Luna tose.
25 Mayo 2025, “Cumple” de Lina. Felicidades y que cumplas más que doña Serafina, y yo que los vea a todos aplaudiendo. Domingo, sin novedad en casa. Te cuento de atrás:
10 enero 2.009.- Sábado y en Murcia, después de muchos días por fiestas, gripes, y mal tiempo, hoy he vuelto por el Cordillera: frontón, bicicleta, , baño, gimnasia, saunas todo muy bien. Hasta para celebrar la vuelta, antes de salir he pasado por el bar a tomar una caña con almendras.
A mi vuelta a casa, la mesa estaba preparada y en ella Francis, Lena y Sofía. Mi nieta anda sola, corre y se ríe. Ya dice palabras sueltas, como papá, hola, y cosas así.
Dice otras que en ella no se sabe si son en ruso o en español. Esta nieta va a ser un caso aparte, singular. Y es que su madre le habla en su lengua y su padre en la suya. Estoy deseando que se suelte.
Si luego habla en ruso, será sin duda labor de Lena, porque nadie fuera de ella en la familia conoce la lengua rusa. El tiempo tiene la palabra. Por ahora no discursea en español ni en ruso. Utiliza el lenguaje universal de la risa y del llanto cuando no le das lo que ella quiere,
La perra Luna tampoco habla, pero utiliza el ladrido cuando se enfada. O sea, que viene a ser lo mismo que mi nieta. “vamos a la calle” y se hace la sorda. Si se lo pides de otro modo se enseña los dientes, que es como decir “déjame en paz, pesado”.
Tiene su lenguaje claro de perro: que quiere salir no hace falta que le obligues; ella misma te mira y se va la puerta: “Ahora vamos a la calle a hacer mis necesidades “y se la ve contenta cuando le pones el collar. Ha de ser lo que ella quiere y cuando quiere, no cuando tú le mandas hacer lo que ella no desea.
El estadio de Luna ahora que es mayor es como el de mi nieta Sofía con un año; lo que no sé todavía es como lo hará mi nieta cuando quiera hablar, si lo hará como las otras niñas, o en ruso para su madre y en español para los demás. Está por saberse.
Miguel me llamó esta mañana para decirme que iban a a comer en su nueva casa por primera vez, que fuéramos a tomar café. Pero fue que no. Los unos por los otros no fuimos:
Lina que iba a ver a su amiga Antonia; Lena y Francis que no podían; y mamá que estaba cansada.
¿UN DESCANSITO?
De una revista: “Tengo dos títulos: uno de economista y otro de licenciada en Administración; pero no consigo trabajo a pesar de haberlo solicitado con currículos y entrevistas en varias empresas”.
Se lo dije a una tía y me entregó una estampita de don Álvaro del Portillo. “Rézalé con fe”, me dijo. Así lo hice y cuál no sería mi sorpresa cuando me llamaron de una empresa importante para decirme que necesitaban con urgencia un administrador de confianza.
Tuve una entrevista y a la semana siguiente comencé a trabajar.
Son las cinco de la tarde. Mamá lee sus oraciones en un sillón junto a la ventana, ya casi de noche. Yo escribo en la mesa camilla con luz de la bombilla y el brasero eléctrico en los pies.
Luna está sentada en otro sillón. No sabes de animal la suerte que tiene de vivir en esta casa con los cuidados sin fin de su ama. Con todo, de un tiempo acá tose. El veterinario no le da importancia: dice que otros perros tosen también.
Es una tos que no acaba de arrancar, como si algo en la garganta se la produjera. Yo creo que en una de estas toses se va a quedar la pobre y me da lástima porque creo que sufre tosiendo.
A cada instante tres, cuatro o cinco estornudos y se tranquiliza por unas horas. De noche tose menos o no tose. Menos mal. Pero si tose nos despierta a todos.
¿Será por empatía que la queremos más desde que tose? ¿Se puede sentir cariño por una perra? Es una pregunta que dejo en el aire sabiendo que es así. Si ves que una persona sufre tu sufres con ella y le llevas consuelo.
Si ves a tu mascota que sufre puedes llegar a dejarle su cama para que duerma.
¿OTRO DESCANSO?:
Estamos en un campo de trabajo. Era domingo y decidimos ir a bañarnos en un minibús al lago. Después de media hora salí del agua y me di cuenta de que había perdido las llaves.
Eran las cinco de la tarde y el alojamiento estaba lejos. Buscamos en el agua durante 45 minutos y no encontramos nada. Entonces pedí a don Álvaro: “Sácame de este apuro”.
Dos o tres minutos después, el niño más pequeño de la expedición, tras haberse zambullido en el agua, salió con las llaves en la mano sonriendo.
Francisco Tomás Ortuño
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