El mercado de los martes.
18 Mayo 2025
Murcia, domingo y sin novedad en casa ni en la familia. Te cuento de atrás;
20 agosto 1985.- El día amanece con un viento que ha pasado mala noche. Un poco disgustado. No brama, pero se remueve algo nervioso. las placas solares, como un remolino, giran en su atalaya, por lo que he decidido fijarlas. Por lo demás, el viento no impide seguir con normalidad las tareas habituales de la casa: mercado, baño, sol en la terraza, etc.
Los martes van marcando hitos en las vacaciones estivales. Cada martes, la visita a la Plaza con el coche es obligada. Una, dos, tres, diez veces, y pasó el verano.
Estar en mi punto de observación dentro del coche, mientras que mi mujer hace la compra, viendo a la gente que entra y que sale, es una fiesta. ¡Cómo se retrata cada uno delante de mí en una instantánea rápida, fugaz, en un revuelo de colmena!
La gente, atolondrada, discurre presurosa por mi lado, sin reparar en mí. Con avidez la sigo, la observo, la analizo, la retengo a placer en mi imaginación, y la estudio profundamente como en una mesa de quirófano puede hacerlo el cirujano.
Después de varios martes, termino por conocer a los paisanos que acuden a hacer la compra, y conozco sus costumbres y maneras de comportarse: este viene acompañado; este espera, como yo, a su mujer; ese viene solo a comprar unos melones; aquel no compra nada, solo mira la mercancía.
Ya digo, es curioso ver que las personas reaccionan siempre igual, según son, y a fuerza de verlos varias veces en idénticas situaciones, se sabe lo que van a hacer.
Hay mujeres nerviosas que gustan de pararse con la primera conocida que ven; no dejan hablar y hasta muestran orgullosas lo que llevan en la cesta; hay mujeres estiradas que llevan a la criada cargada, llevando el carro; estas apenas se dignan mirar a nadie.
Se sabe quién gasta más y quién gasta menos. Se sabe quién puede y quién no puede. Se conoce a la buena administradora y a la que derrocha. La colmena del mercado cada martes es una fiesta.
la plaza es como una gran mesa bien surtida de carnes, de pescados, de bebidas, algo así como una gran despensa para el pueblo. De cada casa viene un emisario por su ración. Suele ser la mujer la encargada de este menester.
Y esa gran mesa surtida de hortalizas y viandas exquisitas, de salazones caros, se reparte en partes desiguales según los gustos y las economías. Con qué premura acuden las mujeres a la compra; con qué satisfacción retornan a sus casas.
Cómo se haya surtido la despensa común es también importante. Cada martes, como un ritual previo, los puestos se abastecen de mercancías a rebosar y esperan la llegada nerviosa, presurosa, de quienes han de repartir los productos almacenados.
Es un milagro que personas se movilicen tan temprano para tener dispuesta la plaza cada martes. ¿Quien trajo el pescado y de dónde? ¿Quien preparó las carnes y cómo? ¿De dónde vinieron frutas tan exquisitas?
Bello espectáculo el que ofrece el mercado cada martes a quienes miran más allá de lo que ven. La plaza del mercado cada martes es como la sociedad convulsa, movida, agitada.
La necesidad acuciante y vital del alimento se manifiesta en el revuelo de las personas que acuden por su ración como un panal de abejas. Unas van y otras vuelven; unas entran y otras salen. Direcciones opuestas, encuentros inesperados.
Pronto, la paz renace, la fluidez retorna, el discurrir presuroso cesa, y la plaza se disuelve en un mar de silencios. Hermosa estampa la que ofrece cada martes el mercado.
Yo quisiera que en los pueblos cada día fueran martes y cada familia tuviera en abundancia su ración. Yo quisiera que en el mundo todos tuvieran esa ración asegurada de alimento, que sin excepción hubiera siempre ese mercado bien abastecido donde cada cual pudiera encontrar lo necesario.
¿Qué ocurre en algunas ciudades, puntos negros en la geografía, donde no hay que llevar a casa, dónde ojos implorantes piden algo que poder llevar a sus hijos, donde no se encuentra ni agua para beber, donde el hambre es norma para la mayoría?
¿Qué ocurre en ciertos países que no conocen lo que es un mercado donde aprovisionar comida? La gran familia humana, todos, como una gran familia. Ni blancos, ni negros, ni amarillos. Todos hijos de la misma tierra, hermanos del mismo sol.
Hay que llegar a esa gran mesa común en la que todos encontremos esa ración indispensable. El mercado de Jumilla es una fiesta cada martes, pero hace pensar que ni todos tienen acceso ni todos se llevan lo mismo de él.
Pascuala anda ocupada con el espejo que hemos traído de la casa. Es el espejo grande que siempre estuvo en el comedor. Lo ha desarmado, lo ha limpiado, lo ha vuelto a armar y lo ha colgado. Creo que no durará en este sitio tanto como lo hizo en el lugar que deja.
Pascuala anda ocupada también con el retrato de Juana María. Son los últimos retoques. Un retrato puede ser un derroche de arte, de sombras y de colores, pero necesita el parecido, que el parecido sea evidente.
S el parecido se escapa, todo se ha perdido. Ahí encuentro la mayor dificultad de los retratos. Un bodegón es otra cosa; un paisaje lo mismo. ¡Animo, mamá!
Francisco Tomás Ortuño.
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