Traslados, nostalgias, recuerdos.

13 Abril 2925

   Murcia, domingo y sin novedad física ni mental gracias a Dios. Semana Santa si nos deja el tiempo, que las lluvias amenazan. Yo te contaré de atrás:


   9 de julio 1985.- Martes, calor sofocante. Mi amigo Pepe es un buen amigo, sin paliativos. Sé que la nuestra es una amistad que viene de largo y que si lo necesito lo encuentro como él a mí. Lo mismo diría de muy pocos más.

   Por encima de los avatares de la vida surge nítida la verdadera amistad. No sé quién dijo que los amigos se cuentan con los dedos de una mano y sobran dedos. Es así. Habrá conocidos, muchos: pero amigos, grandes amigos, muy pocos.

   Pepe es para mí uno de esos pocos amigos con los que se cuenta cuando se necesitan. Pasarán años sin vernos. De hecho, ocurre que nos vemos muy de tarde en tarde. Pero sabemos los dos que estamos ahí para lo que haga falta.

   Esta amistad honda y duradera surge sin pretenderlo. Lo que decimos quizás afinidad de sentimientos, un encuentro, una relación y un saber que la amistad prendió para el resto de la vida. ¿Quién sabe si el mejor amigo que podemos tener no lo hemos conocido?

   Creo que cada persona tiene ese amigo cerca o lejos pero desconocido con el que hubiera sido uña y carne. Con la pareja exactamente lo mismo. Topamos con la compañera que nos parece ideal, pero a sabiendas de que existe otra que hubiera sido la unión perfecta.

   El destino nos lleva y nos favorece los encuentros decisivos de la vida, pero no es posible que  las uniones que nos depara ese destino sean realmente las mejores.

   Hemos ido al pueblo. La Yaya Isabel se quedó en casa. Pascuala, Miguel, Pascual y yo fuimos al piso de Cánovas a sacar los pocos enseres que quedan dentro. El piso ahora está ocupado con máquinas, mesas, cables de luz por todas las habitaciones.

   Sonó el teléfono que como es lógico no osamos descolgar. Cuesta desocupar un piso. No tanto por sacar los muebles como por dejar lo que antes era parte de la vida familiar. Pascuala, silenciosa, iba de la cocina al comedor y a las demás habitaciones.

   Este caballo se lo compramos a Miguel un año que estuvo malo. Nostalgias. Tenemos que dejar las puertas que pintaste cuando eran pequeños. Recuerdos. Y es que lo dije antes, las cosas poco a poco van siendo parte de nosotros: hoy esta mesa, luego este objeto, después una pintura.

   Dice mucho la casa de los que viven dentro. Y es que el caso de vivir años y ser los años de criar a los hijos, los recuerdos se multiplican hiriéndonos por dentro.

   No debíamos cambiar de casa, ni de pueblo, ni de ocupación. Nuestra vida se resiente con los traslados. Creemos que no nos afectan pero no es así. Nuestro mundo espiritual es frágil, sensible, Y todo traslado, un cambio supone una brutal convulsión que puede romperlo.

   Una pieza de vidrio puede durar mucho si no se toca. Cuando se mueve, su integridad corre peligro. Algo así nos ocurre a las personas: no nos damos cuenta de lo que sufrimos con traslados y cambios de lugar.

                                                                                                             


Francisco Tomás Ortuño.

 

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