Chicolean.

 29 abril 2025  Santa Catalina de Siena

   PIENSA:  Después de haber recorrido el mundo entero en busca de la felicidad, te das cuenta de que estaba en la puerta de tu casa.

   Murcia, martes, sin novedad en casa y sin Papa en el mundo hasta que los Cardenales nombren al sucesor del fallecido Papa Francisco.

  

   El día de ayer se recordará como el día del “apagón”. Se fue la luz en toda España y nadie sabía por qué: una hora, dos horas, diez horas. Los trenes parados, los ascensores con gente dentro, los hospitales con enfermos pidiendo a gritos que siguieran con su operación…

   -¿Y cómo acabó la cosa?

   - Los chinos vendieron todas las velas que les sobraron del Jueves Santo reciente y del entierro del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro pensando que podía resucitar como en los milagros de Jesús.

   Hubo también quien dijo que era cuestión política, sabotaje de Trump o de Putin… A Pedro Sánchez se buscaba y nadie sabía dónde estaba.  Pero sobre las diez vino.

   -¿El Presidente?

   -No, la luz.

 

   -Yo te cuento cosas o recuerdos del ayer:

   28 julio 1985.- Domingo espléndido, las diez de la mañana, en el estudio, solo, con las ventanas abiertas, oyendo música de la radio que Pascual Jesús escucha cerca de la piscina, bajo el toldo color naranja. Con él están Lina y su inseparable María Elena con sus “barbis”.

   ESTUDIO:

   El estudio ha ganado sin el ping pong. Ahora ha quedado un estudio amplio con una mesa y con sillas. En esta mesa, que siempre estuvo en el despacho de la casa de Cánovas 90, escribo estas crónicas para el recuerdo.

   Se está bien aquí, no se puede pedir más. Mamá limpia la casa, los demás -Miguel, Ángel, Francis- en el campamento de Almería. El baño de ayer tarde con el vecino Juan, padre de María Elena, me agradó.

   Fue una prueba renovada de buena vecindad. Me dijo Juan que practica la halterofilia, que acude a un centro por las tardes donde hay aparatos para robustecer los músculos.

   Juan es feliz haciendo gimnasia y cuidando su físico. No seré yo quien le diga que es absurdo a sus años, o que pierde el tiempo miserablemente. Él ha puesto su ilusión en sus músculos, en su cultura física, y en lograrlo pasa su tiempo tan feliz.

   Más que eso, yo animaría con calor a Juan a seguir practicando sus ejercicios, aún a sabiendas de que no han de servirle de mucho. Una ilusión como meta de nuestros actos debe existir siempre.

   El hombre que lleva entre manos algo, algún trabajo o aspiración inmediata, es feliz. Quien vegeta sin metas a conseguir, difícilmente encuentra alegría y satisfacción. Así que bien por Juan y por sus aficiones halterofilicas.

   Tengo un concepto muy particular de los ejercicios programados para el cuerpo. Digo y creo que el cuerpo de cada uno debe imponer en cada momento y en cada caso el ejercicio que mejor le va, no al revés.

   No al ejercicio que le corresponde hacer previamente establecido, sino que sea el cuerpo quien decida siempre. Y en caso de duda quedarse quieto que el mejor ejercicio será incluso el que no se hace.

   ¿Salgo a la terraza atraído por la música fuerte y las canciones de moda –“Sevilla”, “Qué tiene el negro? -. Pascual, a su aire, se ha metido en la piscina y toma el sol sobre la rueda de goma plácidamente.

   Las niñas lo miran embobadas desde fuera y le piden que busque garabitos. Antonio Valero poda los pinos de su parcela. Los demás -Fina, Carmen. Juan- bajo los arcos chicolean.

   ¿Es la palabra exacta a lo que quiero decir? Me ha llegado al bolígrafo sobre la marcha y no estoy seguro. Chicolear quiere decir aquí no hacer nada sino mirarse y hablar riendo. Si no es el término exacto, se cambia.

   Hawái, Bombay, se escucha en la radio. Es la voz lánguida, soñadora, insinuante, de una joven que triunfa este verano en la canción.

   BAR:

   En la casa de Herminio, antiguo bar o merendero, hay gente en la terraza. Son los incondicionales de la colombofilia. Sus sueltas y sus vuelos son la delicia de cuantos vienen con Herminio los domingos a pasar la mañana en el Roalico.

                                                                                


Francisco Tomás Ortuño.

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