Que no sepa de quién eres.
21 abril 2025 San Anselmo En Murcia, fiesta huertana
PARA PENSAR: Si viviera otra vez, quisiera que la vida fuera como ha sido hasta hoy; solo que abriría un poco más los ojos.
Murcia, lunes, sin novedad en el Alcázar. Te cuento de atrás:
19 julio 1985.- Vamos a Murcia. Mañana temprano saldrán Miguel y Ángel hacia el campamento, donde les espera Francisco Amós. Lo más probable es que el día 25 vayamos nosotros, los padres. a pasar el día con ellos.
¡Qué ilusión les hace a los pequeños un Campamento!¡ A mí también me la hacía cuando tenía su edad! Pero lo cierto es que estuve pocas veces en Campamentos. Por los años 40 funcionaban los Campamentos del Frente de Juventudes.
Que lo digan Villaverde, José Mariano, Menárguez, Nebrera, y miles como ellos, que vivieron décadas al amparo del abuelo Franco, cantando el Prietas las filas, la Mirada y el Cara al sol. Como digo, yo no estuve apenas en campamentos. Mis hermanos menos todavía.
Yo estuve, eso sí, en el de Santa María del Buen Aire del Escorial, cuando levantaban la Cruz del Valle de los Caídos, porque lo exigían para hacer Oposiciones en el Magisterio. Mi padre vivió años, sin hacer ruido, con miedo a que lo señalaran.
Y esos temores nos los transmitió a nosotros, sus hijos, que pagamos el pato, sin hacer vida de niños en muchos aspectos. Pero ilusión, vaya si nos hacía ilusión ir a Campamentos. Con envidia oíamos hablar de ellos, como si fueran de más categoría.
Nuestra infancia fue en todo así: apartada, deseando tener lo que otros tenían. Años 40, década funesta en nuestra casa. Los padres, jóvenes entonces, en lo mejor de su vida, se vieron arrastrados por la corriente adversa, no pudieron levantar cabeza o sobrevivir.
Pobres padres. Vidas marcadas por una guerra imbécil, temerosos, silenciosos, mientras que otros gritaban con chulería, como matones, por calles y plazas. “Tú a callar”. Y los hijos pequeños creciendo en ese ambiente, mirando con envidia a los que iban a los Campamentos juveniles.
Pero gustarnos, claro que nos gustaban. Con arrobo mirábamos las boinas rojas, las camisas azules y las flechas y el yugo pegados en el pecho de otros como nosotros, mientras cantaban marchando.
Fue la nuestra una niñez triste, sin duda. Comprendo bien la vida de los padres en aquellos años y no los culpo de nada, queriendo lo mejor para sus hijos. Por circunstancias especiales del momento fueron origen de conductas enfermas en los hijos por el resto de sus vidas.
¿Acaso no se impregnaban los hijos de los temores de los padres, de sus silencios prolongados, de sus miradas recelosas? Los miedos de estos años hicieron que en la casa no se pidiera jamás una recomendación, tan en boga entonces.
¿Quién sabe si alguno de nosotros hubiera entrado al Banco? ¿ O si otras carreras de más lustre si hubieran intentado? Pero no. Lo que había que tener había que tenerlo por méritos propios. ”Tu estudia contabilidad”. “Tú te haces Practicante”. “Tú Maestro”. Recomendaciones nunca”.
Hablar con alguien para que echara una mano, jamás. Que era don José Antonio Franco profesor en Murcia: “que no sepa de quién eres”. Así que lo poco que se consiguió fue sin duda como a escondidas de los demás.
La guerra marcó a muchos. Llevamos las señales en el espíritu, como la mayoría: recelosos, introvertidos, tímidos. No pudimos superar el impacto de aquellos años decisivos en nuestra formación.
Hemos vuelto a Murcia Lina, mamá y yo. Pascual Jesús se ha quedado con la Yaya. Francisco Amós, Angél y Miguel se fueron al Campamento. El autocar iba repleto de niños como ellos, soñando con días de libertad. Los macutos cargados de cosas: linternas, platos, ropa.
Miguel iba contento, Ángel feliz, Francisco Amós ilusionado. “Francisco Amós está hecho un jabato”, me dijo don Silvestre. También Alberto tuvo su frase elogiosa para Francisco Amós unos minutos después. “Sé que lleva valores consigo que irá manifestando”, pensé yo. Es callado, trabajador y luchador como su madre.
Francisco Tomás Ortuño.
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