Agraciada por dentro, desgraciada por fuera.

5 Mayo 2025 San Jovianiano

   PARA PENSAR: No se le puede dar la mano a quien permanece con el puño cerrado.

   Murcia, lunes, sin novedad en el alcázar. Te cuento de atrás:


5 agosto 1985.- ¡Hola, hermoso día! Juan limpia su piscina con un cepillo de púas. Sus hijas, Guillermo, Lina, Miguel, Ángel y Pascual se bañan en la nuestra. Todo un récord de bañistas.

   Parece la piscina una playa de Torremolinos. Los críos la gozan en el agua. Sueñan con el baño. la piscina es casi el chalé en los meses de estío. Sin agua ya no se concibe la vida aquí.

   Anoche fuimos de visita a la casa de José Antonio. Es atento José Antonio, como su mujer, queriendo agradar a los demás. Sencillos y buenos ambos que viven bien con su economía.

   Hay familias de tal estilo: viven de su trabajo y no se meten con nadie ni quieren saber de complicados problemas de gobierno. ¿Como nosotros? Para estas personas lo mejor es vivir sin grandes preocupaciones. Su hogar y su familia es lo primero.

   Diría que lo primero y lo último. Cumplen como ciudadanos, como personas, y no quieren saber más ni se meten en asuntos si no se les llama. Lo ideal sería que el Mundo se compusiera de familias así: buenas, responsables, sencillas y poco complicadas, como la familia del vecino José Antonio.

  En la casa de José Antonio vive una mujer poco agraciada físicamente. Mis hijos por el contraste la conocen por la guapa. Esta mujer, cuñada de José Antonio, es soltera. Dios no fue con ella sin duda espléndido a la hora de distribuir sus gracias corporales.

   Sus ojos son oblicuos y separados, sus pómulos prominentes, su pelo escaso,  su boca algo torcida, su tipo de escoba sin formas femeninas,  sus piernas finas como sarmientos, paralelas y separadas la sostienen de poco milagro.

   Moratín escribió un epigrama -composición corta, satírica y fácil- que dice “Veis esa repugnante criatura: chato, pelón, sin dientes ,estevado, gangoso, sucio, tuerto, jorobado? Pues lo mejor que tiene es la figura”.

   No es el caso de esta mujer de edad indefinida, cuñada de mi vecino, que es amable y buena. Yo quisiera conocerla a fondo, saber si es feliz y si se conforma con su suerte, o se resigna con su condición.

   No conozco de ella ni su nombre. Anoche en la terraza hablábamos todos menos ella, que, en un sillón, como apartada de los demás, cerca y lejos, miraba y sonreía.

   ¿Cómo es esta persona? Me gustaría saber cómo es por dentro. A lo mejor es hermosa. ¿Por qué no me dirigí anoche a ella? Su hermana hablaba con Pascuala; su cuñado conmigo. Ella sonreía y callaba. 

   ¿Por qué no le hablaría? ¿La haríamos sentirse olvidada y triste? Tuvimos que decirle algo. Si pudiera volvería por hablarle. Estas personas deben sentir de otro modo que las normales.

   Se Irán amoldando a su circunstancia particular, irán comprobando que los demás pasan de ella, que resbalan las miradas de los hombres -o de las mujeres en su caso- que prefieren a su acompañante de turno.

   ¿Se irán adaptando así con su Cruz y su dolor y los contratiempos son aprovechados en su propio beneficio? ¿Pensando más en la vanidad humana, en el verdadero valor del espíritu, estas personas, como los ciegos o los mudos, son un tipo curioso de nuestra fauna?

   ¿Quién sabe si lloran por dentro pidiendo una muestra de amor o por el contrario celebran con toda su alma que Dios las hiciera así, las naciera así? La cuñada de José Antonio es, qué duda cabe, fea por fuera; por dentro, a lo mejor, es encantadora.

                                                                                Francisco Tomás Ortuño.

 

 

   6 agosto 1985.- Martes, el tiempo está revuelto. Diría que está loco. Quien yo me sé dirá que el fin del mundo está cerca, que los signos son evidentes. La tele dijo ayer que en algunos puntos de Andalucía estuvieron a 50°.

   Anoche el viento amenazaba con llevarse árboles y casas. La noche ha sido de ruidos y de temores por el huracán. El toldo de la piscina se ha roto y lo hemos tenido que llevar a que lo reparen.

   Hoy hace un viento más moderado, pero un fresquito tan frío que nadie habla de bañarse, lo que da una idea del ambiente que reina. Anteanoche con bochorno de muchos grados nos quedamos en la terraza Ángel la mamá y yo.

   Estuvimos a la caza de meteoritos. Se nos hizo tarde. Casi la una de la madrugada. Con la cabeza en el cielo, hablamos de galaxias, de satélites, de extraterrestres y similares.

   Ángel piensa que debe haber vida en otros astros. Ya se da cuenta de lo grande que es el universo y cree que el nuestro no debe ser el único que permita la vida.

   El tema era tan apasionante a esa hora, mirando las estrellas, que abocamos en el creador de lo existente. Lo de no tener principio ni fin un ser no lo digiere Ángel, ni nosotros. Que un ser no tenga principio escapa a nuestras fuerzas.

   Dijimos que si Dios es infinito, para qué necesitaba un mundo de mundos. Y luego que si antes existía la nada -¿cabe pensarse en la nada? - Dios tuvo con lo creado cosas que antes no tenía.

   Qué misterio tras misterio. Mamá se puso nerviosa con nuestras elucubraciones. “Para eso está la fe”, dijo concluyendo entonces. Ya no seguimos. Sancho, con la iglesia hemos topado.

   Angel razona como los jóvenes de su tiempo. Nada escapa a la ciencia. Todo se conoce científicamente. El alma es nuestro cerebro. La vida acaba con la materia. Lo del espíritu es un cuento chino.

   Ángel piensa y tropieza, como todos hemos tropezado antes, como que el hombre no puede comprender ciertas verdades de fe, y se rebela contra su impotencia. Es algo así como el enfermo que se desespera contra su mal o el viejo ante sus achaques sin solución.

   Ángel -y los demás jóvenes- se indigna de saberse tan poco, de ver que la verdad no se conoce siempre como algo evidente, lo desborda. Le dije que lo mejor es quizás aceptar el misterio y no pensar en él.

   Pero no quiere, dice que el pasa de todo porque nada es verdad. “¿Y si fuéramos más pequeños de lo que creemos y el cosmos fuera más pequeño de lo que pensamos, y todo más próximo de lo que imaginamos?, le dije.

   Es que somos así de pequeños. Tan pequeños que nos confundimos con la nada, respondió creo que con doble sentido.

   Anoche Rosa estuvo con nosotros hasta muy tarde en la terraza. Cuando la llevamos a su casa el aire nos tiraba por momentos. El viento huracanado fue a más aullando toda la noche.

   Rosa nos recordó hechos de la escuela hogar en Jumilla. De cuando estuvo allí de maestra. Según ella había un maestro propuesto por el inspector “más cerdo que hecho de encargo”.

   Para Rosa todo son conflictos, chanchullos y engaños. Por tu bien, amiga Rosa, mira la otra cara de la vida, la menos fea, lo bueno de las personas, lo positivo.

 Y quedarás libre de un peso que te debe hacer mal. No será tanto, Rosa, ¿es por gracia?, ¿es por norma? Mujer, ¿no son muchos sucesos poco afortunados en tu vida profesional?

   Fuensanta, la vecina de Cánovas 90, quiere comprarnos el piso. Ofrece demasiado poco por él. Hablar de 2.000.000, Fuensanta, me parece que no vamos a entendernos.

                                                                                

Francisco Tomás Ortuño

 

 

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