El anticuario.

17 Mayo 2025 San Pascual Bailón  Felicidades por el Santo a los Pascuales y acompañantes, en especial a mi Señora, y que cumpla muchos más a mi lado.

   Murcia, temprano, sábado, sin novedad por casa gracias a Dios. Os cuento de hace medio siglo más o menos:

  

   19 agosto 1985.- Lunes, la fiesta pasó, como todo en esta vida. Para muchos quedarán recuerdos gratos; para otros, ni recuerdos. Los mismos hechos se graban de distinta forma en las personas. Cada cual contará de la feria según le fue en ella.

   Los amigos de Pascual Jesús se fueron esta mañana a Murcia. Esperemos que para ellos haya sido grata y la recuerden con agrado. “¿Cómo lo habéis pasado?”, les pregunté. “Muy bien”, dijeron lacónicos, y sonrieron.

   Poco explícitos los jóvenes. ¿Timidez? ¿Diferencia abismal de años? ¿De otra galaxia? Entre ellos, la mirada es elocuente, se comprenden sin hablar; para mí, para los mayores en general, resulta difícil saber qué quieren decir.

   Si no les dirigen la palabra, te esquivan y se apartan con olímpica indiferencia. Ay, los jóvenes, hasta los hijos, creo que te esquivan. Les diría: “Tenéis una piscina para bañaros, una moto para pasear, ropas para poneros, comida”, agradecerlo al menos con una sonrisa.

   Pero ellos piensan, quizás, que es obligación de los mayores proporcionarles estos lujos y estas atenciones. Los padres se conforman con poco. Tal vez con una palabra que les haga saber que existen,

   Solo eso, sabes que cuentan. Es un mínimo que la naturaleza paternal reclama como una exigencia vital.

 

   Es la primera vez en mi vida que trato con un anticuario. Esta mañana, por esas raras casualidades de la vida, tropecé con un señor que compraba cosas antiguas. Vino con nosotros a la casa de los padres.

   Ha recorrido las habitaciones, bodega, patio… “Me interesan los marcos de los cuadros que cuelgan de las paredes”, dijo. Luego, Pascuala apartaba justo lo que más quería el anticuario.

    -Y ese espejo.

   -No, el espejo no se vende. Hubo palabras y ofertas.

   -La prensa de la bodega se la compró.

   -Lo consultaremos con los hermanos.

   -Y esa mesa de despacho. Los anticuarios buscan con los ojos y llegan pronto donde quieren. Saben distinguir lo que no tiene valor de lo que ofrece interés con matemática precisión.

   Su vista tiene imán. Son como linternas en la oscuridad. Se disparan en muchas direcciones en fracción de segundos.

   -Quiero ese jarrón, ese mueble, y esos marcos. No falla. Tienen una habilidad especial para detectar lo bueno. El profano como yo, observa al experto atentamente en sus movimientos y en sus gestos de profesional.

   Siente curiosidad por cuanto acapara su atención. ¿Que tiene este objeto que no suelta y que valora sobre los otros de su especie? ¿Qué encuentra en ese otro que yo no veo?

   La puja es otro capítulo interesante:

    -Mil pesetas por ese cuadro.

   -No, precisamente ese cuadro me gusta a mí.

   -Señora, le dijo a mi mujer, usted se quiere quedar con todo lo que yo aparto.

   -Dos mil pesetas.

   -No quiero desprenderme de ese cuadro.

   -Por el cuadro y el espejo le doy 5.000 pesetas.

   -No insista.

   -Mi última oferta: 6.000 pesetas por los dos.

   Es curioso ver trabajar a estos hombres. Termina uno por no saber si lo que dejan por chatarra es oro de ley o viceversa. Ya solo cuenta la palabra, la mirada, la apreciación del anticuario, que se convierte en dueño y señor de tu pensamiento y de tus limitadas propiedades.

   Hay una especie de hipnosis en estos casos tan real, tan firme, como pueda haberla con profesionales de hipnotismo.

 

   Las sorpresa ha llegado esta tarde con Pepe García. Me explico: mi buen amigo García ha subido al chalet con Pepe Jiménez y el padre de éste, Salvador.

   De jovenzuelos, íbamos juntos al “tontódromo” como  llamábamos al jardín de Abajo, donde dábamos más vueltas que una mula en su noria. Leíamos libros de la colección Plaza y acudíamos a las fiestas que se terciaban en tiempos de la matanza de cerdo.

   Con Celestino y algunos más, éramos la Peña de amigos en nuestra época de solteros.  Después, uno vuela para allá, otro para más lejos, y aquel se queda donde estaba. Y a la vuelta de los años, nos reunimos de nuevo para recordar.  

   La juventud tiene siempre el atractivo de la edad -sueños, seguridad, fuerza-. Es un tiempo que se recuerda con nostalgia, no tanto por lo que hayamos hecho -menos siempre de lo que creemos- como por el encanto de los 20 años.

                                                                               

Francisco Tomás Ortuño

    

Una llamada que pide respuesta. A mi nieta Ana Tomás Mochón:

   Responder a la vocación es buscar en silencio, y permaneciendo en la escucha activa.

   Responder a la vocación es ponerse en movimiento internamente.

   Responder a la vocación es aceptar el proyecto de vida que Dios propone.

   Responder a la vocación es maravilloso por el don recibido.

   Responder a la vocación es decir “sí” al proyecto de Dios.

   Responder a la vocación es querer lo que Dios quiere para mí. 

   Responder a la vocación es mantenerse continuamente a la escucha del que me llamó.   

Tu abuelo, que te quiere, Francisco Tomás Ortuño

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