Los dos rombos.
29 Marzo 2025 San Eustasio
Murcia, sábado, las ocho y sin novedad, gracias a Dios.
PALABRAS NUEVAS: El idioma evoluciona muy rápido, normalizando el uso de algunos terminos y haciendo desaparecer otros. los cambios se producen a un ritmo, pero hasta que no se considera suficientemente comunes, la Real Academia Española de la Lengua no los adopta como norma. Y así, poco a poco, la RAE va recogiendo terminos como:
MACRODATOS: conjuntos de datos que por su gran volumen requieren récnicas especiales de procesamiento.
PANDECOM; dicho de una empresa. Que lleva a cabo la mayor parte de su actividad económica en internet. Perteneciente o relativo a las empresas puntocom.
VIDEOJUGADOR: persona que juega a videojuegos, especialmente cuando lo hace de forma habitual.
COMERCIO ELECTRÓNICO: que se lleva a cabo a través de internet .
MINERÍA DE DATOS: proceso en el que se realizan grandes volúmenes de datos con el fin patrones que expliquen su comportamiento en un concepto determinado.
OBEDESCENCIA PROGRAMADA: hecho de establecer el final de la vida util de un producto desde el momento de su fabricación,
Te cuento de cuando no había nietos, p. ej.
4 de noviembre 1984.- Sábado y domingo en Santana. ¡Cómo nos gusta volver aquí! Mamá goza lo suyo el encuentro con sus matas. A mí me encanta mirar los pinos, la piscina, el entorno singular de nuestra casa. Vinieron con nosotros Lina y Ángel.
Por la noche, me quedé a ver una película en la tele. El título me atrajo: “Perros callejeros”. Efectivamente, no era para niños. Los dos rombos que se mostraban al comienzo de la peli lo indicaban.
Pero, ¡cuántos pequeños quedarían rezagados con sus padres viendo la película! “Como es sábado, podéis quedaros hasta más tarde”, dirían algunos. Otros ni eso. La película es fuerte. Muestra crudamente el mundo del AMPA juvenil y la miseria de los barrios bajos.
El Torete es un niño aún, 15 años, que se dedica con otros amiguetes, con su banda, a robar y a matar sin escrúpulos de ningún tipo, tirones de bolsos, robos de coches, atracos a bancos, huidas a tiros, repartos de botines, amancebamientos, de todo.
Hasta se hace simpático, porque en el fondo es bueno y no tiene culpa de ser como es. Es la sociedad la que le empuja a vivir en la miseria desde la cuna, ambiente hostil, sin padres ni recursos. El Torete no se merece, en fin, que lo castren porque se acueste una noche con una amiga, ni terminar como lo hace estrellándose con el coche robado de turno por un precipicio.
Perros callejeros hay muchos hoy. A mí me recordaba al Botijas, otro niño como él hasta en el físico, de poca suerte en la sociedad. Es un reto para los mayores resolver el problema de los perros callejeros, que son muchos y peligrosos pero hermanos desheredados de fortuna.
Un reformatorio o una cárcel no resuelven el problema. Hay que limpiar primero la sociedad y darles un ambiente sano, limpio, alegre, donde estás y medios para subsistir y trabajo para sentirse hombres y futuro a donde caminar. Un reto a los gobernantes, a todos en general.
Francisco Tomás Ortuño
5 noviembre1984 .- El sermón del cura ayer fue como hablar en el desierto, porque dijo que hay que cumplir con el precepto dominical a los que estábamos cumpliéndolo y a quienes debía dirigirse no estaban. Ergo, palabras al viento.
Yo dejaría los sermones en un diálogo abierto, familiar, humano, para expresarnos la alegría de estar juntos y poder ayudarnos. La palabra sermón ya dice bien claro que sabe a rollo como dicen los jóvenes, y que no procede hoy.
Yo quitaría el rollo del sermón y lo dejaría en otra cosa. Algo más cálido, más entrañable, para animarnos y alegrarnos de sentirnos allí, participando de la Eucaristía. Todo menos sermones.
Lo de ayer quiso ser distinto: nos explicó la intención del Señor Obispo de hacer llegar a los feligreses de la diócesis la inquietud por los problemas de la parroquia. ”O somos o no somos”, “O estamos con la iglesia o contra la iglesia”.
Hay que definirse, saber con qué fuerza se cuenta en realidad. Cristo es la piedra angular. Vosotros no sois muertos; vosotros sois piedras vivas llamados a construir. Fue un sermón de estilo o corte del pasado, pero efectivo.
Cristo es la vid, los sarmientos somos todos. Y de aquí que las distintas órdenes religiosas no deben perderse tanto en diferencias posibles de forma cuanto que todas tienen el mismo tronco, la misma raíz, la misma esencia que es Cristo.
Yo escuchando al cura pensaba en la mella que harían sus palabras en los asistentes. Mi conclusión fue más bien negativa. ¿Nos harían cambiar a los oyentes las palabras vibrantes y acaloradas del párroco?
Creo que no. Sinceramente pienso que los cristianos queremos asistir a Misa y ya, una obligación que aprendimos de niños y cumplimos, pero nada más. Los sermones nos resbalan. las pretensiones de trabajo por la parroquia nos desagradan.
La idea de dedicar horas a actividades de la Iglesia nos repele. Queremos ir a Misa los domingos y sentir así con nosotros la sensación de haber hecho lo que debemos: santificar las fiestas dice un mandamiento de la ley de Dios; oír misa los domingos ordena otro de la Iglesia.
Y cumpliendo con ellos sentimos paz, tranquilidad y conciencia. Participar de otro modo nos cuesta y el señor obispo lo sabe. Y tiene que gritar: “O somos o nos quedamos en casa”. Las campanas repiquetean haciéndose eco de las súplica Episcopal.
“Despertad”, parecen decirnos. Pero la gente no quiere oír, vive en su mundo cumpliendo a su manera con la iglesia, como le enseñaron de pequeño y no quieres saber otra cosa. Para los curas nuestra apatía debe ser desesperante.
No nos lanzamos en algaradas callejeras pidiendo apoyo y seguridad para nuestra madre la iglesia. La dejamos fuera de nuestras grandes pasiones, de nuestros arrebatos furibundos, no cuenta apenas, no nos es posible.
“¡Dios nos llama, acudamos!”. Y seguimos fríos, seguimos apáticos, indiferentes. “¡Se os pedirá cuentas!”. Y no nos inmutamos. El obispo clama en el desierto: “Los escogidos son pocos, la mies es mucha”. Esos pocos tienen que luchar en solitario, contra la frialdad de los demás.
“O somos o no somos”. dice el obispo. Pero no sé si se da cuenta de que podemos ser sin dejar de pertenecer a los indiferentes, que podemos cumplir sin ser de los que se lanzan, de los que se entregan de por vida a edificar la gran obra de Dios.
Y si esto es así, el señor Obispo debe saberlo. “Ser o no ser” no es la cuestión. Ser y no ser pero hablar en Cristiano, sí. Eso es lo importante: “Amaos los unos a los otros”. De otros sermones: Si te vi, no me acuerdo.
Francisco Tomás Ortuño.
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