Personas desequilibradas.

24 Marzo 2025  San Timoteo  Del año: 83 días pasados y 282 por pasar

    Murcia, lunes, bien todos tres por aquí. Cuento aventuras de antaño:

    27 de octubre 1984.- Mi amigo Joaquín no anda centrado con los compañeros. Se va apartando de ellos.  Se aísla. Y es que Joaquín… no sabe estar. Es orgulloso, se cree superior como Licenciado en Pedagogía, y su orgullo se revuelve en contra suya.

   No es acertada la política que sigue en el Colegio. Puede ser el tiempo. Antonio lo dijo ayer: “los nervios andan sueltos”. Hay días en que los nervios se sueltan. Ayer fue quizás uno de estos días. Los maestros estaban nerviosos. Los niños también.

   Antonio Molina gritó más de lo que suele gritar otros  días. Doña Lola entraba y salía. Vicentico, el gitano, se fue de la clase. Día de nervios a flor de piel. Un mal viento, una nube, el calor… vaya usted a saber.

   Hay quien es propenso a estos fenómenos, a estos cambios. Ayer diría que el Colegio era un saco con los nervios alterados, dispuestos a saltar. Joaquín fue al teléfono y llamó a Madrid. “¿No está? ¡Ahora llamo! “.

   Me permití decirle, mitad en broma, mitad en serio, si su teléfono de casa estaba estropeado. Le sentó mal y se marchó. Día de nervios el de ayer. Las personas que se dominan ganan casi siempre. Yo diría que no se dominan estas personas, sino que son así, y no tienen por qué dominarse.

   Hay personas tranquilas y personas nerviosas. Pero tampoco es eso. Hay personas que pierden la cabeza por los motivos que sea y hay personas que no se alteran jamás. De las primeras decimos que no saben dominarse; de las segundas que se saben dominar.

   Yno es así. Lo que ocurre es que unas personas enferman de los nervios y otras tienen los nervios sanos, templados. Los que enferman de los nervios no pueden controlar sus actos en este estado de descontrol. Los otros no tienen necesidad de dominarse.

   Ante una persona descontrolada, no cabe sino esperar lo peor. Como locos de atar, pueden reaccionar de la forma más inverosímil: o te dispara un tiro o te hiere de palabra. Ante una persona así, todo puede esperarse, porque no es dueña de sus actos ni de sus pensamientos.

   Los sentimientos más viles afloran, se sublevan. Temibles son estas personas en tal estado. “¿Cómo es posible que haya dicho esto?” “¿Cómo ha podido hacer tal cosa?” No ha sido él. Ha sido otro que ni él mismo conoce. ha sido un enfermo que le ha impedido obrar con la razón.

   ¡Qué suerte ser de estas personas serenas, sanas de los nervios, que se controlan siempre, o mejor, que no se descontrolan nunca! En determinadas situaciones de la vida, ellas solas pueden pensar con nitidez y obrar con cordura.

    Un niño canta por la calle: ¡Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva…! ¿Será esta lluvia o conato de lluvia la que ha provocado el desajuste de ayer? Líbrate de las iras de estas personas desequilibradas que hacen vida normal y pasan a veces desapercibidas.

   Huye de ellas con prudencia. Lo mejor es ver de lejos la función y no participar en ella. O, por lo menos, no acercarte tanto que te pongas al alcance de sus iras.

 

                                                                                                              

Francisco Tomás Ortuño


    28 octubre 1984.- Domingo espléndido, tranquilo, las ocho de la mañana. En la casa se escucha música clásica, de la que quiere mamá, relajante, suave, sin estridencias. Fuera silencio, quietud. Murcia, en domingo, duerme; mejor, se despuebla.

   Lo advierto en el garaje. Quedan pocos coches. La gente huye a las playas y a las casas de campo, a las afueras, al monte. La gente va y vuelve. ¿A qué se va? ¿De qué huye? La música que se escucha en la casa es suave, adormecedora.

   Ángel ha dormido en una tienda de campaña. Lo habrá pasado bien, porque Ángel es de los que gozan yendo y viniendo, saliendo, entrando y poniendo tiendas, cambiando de lugar, en suma. No dejó la linterna. La linterna para Ángel es imprescindible en las acampadas.

   Son ahora las cuatro de la tarde. En el punto que precede, fuimos Lina, Miguel, mamá y yo a Cartagena. Por el Puerto vimos a los campistas felices con sus bicicletas. Salva iba al frente de los expedicionarios. Montamos en el coche la tienda de campaña y les quitamos peso.

 

   VALIENTE AMÓS:

   Por Cartagena nos encontramos con Amós, con Pepa y con Lina que iban a Jumilla. Volvieron con nosotros. Hemos ido al supermercado, que dicho sea de paso está casi a punto de abrir sus puertas al público. Amós es valiente. ”Con otros dos millones, ha dicho, nos ponen los géneros y ya está”.

   Y se queda tan Pancho. A Pepa no la veo tan optimista. Paco se ha comprado un coche. Los demás trabajan poniendo lejas en la trastienda. Yo quisiera que el supermercado que van a abrir con tanto sacrificio les colme pronto de satisfacciones; que el tiempo premie su bondad porque todos son “eso” sin mezcla de mal alguno.

   ¿Qué pensará Rafael, que tiene la costumbre de dar consejos aún sin pedírselo? Amós es constante y terco, va a lo suyo, sabe lo que quiere y no ceja en su empeño. En La Unión montó un horno. En Los Nietos una tienda de pollos asados. ¿Supermercado? Ahí va un supermercado.

     Local, obras, permisos, luces, y la función a punto de empezar. ¿Productos? Los habrá también. Con otros dos millones, dice Amos. “Es una locura”, dicen algunos. “Vosotros no sabéis de tienda”. Le da lo mismo: oye, se ríe, y deja a los demás con la boca abierta.

  “ ¿Cómo va el supermercado?”. “Bien, va bien, bueno, tirando”.

                                                                                                            

Francisco Tomás Ortuño

 

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