El rey no sabía qué hacer.
11Junio 2.025 Ntra. Sra. de la Capilla.
Murcia, miércoles, las ocho, sin novedad familiar gracias a Dios. Te cuento de atrás:
12 de febrero 2009.- Murcia, jueves, las 9 y en casa. Don Mariano Rajoy, al sentirse acosado, no pudo más que reventar. “¡Aquí todos!” -dijo a los suyos.
Y cuando estuvieron juntos se hicieron una foto, para que vieran, socialistas y pueblo en general, que eran infundios lo que circulaba.
Y es que los tímidos obran así. Rajoy tuvo una reacción del hombre encogido, que gira cuando menos se espera. Una foto con todos que vean que existimos como partido.
Y luego un discurso fenomenal, que sepa España que el Partido Popular que lidero, no tiene problemas, que la crisis es culpa de ellos, que gastan más que pueden.
Que los jueces están comprados, y que Solbes debe dimitir; que los Bancos no están por la labor de prestar dinero, que vamos a la ruina sí siguen mandando.
Lo mejor de su discurso fue cuando parecía otro Cid Campeador redivivo, que sus mismos militantes lo desconocían. Alguien le sopló al oído: “¡La cacería, la cacería, don Mariano!”.
Y, como remate a su discurso, acusó abiertamente a Garzón, otrora otro Cid de ir a cazar con Bermejo a una finca donde pagaban 4.000 euros por entrar.
“¿Qué justicia tenemos donde todos son unos, los bueyes y los vacunos?”. Recusamos a estos jueces de la vida nacional. Parecía don Mariano una fiera acosando a un Ejército.
- Esto se ventila en el Congreso. dijo alguien.
-Pues vayamos al congreso.
Y en el Congreso, Zapatero se fue por caminos de bonanza, que dejó a todos patidifusos.
-Señor Rajoy: nunca España ha disfrutado de tanta paz como tenemos ahora; nunca España ha vivido con tal nivel económico, con cruceros y viajes, con coches millonarios y casas en la playa.
Y usted viene a decir que estamos mal. Usted lo que quiere es ocupar La Moncloa, y no lo va a conseguir, porque los españoles quieren progreso, gozar de la vida hasta el infinito.
Y usted nos pide que cambiemos al ministro tal y al ministro cual, cuando, lo que debe es mirar mejor lo que debe cambiar en su partido. No sea ridículo, que se le ve el plumero, y déjenos en paz.
Don Mariano, en su turno de réplica, volvió a lo suyo, como aprendido de memoria, sin escuchar razones. “Es que usted no quiere oír, es que usted no quiere ver, usted y los suyos son un peligro para la nación”.
Y en ese momento, una estruendosa carcajada se escuchó en el hemiciclo, tan larga y ruidosa que no pudo seguir. No se oía ni al mismo Presidente de la sala pidiendo silencio. “¡Por favor!”. La reunión se disolvió entre risas y gritos que nadie supo interpretar.
-Y ahora, ¿qué hacemos?, dijo el pobre don Mariano a su mujer.
-Tú a lo tuyo, querido, que con lo que ganas vivimos bien.
-No puedo. Creo que voy a dimitir.
-No digas sandeces y duérmete. Mañana lo verás todo más claro.
-¿Y qué van a pensar de mí los compañeros?
-Verás que nadie dice nada. Tú has hecho lo que debías y ellos lo mismo. ¿O es que te crees el ombligo del mundo? Cada uno es él y cumple lo mejor que sabe. Lo demás le resbala.
-Es una tragicomedia esta vida, mujer.
-Ya vuelves a lo mismo. Antes una comedia, ahora una tragicomedia, ¿qué diferencia hay? Todo lo mismo: un teatro donde nos movemos sin saber a dónde vamos.
Francisco Tomás Ortuño.
La Ley Sálica:
En sus orígenes, fue el Código legal de los francos salios -de ahí su nombre-, publicada en latín en el siglo V bajo el reinado de Clodoveo.
Se la conoce sobre todo por la sucesión monárquica a favor de los varones. Pero se ocupaba también de otros asuntos, como herencias, crímenes, robos, hechicerías y maleficios.
Fue uno de los Códigos legales que más influyeron en la tradición medieval europea y en el desarrollo posterior del derecho consuetudinario.
También tuvo un impacto significativo en la sucesión al trono en diversas monarquías europeas a lo largo de la historia.
La Ley Sálica se convirtió en una fuente de controversia y conflicto en la sucesión al trono de diferentes reinos europeos, especialmente en la dinastía de los Capetos en Francia y en la sucesión al trono de España en el siglo XVIII.
Hoy en día esta ley ha sido abolida o modificada en las monarquías europeas, y las mujeres tienen igualdad de derechos en la sucesión al trono. En el caso de España, la sucesora al trono es la princesa Leonor.
Francisco Tomás Ortuño
13 febrero 2009: El Rey no sabía qué hacer.-
Viernes, las seis de la tarde en Santa Ana. Acabamos de llegar y mamá riega las eras de abajo. ¡Cómo le gusta regar! Y yo aquí en el comedor con mi escritura.
Anoche vimos el segundo capítulo de “La noche más larga del Rey”, la del 23 F. ¿Te das cuenta de que últimamente todo es Política? Eches por donde eches, tropiezas con la política.
Habrán puesto el intento de Golpe de Estado por las elecciones del uno de marzo; o por la crisis que padecemos; o por la que se llevan el juez Garzón y Bermejo; o…
Hay tantos frentes que el fútbol no es suficiente para desviar la atención de los españoles. Hay que inventar. ¿Qué podemos hacer, Sebastián?
Lo de las bombillas de bajo consumo no parece que haya tenido mucho resultado; ¿qué podemos hacer?
- Pongamos una peli con garra.
- ¿Y qué película? A estas alturas de la idem ¿qué puede distraerlos?
- Ya lo tengo: “El 23 F” seguro que polariza la atención de unos millones de españoles.
- Probemos, Sebastián, y que Dios reparta suerte. Y la gente respondió. Muchos quisieron recordar y otros saber lo que ocurrió el año 1981.
Por la película vimos que estuvo en nada que se fuera al traste lo que se había conseguido con la reciente nacida democracia.
Los militares Armada, Tejero, Milán del Bosch y algunos más, fueron al Congreso y se oyó lo de “Quieto todo el Mundo”.
Algo falló que hubo desconcierto, nerviosismo, y no se calculó el golpe como ellos esperaban.
El Rey no sabía qué hacer. Sus amigos lo dejaron abandonado. Noche triste en la Zarzuela para la familia real.
Seguro que don Juan Carlos recordó lo ocurrido a su padre don Juan, a su abuelo Alfonso XIII, a su bisabuelo Alfonso XII, a su tatarabuela Isabel II, y a muchos más de su familia cuando reinaban como él.
Francisco Tomás Ortuño.
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