Se ve el monte por detrás.
10 Abril 2925
Murcia, jueves y sin novedad en casa, gracias a Dios. Te cuento de atrás que lo vi y viví:
26 de noviembre 1984.- Lunes nublado, oscurillo y frío, víspera de San José de Calasanz Los vecinos han dejado una nota por debajo de la puerta. “Como son las cuatro, no os despertamos. Ha muerto el padre de Tere y nos vamos a Belchite”. Belchite es un pueblo de Zaragoza. Ellos son de aquellas tierras y vinieron como nosotros -tránsfugas del siglo XX- hace un par de años a Murcia.
Con su Cruz a cuestas, como todos los mortales, viajan de un lugar a otro en busca del sustento cotidiano. Vinieron con su Carlos, un niño subnormal de diez años, con otros dos hijos más varones y una niña.
Por Carlos pusieron mallas en los balcones, pero un día salió al pasillo y cayó al patio de luces por una ventana. Como vivimos en un quinto piso, Carlos no pudo soportar el terrible golpe de la caída y murió en el acto.
Ahora es el padre de Francisco. Le conocimos también poniendo mallas y pasadores en las puertas. Todos estamos condenados a llevar una Cruz. La de algunos, liviana; la de otros, más dura. La de Francisco y Teresa debe ser de estas.
Y, sin embargo, la llevan con entereza, hasta con alegría. Aceptan resignados cuanto Dios quiera mandarles. ¿Una muerte? Una muerte. ¿Una desgracia? Una desgracia. Este verano, Tere y Francisco vinieron con nosotros a Jumilla. Fue un día completo, cabal.
Estuvimos en Coímbra, nos bañamos en la piscina, visitamos la iglesia de Santiago y estuvimos hasta muy tarde en la terraza del comedor. Luego hemos dicho de ir juntos a un camping con los hijos. Lo haremos, sin duda. Teresa y Pascuala se llevan bien, han congeniado.
La Cruz más tremenda que he conocido fue la de Fina. No creo que exista otra peor. Fina entraba a mi despacho a llorar porque lo necesitaba, y yo la animaba a desahogarse. La hija de Fina, de diez años, yacía postrada en cama con un cáncer incurable.
Sergio y Fina, sus padres, amigos y compañeros míos, tenían que reñirle incluso para que viera en ellos naturalidad en sus acciones. ”Pero, ¿cuándo voy a ir otra vez al Colegio?”, preguntaba. Las amigas le llevaban a casa los trabajos.
Fina lloraba y luego tenía que seguir como el gaitero de Gijón: cantando con los niños de la clase o aparentando una serenidad heroica delante de su hija. Fina se habrá ganado el cielo con sus sufrimientos. Aquella niña murió pronto.
¡Qué fuerza tendrían que soportar sus padres siguiendo su vida! pero en su recuerdo quedará la huella de su hija como una flor fresca a todas horas. Hay cruces y cruces no cabe duda. María tuvo que llevar la suya camino del calvario en el Viacrucis.
Ella puede tomarse como ejemplo de sufrimiento. Las demás madres, en su momento de angustia, elevarán a ella sus ojos para encontrar consuelo en estos casos tan dolorosos.
Debe ser un alivio una brisa pensar en otra persona que ha pasado por lo mismo y decir:
"Señor, si Tú lo mandas será por algo. No me cabe sino aceptar humildemente tu voluntad". Quizás a los demás, más que palabras de consuelo corresponda con ellos el silencio, el tremendo alivio del silencio.
Francisco Tomás Ortuño.
3 julio 1985.- Miércoles, siete de la mañana, en el chalé. La familia duerme. Los periquitos gorjean en la terraza. El sol por entre nubes se despereza. He llamado a Pascual Jesús, me lo pidió anoche: “Mañana a las 7 me llamas”. Ha empezado a trabajar con su tío Roque en la fábrica de la madera. Quiere, dice, ganar dinero.
El curso que ha terminado no ha ido mal: Lina se ha defendido con su quinto de EGB; Miguel todo sobresalientes y matrículas en séptimo; Ángel ha podido a su Primero de BUP; Pascual ha aprobado Segundo, y Francis aprobó COU y luego Selectividad. Bien, francamente bien el Curso 84-85 en los estudios.
La nueva etapa que emprendemos este verano, de la que puntualmente iremos dando cuenta, tiene una novedad triste: el abuelo Amós ya no está con nosotros. Primero fue la yaya y luego él. Separados no podían estar. Del 18 de enero del 83 al 24 de diciembre del 84 la vida del abuelo fue un tormento, una queja, un desgarro que no podía soportar. Dos años de agonía.
Nuestro amigo don José Yagüe se recupera de un infarto. Hará dos meses que vino la noticia en el periódico. Luego nada más se supo, sino noticias sueltas de familiares y amigos. En la Arrixaca estuvo internado en la UCI. “Está muy mal”, me dijo su señora por teléfono.
“No puede hablar, ni moverse”, me indicó más tarde un pariente suyo. “Está en San Carlos”, me informó luego Bienvenida.
Ayer pintamos la piscina. Le pusimos cemento Moncada con colorante azul. Y ayer encargamos un toldo para que cubra la parte que da a los pinos. Y regamos los cipreses, y bajamos el ping-pong. En fin, preparamos la casa para que nos resulte grata y confortable.
Linda, la perra, se revuelca en la terraza. Pascual Jesús que saca la moto de la cochera, le abre la puerta cada mañana y ella sale como una exhalación a darnos los Buenos días. Ya es de la familia esta perra que ha tenido cachorros en ediciones sucesivas.
Pronto se levantarán Lina y Miguel: su lección de inglés les espera. He conseguido meterlos en el estudio en la lengua. Cada día su sesión machacona en el desayuno, en la comida y en la cena. Van por la lección 12 del Inglés Durmiendo.
Ángel no se duerme con el inglés. Terminó el curso que ahora llevan los otros. ¿Lo hacen porque antes lo hizo Ángel? De forma que no hay palabra ni frase que desconozca: “tile”, azulejo. “I can´t stand the heat”, no puedo soportar el calor. Lo que haya en el libro se lo sabe.
Ahora estudia con Assimil. Ya se ha organizado: tres lecciones mañana, tarde y noche para oír y escribir. Su afición por el inglés raya en lo increíble.
Oigo a la mamá que limpia el jardín. Su obsesión por la limpieza corre parejas con la afición de Ángel por el inglés. Ahora una habitación, luego el estudio, después el comedor. Su lema es “ora el labora”, "reza y trabaja" de San Benito. No descansa ni se cansa.
¿Será su ocupación el busilis de su salud? Lo del busilis me recuerda otra vez a mi amigo don Francisco Sarabia. Me lo dijo en el despacho del colegio hace unos días: “in die busilis“ en aquellos días dio lugar al busilis. Alguien leyó la frase latina y tras una pausa exclamó: “Entiendo lo primero hasta "in die", pero eso del busilis no se lo que significa.
Francisco Amós está en Murcia. Hace un tanto vida emancipada de la familia: porque quiere, porque es así él o porque forma parte del programa que le sorbe el seso. Lo cierto es que nosotros aquí y el allí solo en la casa o en el club. Francisco Amós hace vida de mayor.
Su juventud será un paréntesis en su vida del que tendrá que dar cuenta en su día, porque la naturaleza es así y cuando da algo es para que no se esconda sino para que brille. De preseminario es la vida que lleva: lee mucho, medita y quiere. Programa de vida ambicioso para sus 17 años y medio.
Hace unos días veníamos la familia en el coche. Hoy cumplo 52 años, dije. Francisco Amós espetó enseguida: “¿Cómo se ve la vida a los 52 años?” “Se ve el monte por detrás”, le respondí. Y es que la vida es ascensión primero y descenso después. El joven solo ve subida, horizonte por delante; el mayor solo bajada.
Francisco Tomás Ortuño.
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