Paz honda que llega al alma.
12 mayo 2025 San Nereo 132 días pasados – 233 días por pasar.
Murcia, lunes, sin novedad en casa. Con envidia de ver unas fotos con mis hijos en la Romería de ayer desde Murcia, pero sin otra novedad.
Te cuento cosas de los ochenta del pasado milenio, cuando mis hijos buscaban novia y yo tenía solo cuarenta años:
13 de agosto 1985. Poco ruido a mi alrededor. El sol acaba de salir, un sol rojizo, apocadillo y somnoliento. Todavía las 7 y algo de la mañana. Los días discurren con la calma de estas horas mañaneras: desayunos, trabajos, baños, comidas, lecturas…
La placidez nos preside, nos ordena y nos lleva a cada uno por donde quiere. Es un discurrir en nuestro plácido, tranquilo, sereno, sin presiones de ningún tipo. Es más bien un dejarse llevar por la vida o la naturaleza.
José María cenó con nosotros anoche. Vino con Juan Francisco y David -el menudo-. Llevaba las entradas -5 entradas, 5 a 800 pesetas cada, 4000 pesetas de entradas- para la Zarzuela Katiuska de la noche.
Los vecinos vinieron tarde de Alicante. El tráfago de la gente en estas fechas no cesa. Coches que van y vienen como meteoritos; gente, mucha gente disparada, como agitada por una mano traviesa.
José María insistía en que fuéramos a su casa de Santa Pola unos días. Su invitación es leal y sincera. Pero a nosotros nos gusta seguir aquí, tranquilos. sin convulsiones violentas.
No lo comprende del todo. Que nos ofrezca una casa amueblada en Santa Pola, a unos metros de la playa, y se rechace olímpicamente no se comprende bien. Pero es que hemos alcanzado tal punto de bienestar aquí, con nuestro silencio y nuestra vida sencilla, nada complicada, que no la cambiamos por nada del mundo.
Mamá riendo dice que fuera de Santa Ana le duele la cabeza. El olor a pinos y a montes se respira a placer. Unos pájaros trinan por el bosque próximo. Silencio y paz. Una paz honda que nos llega al alma.
4 de agosto 1985.- Mamá y yo fuimos al molino a recoger a sus tíos. Luego a la Yaya Isabel. El día es espléndido, de verano verano. No se mueve una hoja, y el calor aprieta que es un primor.
Pascuala quiere obsequiar a sus tíos con unos buenos gazpachos de la tierra. Ahora las mujeres desmenuzan la torta y Pascual está en el comedor. Pascual no puede andar casi. Su artrosis lo lleva por el camino del dolor.
Piedad en su molino, con piscina, hijos y nietos a su alrededor, con fruta para parar un tren y pisos en todas partes, no ríe como antes: su marido por lo visto se llevó su alegría.
Pascual con los hijos bien colocados, tiene artrosis. Es así la vida, un calvario con espinas abundantes. Un fraile de Santana no sabe de estos problemas. Envidiable, pues, la vida de los frailes que se conforman con lo indispensable para vivir.
Anoche, en la puerta de la cocina, se estaba bien. Hasta tarde, estuvimos reunidos la colonia de niños y mayores, en número de 12 o 13. Jugamos a las prendas, al veo veo, y contamos historias de perros y de zorros.
Sobre todo, estando cómo estaban María Dolores y Juana María, se habló de perros y del instinto que muestran algunos con sus dueños. “Siro llora”, dijo Juana María.
Tanto como llorar… dije yo incrédulo.
Relató casos en que el perro manifestaba estados de tristeza manifiesta y emitía sonidos lastimeros como el llanto.
Sí, Siro llora si no lo llevamos con nosotros. ratificó María Dolores.
Pues el nuestro se ríe, dije yo por no dejar mal a Linda. Algunos me miraron sorprendidos. Mis hijos se encargaron de confirmar mi aserto.
“Que Siro llore, no sé; pero qué Linda se ríe lo he visto con mis propios ojos”. Se habló de un toro que desde pequeño fue acariciado en la dehesa por el dueño.
Llegado su turno de morir en una plaza, al no ver cerca a su amigo se resistía a ser lidiado. Tuvo que sentirse cerca de su amo para no ofrecer resistencia y dejarse matar.
Francisco Tomás Ortuño
Te hablaré de MÚSICA:
Ahora la educación musical, generadora de intérpretes y público formado, se sigue considerando complementaria en España.
En la Grecia clásica, por ejemplo, la música era tan importante que a una persona educada se la llamaba” hombre musical”, y utilizaban el término “a músico” para referirse a las personas incultas.
La música y la poesía se unían en una sola y la declamación se acompañaba del canto y en ocasiones de la danza.
Un pueblo disciplinado en su teoría de Ciudad Estado tenía que tener una exquisita formación musical. Enseñaba lo verdadero y permitía alcanzar el equilibrio del hombre entre sus funciones.
Gritaban la de formar la inteligencia y el carácter y propiciar la salud. Estudios científicos indican que la música tiene efectos positivos en el desarrollo cognitivo, creativo, intelectual y psicológico de los niños. Incluso se ha demostrado que se estimula el hemisferio izquierdo del cerebro, encargado del aprendizaje del lenguaje, los números y el uso de la lógica.
Los expertos insisten en que el aprendizaje musical ayuda a la socialización y fomenta la colaboración, el espíritu crítico y el respeto, sin embargo, sigue ocupando un lugar ínfimo en la educación en nuestro país.
Francisco Tomás Ortuño
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