Chicoleaban anoche.
20 Mayo 2025 San Bernardino
Murcia, temprano, martes, sin novedad en casa gracias a Dios.
Como os conté de vuestra infancia y luego de vuestra juventud, con hechos importantes que iban sucediendo, políticos o religiosos, paso a contar sucesos de otras épocas de vuestra vida:
1 enero 2009.- Las uvas nos las comimos a las diez. Luego nos acostamos. Cada cadena de televisión se preparaba para llevarse a la audiencia. Todas las figuras del cante, las gracietas y la chismografía, se daban cita para entretener a un público poco exigente.
Lo sé porque esta mañana, haciendo eso que ha dado en llamarse zapping -no sé si la Academia habrá aceptado el término- vi que competían en zafiedades a más no poder. Total, que para qué esperar a las uvas de la suerte si a posteriori te lo ofrecían.
-Pero no es lo mismo. Es como si a un aficionado al fútbol le dices que no vaya al campo a ver a su equipo si lo televisan.
En una ocasión escribí un pensamiento que me vino a la cabeza, y decía lo mismo: Oí quejarse a un solterón: “¡Qué pueblo tan aburrido!”. Y yo pensé en una moto vieja que se lamentaba del pésimo estado de las carreteras, y en la sonrisa callada, reprimida y piadosa, de otra moto flamante, potente y nueva, que escuchaba.
Tendré que reconocer que yo con menos años, también iría a comer las uvas con grupos jacarandosos como los que bebían, bailaban y chicoleaban anoche.
¿A qué llamas tú chicoleaban?
-Pues a eso que tú sabes: a decir cosas tan cerca que no se entera ni tu sombra.
Decía mi madre: “El que en el libro de los pobres está apuntado, lo mismo da que corra que esté sentado”, lo que en Román paladino quiere decir que lo que tiene que suceder sucederá.
-Vuelta a tu fatalismo.
-Vamos a dejarlo.
Francisco Tomás Ortuño
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