Yo vivía con menos.

23 abril 2025 San Jorge

PIENSA: Los libros han ganado más batallas que las armas.

   Del Año: 113 días pasados y 252 por pasar ¸El Sol sale a las 7´25 y se va a las 21´02

   Murcia, miércoles, sin novedad en la casa. Ya se fueron Raquel, Laura, sus respectivos novios,

los futuros suegros de los susodichos respectivos novios, su hija Lina, que dejó a su “compa” por Holanda… Ah, y vino nuestra Lina María, que se fue al entierro del Papa Francisco.


   Yo, me voy al pasado, que es más tranquilo:

   23 julio 1985.- Martes, con paréntesis de plaza y vuelta a nuestro oasis de paz. Ahora, casi solos, Linda, mamá y papá, hemos pasado por la fábrica. Pascual Jesús en el trabajo como un obrero más. Joaquín nos va a cortar unos palos para cerrar la parcela por arriba y que las cabras no entren a rosigar los pinos.

   Cuando llegamos, vino Fina Valero la vecina. Estuvimos un rato debajo del toldo. Saqué unas copas de vino y longaniza para alargar la visita. Fina habló de su madre: dijo que la cabeza no le funciona con normalidad. A veces, anoche, por ejemplo, después de llegar se volvieron de nuevo, porque ella no podía estar.

   ¡Pobre Mari! Los años, no le des vueltas, los años hacen estragos en las personas. ¡Qué tragedias anónimas todos los días! Ay, si conociéramos los graves problemas de cuantos viven cerca o lejos de nosotros. Cada persona es un prodigio de arquitectura.

   Y las mujeres que han sufrido con los hijos, y las que han perdido a un ser amado, y las que no lograron alcanzar un sueño, y las que vieron que la juventud las apagaba, y las que quisieron ser y no fueron, y tantas otras que llevan el estigma de un pequeño fracaso en la vida.

   Es como un desgaste del sistema nervioso que lleva irremisiblemente a la vejez y a la locura. Difícil llevar tan pesada cruz algunas personas y querer disimular ante los demás. Los problemas humanos se repiten.

   Ayer leí una obrilla de teatro de Jacinto Benavente titulada “Por las nubes”. Una comedia en dos actos que se estrenó en el teatro Lara de Madrid en 1909. Benavente en su obrilla de poco valor -hay que decirlo- quiere expresar con términos grandilocuentes una verdad de siempre:

   Que los padres no son los dueños de la vida de los hijos aun habiéndolos traído al mundo. Emilia y Julio, hijos respectivamente de Carmen y de Teresa, sufren el amor exclusivo de sus madres, que no se resignan a perderlos.

   Y ahí está el pensamiento de don Jacinto, llevado al teatro, en una pieza de tesis, con personajes de relleno, Quiere ser trascendente al final cuando compara este amor materno con España :”Hubo una madre como usted… nuestra vieja España”. “¿Hay algo más grande que el pasado?: el porvenir”.

   Digo que los problemas se repiten, ya que hoy ocurre lo mismo que en los comienzos de siglo: las madres viven a los hijos tan singularmente que se olvidan de esa verdad tan elemental y clara: el destino de cada persona es suyo, únicamente suyo, exclusivamente suyo,

   Querer retener a los hijos más de lo debido, o inculcar ideas nuestras en sus vidas, es usurpar un derecho que les corresponde en exclusiva. Los padres son los instrumentos para crear nuevas vidas.  Luego el ejemplo es obligado como responsables directos de esas vidas que han traído al mundo. Pero nada más.

   Antonio Valero ha suspendido en C.O.U. Su hermano Juan Miguel colgó los estudios por ayudar a su padre. Dicen, que Antonio, su padre, va mal de trabajo. De Juan, lo mismo con su forja. Hay temores y miedos. Los hijos no quieren saber o viven como si los temores de sus padres no fueran con ellos.

   ¿De quién será mañana la culpa cuando deban hacerse cargo del timón y no sepan a dónde dirigirse? Hoy los mayores quieren hablar, pero los jóvenes no quieren atender. Viven juntos, pero en mundos diferentes. Los hijos no quieren nada de nosotros y el Mundo, como los relojes, no se detiene. Los que se inician en el arte de afeitar deberán reemplazar a los que detentan el poder.

   Nos consuela leer que hace cien, quinientos, mil años, el hombre pensaba como hoy. ¡Qué tiempos estos!

   No compares.

   Y yo vivía con menos, dice un personaje benaventino de la obra antes citada.

   Lo que significa que no debemos ser pesimistas y esperar en lo mejor. La vida es sabia. Cada día prepara el siguiente. Esperemos que nadie muera abandonado, que todos cumplan su función en la comedia humana.

   Lina, María Ángeles, María Elena y Miguel Ángel se bañan en la piscina de goma. A falta de agua en la grande, se ha recurrido de nuevo, a la que estaba olvidada en la bodega del abuelo. Todo un récord de piscina como el columpio. Muchos años sirviéndonos cuando hacen falta.

   Maria Elena lucha a brazo partido con las avispas. Sus gritos se oirán en el convento de los frailes. Mamá pinta el arco de San Roque en una tabla pequeña. Pascual Jesús vendrá tarde, porque su abuela prepara fritillas a los nietos.  Los demás, de campamento.

   José María ha prometido venir luego. Como otros años, es el clásico Rodríguez de lunes a viernes. José María se ha pintado el pelo. Ahora ya no lo tiene blanco sino negro. Bueno, el pelo de José María ha sufrido varias transformaciones.

   De blanco de nieve pasó a rojo de panocha. Era este un color de pega que se advertía enseguida como los peluquines, que estaba tintado. Ahora ha optado por el color negro, como debe ser si no se quiere el pelo albino o canoso.

   Dura batalla ver por todas partes cabellos blancos saliendo, brotando, como los hongos, multiplicándose. Pero ah, el remedio es sencillo: nada de sustos ni de depilaciones dolorosas. Simplemente un tinte, una brocha y unos toques. Sencillo, ¿verdad?

   El negro que luce José María hoy debe ser definitivo. Le hace más juvenil y le devuelve su confianza. ¡Estupendo, hermanico! Le has ganado la batalla a tus canas. Esperemos que por mucho tiempo puedas lucir tu oscura cabellera. Lo malo será si dice de caer en lugar de salir blanco como ocurre a otros.

                                                                                                              

Francisco Tomás Ortuño.   

 

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