Tres misas seguidas.
27 marzo 2025 San Ruperto A: 86 – 279; S: 7´06 - 19´34; L: 5´08 - 17´22
Murcia, jueves, las 8´12 y sin novedad en la familia , salvo mi tocayo y consuegro Paco, que mejora de su caída.
PARA PENSAR:
No necesitas valor para no caer, sino para volver a levantarte.
1 noviembre 1984: TODOS LOS SANTOS:
Hace muchos años, cuando éramos niños todavía, el día de Todos los Santos era pavoroso. Sentíamos miedo, como si de cada habitación fuera a aparecer la sombra de un desaparecido. Los padres y los abuelos nos hacían creer que los muertos salían de sus tumbas.
Con este temor, llegaba el día primero de noviembre de cada año, como el fantasma, el coco, o una aparición. Cada noche había ruidos, luces, sombras, misterio, que rodeaban este día de los Santos.
Recuerdo con pena cuántos años hemos pasado de niños esta noche arrebujados bajo las mantas, sin poder dormir, contando las horas para ver la luz del nuevo día. ¡Ya amanece, ya entra la luz!
¡Ya son las siete! Con qué ilusión contábamos las campanadas de la iglesia del Salvador y qué tranquilidad nos traía el nuevo clarear, el alba mañanera, como si con ella se esfumarán los espíritus temidos.
En las casas, todo se confabulaba para hacernos tenebrosa y sombría esta noche de difuntos. Cuentos, historias de aparecidos, mariposas en aceite, ruidos provocados… ¡Cerrad bien las puertas!, “¡traed más leña que dure el fuego!”.
Mi abuelo contaba que una noche como esta oyó a medianoche abrir la puerta de la calle, que la llave en la cerradura dio media vuelta, y luego se abrió y se cerró con un golpe seco. Creyó que era su hijo que se recogía.
Más viendo que no respondía a su llamada, salió y no vio a nadie. En otra ocasión, vio una sombra subir por la escalera, la siguió y la vio meterse en la cama de sus padres, que habían muerto hacía muchos años. Estas historias nos hacían temblar de miedo.
No comprendían que estos miedos no se iban a soltar jamás de nosotros. Mi hermano y yo nos acostábamos esta noche juntos, para aliviar de algún modo, para paliar en parte, el miedo que llevábamos metido en los huesos.
Al día siguiente madrugábamos para ir a Misa. Eran tres Misas seguidas las que había que oír. Nos gustaba asistir a estas largas Misas temprano, no tanto por aliviar a los muertos con ellas, según nos explicaban, cuanto por salir pronto de la casa.
Francisco Tomás Ortuño
DÍA PUENTE:
Dos noviembre 1984.- Viernes. No ha sido un viernes más. Este viernes ha sido un tanto rarillo, especial. Ayer fue día festivo y mañana sábado. Hoy era lo que llamamos un puente en Colegios, Institutos y demás centros educativos.
El día de hoy se vislumbraba de lejos como día de ser y no ser, de pasar sin hacer nada, de pequeño conflicto laboral. Y así ha sido. La prensa ayer recordaba a padres y profesores que el día dos era día de trabajo, día lectivo, de clase, con niños en las Escuelas, Institutos y centros de Formación Profesional.
Pero, hete aquí que en los Institutos deciden no tener clase. Así de sencillo. Y no tienen clase. Me cuentan mis hijos que ya el miércoles no dieron golpe deliberando sobre qué hacer el viernes. La directora dijo que había clase. Luego hubo reuniones de delegados y profesores y acordaron que no hubiera clase por acuerdo general.
En el Conservatorio no hay Clase tampoco hoy. Dijeron los Profesores que nos fuéramos. Habría también reuniones y acuerdos. Habría consenso. Viernes puente. No hay más que hablar. De acuerdo no venir y aquí paz y después gloria.
Viernes, día de difuntos, se hace fiesta de miércoles a lunes. Todos en casa. un fin de semana largo larguísimo, de campeonato, para disfrutar de lo lindo, para recordar las pasadas vacaciones veraniegas o hacerse a las que se avecina.
Unas minivacaciones para todos. ¿Quien se las pierde?, consenso. Vacaciones en el Conservatorio y todos felices. En los Colegios de EGB se padece el mismo mal, con honrosas excepciones siempre.
Como faltan niños, no explico tema nuevo, se oye decir. Y con este pretexto, se pasa el día sin hacer nada. “Haced un dibujo”. Día en blanco. Niños a jugar, niños a esperar la hora de salir. Como han faltado tantos, autojustificación que no convence ni al mismísimo maestro. Algunos más atrevidos ni van por la escuela.
Este hecho pone de manifiesto una cosa: que falta interés por el trabajo, los niños piden que no haya clase, los profesores quieren que no haya clase. Las partes, como es natural, se ponen pronto de acuerdo y santas pascuas.
Francisco Tomás Ortuño
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