Los padres no saben su papel.

18 Marzo 2025  San Cirilo

   Murcia, martes, sin novedad en casa. Te cuento de otros tiempos ya lejanos:

   19 de octubre 1984.- Nuestro amigo Jesús nos ha dejado. Su reloj biológico se detuvo para siempre. Un golpe sin gracia, desafortunado, lo apartó de nosotros. Fuimos a su entierro Pascuala, don Pedro -el inspector-, Tomás Ruiz Cánovas -amigo de Yecla- y un servidor.

   Lo de servidor porque iba conduciendo el coche. Mucha gente en la iglesia, maestros, amigos y familiares del finado, como suele decirse.

   En los entierros, es curioso, la gente se lo pasa bien. La familia del muerto llora entre amigos que les contempla llorar. El difunto en su caja no se entera de nada. Los demás, distraídos, cuentan por lo general chascarrillos para reír. Es el contraste con la realidad, que se palpa a dos pasos y no se quiere ver.

   En las muertes violentas, el alma revolotea abrazada a su cuerpo por algún tiempo.  Será, quizás, por cogerla desprevenida y no hacerse a la idea de que tiene que dejar su morada, como resistirse a partir creyendo que no es su tiempo.

   Hay casos de exotismos, en que uno se ve a sí mismo desde fuera. Será curioso, luego, volver y recordar el hecho. ¿Quién la impulsó a salir? ¿Es una llamada a la huida que no admite discusión? ¿Es quizás un desconectarse instantáneo, como un movimiento reflejo?

   Me imagino que el alma va con uno, confiada, tranquila. Cuando hay alguna enfermedad, debe ponerse en guardia, nerviosa, y hasta adoptar los gestos del viajero que, próximo a su destino, busca las maletas con la vista.

   Algo así debe ser. Más, en el caso de un accidente, el alma debe llevar un susto tremendo. “¿Qué ha ocurrido?”. “¿Esto qué es?”. “¿Cómo ha sido?”. Y, de pronto, ¡Fuera! mientras que el cuerpo lucha por sobrevivir. No es de extrañar que el alma se abrace al cuerpo, se resista a dejarlo.

   Es más, debe de ser una necesidad inevitable. Cuando está dormida, desprevenida, ocupada distraída, ¿qué puede hacer sino aturdirse y cogerse para no caer? debe de ser un momento espantoso, de convulsión en la casa -el cuerpo-, como un movimiento sísmico.

   ¡Zas!, un golpe y fuera. Fácil de decir, más  que por nadie pase, una hecatombe. La yaya Lina murió preparada. Hay muertes naturales que vienen de lejos, que se esperan y se preparan. Dan tiempo a bajar los bártulos, arreglarse un poco, despedirse de los viajeros que siguen.

   Son muertes estas que duelen, pero que no asustan. Las otras sí, las de repente cogen desprevenidos. Hasta que no pasa tiempo, no se hace uno a la idea de que han ocurrido. Yo quisiera que mi despedida fuera así, como la de la yaya Lina.

   Su alma estaría tiempo diciendo: “Venga, que ya estoy lista”. Y después: “Otro poco más, ¿quieres?”. Como quien lo piensa mucho en el andén y tiene veinte despedidas. Como la yaya, Me gustaría que fuera una larga despedida y al final, como jugando, cuando estuviera dormido, sin esperarlo, ya sin darme cuenta, una caricia leve y hasta siempre, amigo mío. Así, como la yaya, con una risa imperceptible consintiendo ya la marcha.

                                                                                                        Francisco Tomás Ortuño.

   20 octubre 1984.- Que los padres no saben su papel es un hecho comprobado. Con la Democracia, han creído que la Escuela es poco menos que suya. Y no caen en la cuenta de que la enseñanza que se imparte dentro corresponde al Profesor.

   Piensan ilusionados que sus hijos con las nuevas formas de atender la escuela ya van a destacar en sus estudios, van a ser otros. Joaquín López Presidente de nuestra Asociación de Padres de Alumnos, nos visitó ayer, acompañado de Rafael Mondéjar, miembro también de la Junta directiva de esta asociación.

   Les acompañé por las aulas para recordar a los niños que deben pagar las cuotas que han fijado para atender los pagos que se origina, como Profesor de Educación Física, suplencias de Profesores y otras ayudas al Colegio.

   Los padres, por lo que vemos, no se tiran de golpe a ingresar el dinero en las cajas de ahorro. Menos de 5 han pagado en cada clase y estamos pronto en noviembre. Digo que si lo hacen todos a una media de 2000 pesetas redondea el millón,

   Un dinero que no debía salir de los bolsillos de sus dueños, ya que el Estado debía de pagar la enseñanza y los gastos que lleva consigo. Porque, dígame usted, si el Profesor cobra por enseñar ¿por qué regla de tres se ha de pagar a un Profesor aparte de Gimnasia, a otro de Inglés, a otro de Música, a otro de Religión y a otros le Dibujo?

  O se es profesor o no se es profesor. Hay que organizar mejor el tinglado de la enseñanza. Quizás ese Decreto de Plantillas, del que ahora se habla, solucione en parte el problema, porque también es cierto que el Profesor no puede ser especialista de lo que le echen.

   Antes podía el hombre, porque se exigía menos, pero ahora con idiomas extranjeros, con matemáticas superiores, música, tecnología, y demás, no hay quien se atreva. ¿Estamos abocados a una Enseñanza Departamentalizada o Semidepartamentalizada?.

   El colmo de palabra larga. En unas Oposiciones un tema trataba de Enseñanza Departamenta lizada y Enseñanza Semidepartamentalisada.Yo me reía pensando en el pobre opositor que tuviera la mala suerte de que le tocara en suerte hablar de él.

   Porque con el nerviosismo propio del momento ante los jueces prontos a escribir en sus cuadernos, con el nerviosismo repito y la palabreja, vaya bromazo de quien puso el tema, Me lo imagino a lo largo y lo ancho de su casa pensando en el opositor desdichado ¿O gozaría con ello.? Sadismo se llama. Igual era un sádico refinado.

   Yo no sé hasta qué punto será bueno que la Escuela deje de ser la Escuela que hemos conocido siempre: maestro y niños; maestro que enseña y niños que aprenden y se relacionan con otros niños; mayores y menores, calor de escuela.

   El calor de la escuela se ha perdido. Es una de las cosas que el tiempo se llevó. Y es que la Escuela se ha desbordado, se ha cambiado. No parece ya escuela. Parece un Instituto con tanto Profesor y tantas aulas. Creo de verdad que nos hemo perdido.

   Al niño no hay que dar lo que nos parezca, sino lo suyo, lo que corresponde a sus pocos años. Hay que volver a la Escuela con calor de Escuela donde el Maestro es solo Maestro y el niño solo niño de Escuela. Luego vendrán otras exigencias y otras obligaciones.

   La escuela es para enseñar las materias instrumentales, para que el niño conviva con otros niños -educación social- para que adquiera conocimientos elementales de todo sin especialidades, sin exámenes, ni distinciones con bandas ni diplomas por listos,

   La Escuela debe volver a ser Escuela: Maestro y niños,Maestros de todo y niños. Una comunidad viva; luego vendrá el Instituto donde el niño tendrá varios Profesores y varias aulas, aparatos sofisticados y otros medios.    Pero la Escuela en un lugar ad hoc distinta como siempre,

   Cuando creyeron que haciendo 3 escuelas de otras 3 próximas y poniendo en una a los mayores, en otra a los medianos, y en la tercera a los más pequeños, se había dado con la solución al problema de la enseñanza, empezó el lío.

   Tuvo que ser un listillo el que pensara: ¡Eureka!, ¿Cómo no se ha visto antes? Y todo fue rodar la bola y hacerse cada vez mayor hasta llegar a lo que tenemos hoy. Primero separar niños por conocimientos; luego por edades; luego por inteligencia.

   Ya estaba la escuela convencional rota, hecha trizas. Ya está la solución definitiva: muchas aulas y muchos maestros. Aquí los niños de 4 años ;aquí los de 5; los de 6; los de 7… Tampoco. Vamos a poner aquí los de nivel mental normal, aquí los que no dan la talla, aquí los listos.

   Pero ¿qué pasa que no funciona tampoco? Enseguida se rompe la igualdad lograda. ¿Qué ocurre? Tampoco. No, señores, habla otro listo: La escuela debe ser con muchos controles y quien no consiga superar las pruebas …Ya está promociones. Esa es la palabra.

   Hay que promocionar solo a los que superen los controles y las pruebas. A los demás se condena a repetir un año. Lo mismo con los niños más pequeños por gandules, por torpes. Y los sabios alrededor de su gran mesa con humeantes cafés y puros descomunales pensaban en su contribución sin igual a la sociedad.

   Los niños mientras tanto, ajenos a lo que se cocía, iban de aquí para allá cargados de libros, abrumadas con tantos deberes, sin comprender del todo a qué iban a la escuela ni qué significado tenía lo que decían en sus casas sobre enseñanza, evaluaciones, promociones repeticiones y gaitas.

   Los padres no saben bien su papel. Forman parte del tinglado confuso y complejo que tenemos. Como sus hijos, cada cual en su esfera particular, no sabe qué hacer ni a dónde acudir. A veces se pasan y a veces no llegan. Exigen sin saber qué y no piden cuando deben pedir.

   Van al colegio como si en ello estuviera la solución de sus problemas, y piden dinero que no tenían que pedir. Tras un triste caos escolar ¿qué entienden ellos de un Consejo de Centro, de una Junta Económica, de una Programación Escolar?

    Y opinan y discuten por todo, cuando la realidad es que debían agruparse alrededor de los Maestros de sus hijos, alentarlos y defenderlos contra todo y contra todos. Y más ante sus hijos, que parecen fieras enfrentadas, nerviosas,  con ganas de saltar sobre la presa.

   La Escuela hoy no es la escuela que nos gusta. Tiene que volver atrás y ser otra vez un lugar ameno, con calor y color de niños, con amor y pura simplicidad.

                                                                                                           Francisco Tomás Ortuño

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