Y ahora, ¿qué hago?

21 Mayo 2025 San Cristóbal

   Murcia, miércoles, sin novedad en casa g. a D. 141 – 224. Te cuento cosas de atrás:

 

   2 enero 2009.- Viernes, solo en casa. Mamá y Lina bajaron al pueblo a las diez. “Tuti controlati” que diría aquel.

   -¿Puedes estar seguro de que todo lo tienes controlado?

   -Cierto no hay nada: pueden darme una noticia que no espero; las guerras   se suceden; la franja de Gaza entre israelíes y palestinos; Irán, Pakistán,  India o Pekín.

   -Y sin ir más allá de las fronteras nuestras, pocos días pasan sin atentados. O haces como que no te enteras, o no vives pensando en tantas calamidades.

 

   Antes de terminar el año 1.988 pensé acabar con mis soflamas. Pero ha empezado el nuevo y sigo con lo mismo. ¿Qué haría si no? Por inercia, sigo escribiendo lo que me viene a la cabeza.

   -¿Puro entretenimiento?

   -Digamos que sí. ¿Qué son esos cuadros que pinta Amós sino llenar su tiempo libre? Yo le aconsejo que siga pintando hasta llenar su casa de cuadros. Lo importante no es lo que pinta, sino el tiempo que llena pintando.  

   -Es la tragedia del jubilado: “Y ahora, ¿qué hago?”.

   Antes no te dabas cuenta de que tu trabajo era otra forma de distraerte. Cuando criabas a los hijos y ganabas un sueldo para llevar la casa, el engaño era total.

   Pero cuando te ves fuera de juego, con los hijos que ya no te necesitan,  te asustas diciendo: yo me creía indispensable y necesario en el juego y ahora resulta que el Mundo sigue sin mí.

   Hay que seguir engañándose como sea: pintando, escribiendo, aprendiendo un idioma o tocando la guitarra. Lo de menos es el idioma, la pintura, o la guitarra. Lo verdaderamente serio es estar distraído.

                

   SERAFINA:

   Recuerdo que Serafina era una buena maestra en San Andrés. Un día le mandaron a una joven para ocupar su puesto. “¿Y tú quién eres?, le dijo.

   -Me mandan a recoger el testigo que deja en este momento. La pobre Serafina, rota por la noticia, se puso a llorar.

    Y a don Francisco Sarabia, con tantos años dedicado a preparar bachilleres en otros Colegios, le decía yo en la jubilación: don Francisco, hay que buscarse ocupaciones: misa, paseo, lecturas, amigos…

   Y vi que luego llenaba su tiempo así y era feliz. Tenía su misa diaria, su paseo con don Antonio Molina, su periódico…

   En esto, la mujer aventaja al hombre. Ella tiene más recursos con trabajos en el hogar, con la parroquia, o con visitar a los pobres.

                                                                             Francisco Tomás Ortuño

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