Descamisados.

15 Mayo 2025 San Isidro Labrador

   Murcia, jueves, sin novedad. Te cuento de atrás:


   17  agosto 1985.- Pascual Jesús ha venido de Murcia con unos amigos: Emilio y Cano. Me agrada que los hijos tengan amigos. Ya dije que a ciertas edades es vital un encuentro afortunado.

   Mezclarse en grupos o quedar fuera “That is the question”. Ser uno más o quedar fuera ¿Quién sabe si el resto de la vida depende del acierto o desacierto en estas relaciones?

   En estos momentos oigo a Pascual reírse fuerte con sus amigos en la piscina.  Antes jugaron al baloncesto y al ping pong.  Esta tarde irán a la fiesta del vino. Un programa para no aburrirse.

   Son compañeros de equipo en Murcia. Yo recuerdo haber visto a Emilio en el campo. Me parecía mayor, con fuerza y con coraje en la disputa del esférico, como dicen los comentaristas.    

   Francamente me produjo una buena impresión como futbolista, no tanto como Pascual, pero más que aceptable. Al otro chico no lo recuerdo.

 

   Mamá ha terminado otro cuadro. ¿Que de dónde saca tiempo? Por las tardes, a la misma hora, se pierde en el estudio para pintar. Antes estuvo con el retrato de Juana María, que dicho sea de paso, para mí es uno de los mejores retratos que ha pintado.

   Ahora unos “cardos secos con oscuros azules y amarillos”.  El bodegón que hizo ayer es en tabla, de unos 40 por 25 cm. “un sombrero, un cofre, un gorro de payaso, y una máscara”, otro más a la ya larga lista de cuadros que han salido de su mano,

   Lo de salido de su mano es un decir, porque la mano, como instrumento del cerebro, no es del todo la que pinta. ¿Quién pinta entonces? Los ojos, la cabeza, todos a una, como Fuenteovejuna.

   Si tuviera que precisar más, diría que en la persona existe una especial habilidad que dispone a los ojos, a las manos, y a todo el ser en general,  para ejecutar la pintura.

   Observo que en la pintura, las manos que mezclan los colores y utilizan los pinceles son más que un simple instrumento. El pincel sí que es un simple instrumento del artista.

 

   La mano forma parte del artista. No así o no tanto en el caso del escritor. La fuerza del que inventa reside en el cerebro. Solo para grabar estas historias o creaciones literarias necesita de un escribano, que puede ser propio o extraño.

   O sea, que en el que escribe las manos son menos parte de la obra que en el que pinta. El pintor sin manos no es nada como artista. El escritor no ocurre así. Por tanto, concluyo:

   El pintor culmina en la destreza manual. El que escribe es esa luz interior sin adminículos necesarios para manifestarse. El que utiliza la boca y/o los pies para pintar es lo mismo.

   El pintor  necesita a sí mismo para expresarse como artista. No le ocurre lo mismo al que escribe o inventa historias, que puede dar a los demás sin el auxilio de otras partes de su cuerpo.

 

    La una del mediodía. El sol pica fuerte. Lina juega abajo con sus amigas. Los bañistas siguen en la piscina. Mamá prepara la comida. Pronto dirá “la mesa está servida” y acudiremos como riachuelos de todas partes al comedor.

   ¿Quién repara en las horas que suponen a mamá tener servida la mesa a la hora de comer como si fuera su destino o su deber? Lo vemos o aceptamos como lo más natural sin agradecer las finezas.

   Hasta a veces nos dejamos llevar del mal humor y le echamos en cara el punto de sal que tiene de más o de menos, o lo poco variada que ofrece la comida en pocos días.

   Somos ingratos con la mujer en su faena de cocinera. En lugar de agradecérselo cada vez que nos prepara la mesa vamos descamisados, oliendo a sudor como cerdos derechos a los platos.

   Ella mira en silencio esperando quizás un mínimo de reconocimiento a su obra y a su trabajo. Pero pocas veces llega. Te prometo, mamá, que seremos contigo desde hoy más atentos, más reconocidos, más amables, a la hora de ir a la fiesta que con tanto esmero preparas.                                                            


Francisco Tomás Ortuño                   

 

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