Solo veo cabezas.
31 Mayo 205 Visitación de la Virgen Año: 151 días pasados y 214 por pasar.
Murcia, sábado, sin novedad a la vista por casa y la familia, salvo que Ángel ha vuelto de tierras lejanas. Te seguiré contando. Hoy te cuento del pasado, que es más seguro:
20 enero 2009, martes.
-Cuando voy por la calle pienso.
-¿Qué piensas?
-La mente me ofrece pensamientos.
-A ver un ejemplo.
-Veo a los que pasan cerca solo como cabezas.
- ¿Y no es así?
-Sí, pero de otro modo. Donde tú ves personas yo veo cabezas, solo cabezas, como balones.
-¿Un campo de fútbol?
-Algo así, cabezas que se mueven como balones.
-Será divertido: un partido de fútbol en la calle, como hace 50 años cuando ni se soñaba con esos campos de hierba que tenemos hoy.
-Es que veo que las personas son solo cabezas.
-¿Y no ves las piernas, los brazos, el tronco, y esos trajes tan bonitos que llevan: pantalones, chaquetas, chalecos, corbatas y bufandas cuando hace frío?
-Sí que los veo, Simón, pero fuera de la cabeza todo es secundario o accesorio.
-Explícate mejor, Clemente,
-¿Tú podrías vivir sin piernas?
-Sí, claro, y de hecho viven algunas personas.
-¿Y sin brazos?
-Lo mismo.
-Ahí voy, Simón, que las personas somos solo cabeza. ¿Tú podrías vivir sin cabeza? ¿Tú has visto a alguien sin cabeza?
-¿A dónde quieres llegar?
-A que somos cabezas humanas y solo cabezas humanas, que tienen unos apéndices que son los pies para ir de un sitio a otro, que tienen manos para coger las cosas, ojos para ver, oídos para oír, olfato para oler, pulmones para respirar. Pero lo esencial es la cabeza. Sin ella no podríamos vivir. Somos cabezas rodantes.
-¿Por qué piensas eso, Clemente?
-Pensamientos que me viene.
-Dime otro pensamiento de esos rarillos.
-Cuando veo muchos coches que circulan por la autopista, pienso en los que van dentro.
-¿Y qué tiene de particular? Yo también los veo.
-Si te fijas, Simón, en cada coche van dos o más personas.
-O el conductor solo.
-Es igual; cada uno piensa en algo. Vayan uno, dos o cinco van pensando.
-¿Y qué de particular tiene que vayan pensando?
-No piensan en lo mismo. Uno piensa en lo que deja atrás, familia, amigos; otro en lo que hará cuando llegue; otro en el discurso que prepara para las fiestas de su pueblo; otro en lo que pensarán los que le vean…
-¿Y qué quieres que piensen?
-No es lo que piensen, Simón, es que cada uno va pensando en algo distinto. ¿Te imaginas que pudiéramos recoger en un libro los pensamientos de cuántos vayan en coche? Cuántas novelas se pierden por no recoger esas historias: Miles, millones de historias perdidas por no escribir el cerebro como nosotros en un papel.
-¿Y por qué piensas en la gente que va en un coche?
-Igual podría pensar en los que cruzan la calle. ¿Tú has ido por la Plaza Mayor de una ciudad? ¿Tú has visto un barco lleno de gente? Pues igual podía pensar en ellos.
¿Y tienes más cosas que contar? ¿Quiero decir de esas que piensas de vez en cuando?
-Pienso a menudo, y ahora más que otras veces, no sé por qué, que el Mundo gobernado por mujeres estaría mejor de lo que está.
-A ver, a ver, ¿te has vuelto feminista?
-No es eso precisamente, Simón. Observo con nítida claridad que la mujer es superior al hombre en inteligencia. Cuando el hombre hace algo, ella se lo ha preparado.
No sé cómo decirte: la mujer maneja al hombre por más que él, orgulloso, crea lo contrario. Ella prepara el camino por donde él va a pasar, previene y discurre en lo que puede ser positivo para la pareja.
-Eso ya lo dijiste en otro lugar, Clemente.
-Con matices, Simón. Veo con claridad meridiana que aparte la maternidad es superior a su pareja en voluntad, en juicio…
-Conozco a muchas que no son lo que tú dices.
-Siempre hubo excepciones, pero la regla no la marcan las cosas que se apartan de lo general. Hay hombres listos y necios y hay mujeres inteligentes y faltas de razón. En todas partes cuecen habas… que dice un refrán.
- ¿Y eso es todo?
-Son pensamientos como esos que te he contado.
-Dime el último, Clemente.
-A veces los digo en verso.
-¿También poeta? dime uno.
-Somos los seres humanos -tan fugaces, amor, mío, -que apenas somos nos vamos -como gotas de rocío.
-Vale, vale ya, que me cansas con tus pensamientos, Clemente de mi alma.
Francisco Tomás Ortuño
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