Petra.

2 Abril 2025  San Francisco de Paula

   PARA PENSAR: Pocos de nosotros somos lo que parecemos.  O somos mejor o peor. 


Murcia, miércoles, sin novedad en casa.


ARANCELES. -Veremos cómo nos afectan los aranceles con que amenaza Trump con los productos que mandemos a sus dominios americanos. Hoy se resiente la Bolsa por el miedo a los aranceles.


   ABRIL:

   Abril es el cuarto mes de nuestro actual calendario, el gregoriano. Pero en sus orígenes era el segundo, ya que para los antiguos romanos el calendario se abría en la primavera, en el mes de marzo, cuando la naturaleza después del invierno despierta, o revive.

  A través de los siglos y por influencia del latín, el nombre de este mes, Aprilia, se asentó en la lengua de muchos pueblos y casi con la misma escritura. En italiano es Aprile, en inglés April, en francés Abril y en castellano y portugués Abril.

   El refrán “En abril aguas mil” evoca la principal característica climática de este mes lluvioso, propicio y beneficioso para los cultivos. Después de los meses de invierno, abril trae consigo la necesaria humedad que permite la germinación de semillas y el crecimiento de las plantas.

   Este mes se asocia también con la llegada de la primavera. Después de los meses fríos y oscuros del invierno, abril anuncia el despertar de la naturaleza, los días se alargan, las flores comienzan a brotar, los árboles recuperan su verdor.  

   Las lluvias de abril contribuyen a este renacimiento nutriendo la tierra y creando un ambiente adecuado para el florecimiento de la vida.

  

   12 noviembre 1984.- Lunes. Creo que es general, los lunes gustan menos que los viernes. Los niños sinceros lo dicen, los mayores también. Si vas por oficinas lo escuchas, si a otros lugares de trabajo lo mismo: “Lunes otra vez, que fastidio”. San viernes.

   Volvemos al tema sobado del trabajo. No queremos trabajar, nos carga el trabajo, nos deprime. Trabajamos porque no hay más remedio. No hemos convertido el trabajo en placer. No hemos sabido convertir la carga cotidiana de ganarnos el sustento en quehacer deleitoso y grato.

   ¿No será que no encajamos en nuestra verdadera ocupación? Si es así, el trabajo  debe resentirse mucho. Cuando celebremos llegar al lunes por reemprender la faena que cortamos dos días antes, habremos dado un giro de muchos grados en la producción, en la calidad y en la ventura de los trabajos.

 

PETRA:

Petra es buena amiga de mi mujer. Es soltera y algo mayor en años. Creo que es monja seglar. Son almas gemelas, amantes las dos de la vida retirada. Petra está enferma. Fuimos a verla al sanatorio Virgen de la Vega. Tenía otras visitas llegadas de Jumilla.

   La enfermedad nos humaniza, nos hermana a todos. Cuántas veces andamos preocupados, por las nubes, en asuntos profesionales, políticos, económicos, y no reparamos en el amigo que nos necesita. La enfermedad hace que nos miremos.

   “Ah, que estás ahí. Cuánto tiempo sin saber el uno del otro”. Las ocupaciones nos distraen demasiado. Sería necesario tener un tiempo para ocuparnos de los otros. Ay ,la correspondencia, el teléfono, la visita, la familia incluso.

   Hay que volver a la familia tradicional en que los unos saben de los otros y se ayudan. De un tiempo acá vivimos solos, cada cual por su lado, perdidos entre multitudes, donde nadie se ocupa del vecino. Hay que volver a reír con los demás, o por lo menos a decirnos algo a contarnos cosas, a recordarnos.

   MIS DICTADOS:

   Anoche pensé en mis dictados. Los tengo olvidados mucho tiempo. Los dictados y los cuadernos de caligrafía. Hace ya años escribí un libro. Lo llamé “Método Ortuño de Dictados”. Lo mismo y por las mismas fechas “un libro de lectura, escritura, dibujo y cálculo”, que esperan su oportunidad.

   Anoche no sé por qué, pensé que debo desempolvarlos y llevarlos a una editorial. Podrían convertirse en cuadernos de fácil adquisición: “Método Ortuño de caligrafía”,  “Método Ortuño de escritura”, “Método Ortuño de cálculo”.

   “Cuaderno número 1”, “Cuaderno número 10”.  Y más cuadernos en librerías. Niños con ellos en los colegios. ¿Por qué no? La idea me baila en la cabeza.

  

    3 de noviembre 1984.- Martes. Siguen los aguaceros inoportunos. Sales sin paraguas, chaparrón en la esquina; sales con él, a lucir el sol.

   “¿Dónde está mi paraguas?”, preguntaba Sarabia por las clases. Luego llamó a su casa por teléfono. ¡Qué mañana de paraguas nos ha dado! ¿Quién habrá cogido mi paraguas? ¿No será este que hay en la biblioteca? Pues sí que parece,

   Los mayores quieren que se les haga caso. Si están bien de salud, de esta forma tan original del paraguas; si están enfermos, no quieras saber:  me duele tal cosa, me voy a morir, yo para que quiero seguir, viviendo no hago más que molestar, no me hagáis caso, todo un Rosario de palabras que van a lo mismo: atenderme, cuidarme.

   La psicología del anciano es clara como la del niño: aparte rarezas propias de los años coinciden en querer llamar la atención y exigir cuidados sin cuento. Por eso se vuelven a veces insolentes y bruscos.

   Las reacciones de los que cuidan de ellos son muy dispares: hay quien los comprende y los tolera y hay quien no puede con ellos. Algunos ancianos son chocantes, graciosos, simpáticos; otros son huraños, rebeldes, antipáticos; pero todos son ancianos. Y este título ya es suficiente para mirarlos bien.

  

   BARCELÓ Y SERAFINA:

   Pasado mañana Pepe Barceló y Serafina preparan un guateque en el colegio por su despedida, 65 años bien llevados los dos. La jubilación es implacable. Pepe es un maestro que ha cumplido bien. Serafina lo mismo. Pronto olvidarán que existió la escuela en la que pasaron tantos años.

   La edad va trayendo a cada cual lo suyo, y los 65 años piden ya descanso. “Luego vendré todos los días”, dicen antes de marcharse. Es solo un decir. Sabemos ya de muchos compañeros que nos dejaron, que dijeron lo mismo. Luego, ni se acuerdan.

   Y es que la escuela para ellos es historia. Desde que la dejan, los niños ya son otros, los compañeros, las aulas, todo es distinto. La escuela es presente para los que se quedan; para los que se jubilan es historia para recordar.

   Debe ocurrirles algo parecido a los que visitaron un lugar o vivieron un romance en un momento determinado: peligroso volver al mismo sitio o querer revivir aquel momento de dicha. Las situaciones son otras, nada se encuentra igual y la decepción es segura.

   Creo que lo mejor para estos compañeros que nos dejan es olvidarnos. Recordar que tuvieron días felices, momentos gratos, guardar ese recuerdo único que les haga sentirse dichosos, y vivir con él como la madre que guarda una foto del hijo que murió.

  

   PERSONAS:

   He ido al Ayuntamiento, a la Concejalía de Sanidad; he ido a Muface; he estado en las oficinas de Campsa. En todas partes hay gente que atiende al público: mujeres, hombres, mayores y jóvenes. Unos simpáticos, otros huraños; unos fríos, otros amables.

   He dado con una señorita así en una de estas dependencias: De vez en cuando damos con personas semejantes. Las personas se dividen en dos clases: buenas y perversas. Las buenas no pueden ser malas; las perversas se reparten a su vez entre las que consiguen ser buenas por méritos propios -se lo proponen, luchan. se vencen-, y las que no pueden serlo o no lo intentan siquiera.

   Las buenas buenas son así desde que nacen y hagan lo que hagan serán como son. No pueden ser de otra forma. No saben ser de otro modo. Se ve en sus ojos, se advierte en su cara. Es el caso de Petra que decía ayer.

   Petra y Pascuala son de esta clase de mujeres: buenas de nacimiento, que no pueden cambiar, no harían mal a nadie, no quitarían, pasarían por el Mundo haciendo bien sin proponérselo. En el despacho de la delegación había una mujer así con un gesto de bondad que la identificaba.

   Buena buena tienen mérito las acciones de estas personas. pienso que son escogidas para ejemplo de los demás, que son como Ángeles tutelares en la tierra, que señalan caminos a seguir. El mérito está en las personas que se esfuerzan por ser mejores y lo consiguen, en los que luchan contra Natura, ahí está el gran merecimiento y ahí es donde hay para trabajar los buenos y los malos, los virtuosos y los perversos.

   A los primeros no les supone esfuerzo obrar el bien; a los otros sí. La lucha de la vida, de la sociedad, es conseguir que los que nacieron torcidos tengan un motivo atrayente, fascinante, que les haga ser de modo diferente.

                                                                                                      


Francisco Tomás Ortuño.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cine de Medianoche.

El expolio de la bodega.

No quiero irme.