Reparto triste.

16 Mayo 2025 San Genadio

   Murcia, temprano, viernes otra vez, San Viernes para muchos -¿será para todos los currantes?-, sin novedad en el alcázar gracias a Dios. ¿Te cuento lo que pasaba en casa cuando vosotros erais veinteañeros?

 

   18 de agosto 1985.- Domingo. Muchos hoy dormirán la mona. La Cabalgata del Vino, con 70 carrozas bellamente dispuestas, es una fiesta alegre por demás.

   No sé en qué edición de su historia se encontrará, pero seguro que ha salido de sus titubeos o ensayos primerizos para convertirse en la fiesta moderna, madura de hoy, que  se siente mayor.

   La Cabalcaba del Vino en Jumilla es un derroche de juventud, de humor y de alegría de la buena, en honor al dios Baco. La calle del Calvario y la calle de la Feria o Cánovas del Castillo son las principales protagonistas del interminable y báquico desfile.

   Yo le auguro un gran porvenir, aun cuando los peligros son evidentes. Habrá de cuidarse mucho las borracheras, que son la nota triste e inevitable de muchos rapazuelos.

   A las doce, veíamos quemar el castillo de fuegos artificiales en la terraza. Más tarde vinieron Amós y Pepa con sus su hija Ana, que se quedaron a dormir aquí.

   Ángel calculó la distancia al pueblo por los segundos que transcurrían del fogonazo de los cohetes al trueno que lo seguía. 340 por 12 segundos, 4.080 metros.

  Es curioso ver que el cohete estalla arriba sin ruido y que este viaja más lento y llega a nosotros, cuando ya ni reparamos en él. Es como el relámpago y el trueno, o como el leñador que vemos en la distancia.

   Evidencia del principio que conocemos de que la luz corre más que el sonido. Para los hombres primitivos, todo nuevo, todo por conocer, estas experiencias elementales, sencillas, servirían de estudio y meditación.

   Cualquier fenómeno les haría cavilar y obtener conclusiones. Ahora todo se nos da hecho, se nos ofrece como hecho conocido, y consumado. Tendría su encanto ser aquel hombre de caverna, para asombrarse por todo.

   El niño de hoy actúa con la experiencia acumulada de sus antepasados. Lo que quiere decir que nada cae en saco roto, y que inevitablemente somos parte de la humanidad.

 

   El reparto se ha cumplido. Por fin, esta mañana las cuatro interesadas se han reunido en la casa de los abuelos para repartir los enseres que se guardaban. Por aquí un reloj, por allí una báscula, por allá unos pendientes, por más allá un espejo.  Para ti esta cama, para ti esta mesa, para ti la máquina de coser, y para ti el armario. Un reparto triste pero inevitable.

 

   A nuestra vuelta de Jumilla, teníamos la visita, una visita anunciada pero que no esperábamos. La visita grata para nosotros de unos buenos amigos: Juan Miguel, Longina y su hijo Paco.

   Qué rato tan agradable pasamos juntos. Juan Miguel tiene ya 70 años. Yo me acuerdo cuando iba por cerillas y tabaco a su estanco en la calle del Calvario, esquina a la calle de Lerma.

   Más aún, recuerdo a sus padres detrás de un mostrador alto, conforme se entraba a la derecha, vendiendo cajetillas de picadura y librillos de papel de fumar, son recuerdos de la infancia que mantengo en la memoria.

   Juan Miguel conserva su amabilidad de siempre, su sonrisa sempiterna. Su hijo Francisco Bernal Cruz es también amable, culto, simpático. Creo que es por el padre que nos conocemos.

   Antes, por la diferencia de edad tal vez, por ejercer mi profesión fuera del pueblo, quizás, apenas tuvimos relaciones personales de ningún género.  

                                                                              Francisco Tomás Ortuño .                          

 

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