, se gana a los padres.

   Y así fue: dijo que lo suyo eran las ciencias, pero no era partidario de deberes fuera del Colegio y que muchas cosas que podría decir estaban expuestas en su libro, próximo a publicarse. Si don Antonio se lució con el extranjero, Joaquín hizo lo propio con su libro. Quedó bien en una palabra.

   A mí me convence Joaquín como persona, como amigo y como profesional. Tiene tablas, y eso dice mucho de él. Se pasó después a las preguntas. Los padres no saben preguntar. Cada uno tiene sus ideas preconcebidas y no se sale de ellas.

   En las reuniones, esa parte de preguntas tiene casi siempre un denominador común: el lucimiento. Hay pocas personas que pregunten, porque les da miedo que los vean -respeto humano-, Temen al qué dirán, a hacer el ridículo. “¿Diré una tontería?” ¿Qué van a pensar de mí?”.

   A los atrevidos les gusta que los vean, ser centro de atención, ser escuchados. Se pavonean a sus anchas, pierden el miedo y el pudor. Y estos personajillos improvisados, gritan y provocan, encienden a las masas. Las reuniones son harto delicadas. Puedes muy bien ir por lana a ellas y salir trasquilado.

   Joaquín sabe mucho de Sociometría y sonríe con indulgencia -con inteligencia- cuando su compañero pierde reuniones con los padres. Estoy contigo Joaquín: si dos personas se entienden mal, ¿qué se puede esperar de 80 con sus cónyuges respectivos?

   Cada cual va como enemigo en potencia de los demás, Colegio, Profesores, dispuesto a saltar, y esto es un polvorín. no puede ser constructiva la reunión. Y hoy se vive con la obsesión de las reuniones y así nos luce el pelo.

 

   A los pocos días de empezar el Curso, vinieron a hablar conmigo unas diez o doce personas, padres todos de alumnos de don José.

   -¿Quién hace de portavoz?, le dije. ¿Que se les ofrece?

   Y allí estaba la persona exaltada, la que hablaría fuerte en cualquier reunión, quien había convencido a los demás para ir a hablar con el director. Los que le acompañaban eran la comparsa.

   “Queremos saber si nuestros hijos van a seguir todo el curso con don José”, exclamó casi gritando.

   Retuve la respuesta unos segundos. Lamentablemente para sus hijos, no, les dije, que se jubila este mes que viene. Don José es un Profesor extraordinario.

                                                                                                      Francisco Tomás Ortuño

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