Las víctimas del momento.
28 Marzo 2025 San Cástor 87 - 278
Murcia, viernes, temprano y como ayer, sin novedad en casa. Te cuento:
Sigo con lo que decía o pensaba por el año 84 del pasado siglo:
“Falta ética profesional, falta amor por la enseñanza: y si falta ilusión, la obra educativa se desploma. Nadie manda, nadie obedece, y “a río revuelto, ganancia de pescadores”, dice un proverbio. Y así nos va. Unos no saben, otros no quieren saber.
Hay miedo a que nos atraquen, a que nos roben. No hay seguridad en la propia casa, y menos en la calle o en el lugar de trabajo. La vida hoy es un torbellino de confusión total. Por todas partes crees que te van a salir atracadores.
Que viernes, día dos de noviembre, día de difuntos, sea puente en los centros de enseñanza, es indicio claro de lo que ocurre en la nación: nadie manda, nadie teme a nadie, nadie quiere trabajar.
Francisco Tomás Ortuño.
Leyendo lo que antecede, cualquiera pensaría que vivir así es poco menos que imposible. Pues, a pesar de ser cierto cuanto digo, se vive aquí como si nada ocurriera. La gente va a los toros, al fútbol, a los bares.
La gente sale a la calle, ríe, comenta, discute, va a los parques, toma el sol y duerme. No ocurre nada aquí. Todo va bien y todos son tan felices. Somos así. Con un poco de sol, un banco donde sentarnos, y poco más, somos dichosos.
No somos complicados los españoles. Somos como globos: con el estómago bien grande. Que matan, que maten; que roban, que roben; que se hunde el Mundo, que se hunda, bla, bla, bla; y a tomar una copa.
El bar es el lugar de la reconciliación. Discusión, copa de vino. Pronto se olvida. Se sustituye la polémica por el fútbol, todos de acuerdo y aquí no pasa nada. Es nuestra tierra de pocos alborotadores.
Creo que los pocos que figuran en las listas negras de Comisarías y Juzgados son a sueldo, de extranjeros. Somos tranquilos y amantes de vivir en paz. Lo demás no es nuestro. Es importado, foráneo.
Hay cuatro alborotadores que nos tienen soliviantados, nerviosos. Si se pudieran coger con red veríamos que son menos de los que creemos. Luego gozaríamos sin ellos de la verdadera esencia nacional: sol, fútbol, toros y no me compliques la existencia.
EL PUENTE:
El puente de hoy es para reflexionar. Tres de noviembre 1984 en Jumilla. Se habla demasiado de parejas de estudiantes, que tienen que casarse rápido, casi niños, sin concluir sus estudios. los padres pasan por la vergüenza de confesarlo a sus amigos.
Los jóvenes pasan de todo, y hasta de sentir rubor por lo ocurrido. Hay una especie de disculpa tácita para estos trances, casi un consentimiento social, descarado. Para mí es una situación creada por la democracia.
Los tiempos anteriores no daban estos frutos. En el cambio tiene que haber como lógica consecuencia, por la propia inmadurez del nuevo ente democrático, tropiezos, caídas, fracasos y aciertos. Vamos, de todo.
El paso de una sociedad reprimida a otra libre, abierta, emancipada, es de tal magnitud, de tal envergadura, que pasar de la una a la otra sin percances sería un milagro. En todos los órdenes: políticamente, económicamente, socialmente.
¿Qué ocurre en el campo religioso?, ¿qué en la educación?, ¿qué en la calle? En todas partes convulsiones sísmicas. En unos años, la vida ha cambiado de signo. Las personas con una capacidad tremenda de resistencia consiguen soportar, mal que bien, el cambio.
Se sienten -qué duda cabe- turbados, mareados, desconcertados, pero superan a trancas y barrancas cruzar de un extremo al opuesto la prueba a que se les ha sometido. Y es evidente y lógico que aquí y allá, con todo lo bien que lo estan superando, haya caídas y traspiés.
Estos matrimonios son la consecuencia del cambio a la libertad. La caída de jóvenes en su difícil aprendizaje a ser maduros sin presiones ni represiones. Sufrirán en su propia carne el error. les tocó a ellos como les pudo ocurrir a otros.
Tenemos que ampararlos entre todos, pues que el cambio les ha pegado a ellos sin culpa quizás, sin merecerlo. Es como si cruzamos un puente cientos de personas. Un puente que lleva al prado apetecido.
En el tumulto algunas personas caen. ¿La culpa? De todos y de nadie. Quizás sería mejor hablar de una situación inevitable y desgraciada. Es el cambio, es el tránsito, el paso que se cobra sus víctimas.
Yo así lo veo. Jamás se debe criticar, ni menos despreciar a estas personas. Necesitan comprensión y ayuda social. Son las víctimas del momento.
Francisco Tomás Ortuño.
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