Es un ángel.
17 Junio 2025 San Diógenes Año: 168 por 197.
Murcia, martes, sin novedad familiar, a Dios gracias. Te cuento:
22 febrero 2009. Murcia, domingo, las once. Podría decir como ayer. Mamá ha salido y ella sabrá a qué. Lina salió antes. Una suerte gozar de dos mujeres como ellas. Igual la una que la otra. Como los guantes.
La abuela Lina era también así. Cuando yo hablaba con amigas suyas, ya muy mayores, me decían siempre “Lina es un Ángel”.
¿Qué dirán de mi hija si preguntara a sus amigas? Lina es un Ángel. ¿Y de mi mujer a las que la conocen? Que es un Ángel.
¿Qué tienen estas mujeres para merecer el calificativo de angelicales? Algo que les sale de dentro. Para ser así no se esfuerzan en ser como son, sino que han nacido con su bondad, su candor.
Que hay muchas igual, no hay duda. Si se reunieran las mujeres que fueran como ellas, que piensan como ellas, que sienten como ellas, tendríamos la humanidad femenina dividida en dos bandos: las unas y las otras.
¿Y en los hombres, ocurre lo mismo? En los hombres creo que es exactamente lo mismo: unos son sencillos como palomas y otros felones como serpientes.
Qué bueno que al nacer trajéramos cada uno en la frente una señal que nos distinguiera, aunque solo fuera para saber quién es quién, como el que nace rubio y el que nace moreno, como el que nace alto y el que nace bajo.
Una A en la frente para los unos, y una B para los otros. Mujeres y hombres de la clase A y mujeres y hombres de la clase B. La mística y la ascética.
En el fondo, en lo profundo de cada persona, se dejaría ver, a un ojo observador, los de un grupo, los místicos, nada conflictivos, haciendo el bien. Los del segundo grupo, conflictivos, rencorosos, haciendo daño donde están.
¿Llevan los malos un demonio dentro? ¿Anida el Maligno en su corazón y no los deja en paz? ¡Qué lucha deben sufrir para dejar de ser como son! ¿Pueden, por otra parte, salir de su condición en que se encuentran?
Habría que pensar en profundidad a qué se debe el mal de media humanidad. ¿No son mejor dignos de amor? El soberbio, el avaro, el mentiroso, lujurioso, airado, perezoso, ¿qué más quisiera que limpiasre de esa lacra?
¿Por qué unas personas nacen limpias de impurezas? ¿Por qué otras desde que nacen son de otra casta? ¿Los elige Satanás? ¿desprecia a los que no quiere?
Todos nacemos de la misma forma: con ojos, nariz, brazos y piernas; en cambio unos son altos y otros son bajos, unos son rubios y otros morenos, unos así y otros asá.
Una A en la frente debían de llevar los libres de maldad, y una B los poseídos del demonio. Como a enfermos hay que tolerar sus impertinencias, soportar sus travesuras.
Si en el intento de librarlo te contagia, lucha por escapar, pero por Dios, si te hace mal no te sientas ofendido, no quieras devolverle el mal que te haya hecho.
Fuera, en fin, medidas carcelarias, ni torturas, por venganza, que bastante tiene el pobre con sufrir el mal de haber nacido señalado de por vida con el Ángel perverso.
Francisco Tomás Ortuño
21 febrero 2009.- Murcia, lunes, las diez y solo en casa. Como lunes, los ruidos de la calle son distintos a los de ayer. Son más fuertes, más rápidos, más trepidantes. Se los puede distinguir: en domingo los pulsos se detienen o pasan de puntillas a estas horas; los lunes, en cambio, despiertan antes y vuelven a ser lo que fueron.
Y es que el domingo es un día de descanso y el resto de la semana es para trabajar. Ya viene de largo, y el séptimo descanso. Hasta Dios se impuso ese precepto: el primero creo la luz, el segundo el firmamento… y el séptimo descanso. Así reza en el Genesis, primero de los libros del Pentateuco.
El ruido que sube de la calle es de gente que va a trabajar, de gente que se mueve, de motores en marcha, de voces que dialogan; los ruidos de ayer eran más lentos, más suaves, más distendidos.
¿Qué pasaría si los ruidos de los lunes fueran como los ruidos de los domingos? Una ciudad sin ruido los lunes sería lo más parecido a un cementerio, gente sin pulso, detenida.
Por desgracia, en las fábricas con esta crisis que padecemos, que nos ha llegado de nadie sabe cómo ni por qué, están cerrando y los obreros se quedan en sus casas quietos, como pasmados.
Domingo y Lunes se confunden. Cesan los ruidos del tráfago de coches, cesa el ir y venir de los obreros a su destino, con las fábricas cerradas, con las obras detenidas, los que andan, esperan piezas o materiales, esperan sin recibir y no pueden continuar.
Y los que esperaban que el trabajo se acabara para hacer el suyo se cruzan de brazos, en una espera sin sentido. Y los que preparaban los materiales que estos necesitaban ven que no hace falta su material.
Y los que se encargaban de llevar los materiales a la obra se paralizan porque nadie los espera. Y los que hacían que los tales materiales estuvieran a punto en su momento, sorprendidos, ven que la cadena de producción se ha detenido, que se ha roto en alguna parte.
Y estando detenida la cadena, la vida ha dejado de existir, la sociedad activa y vibrante, se ha quedado muda. Nadie circula como debiera. Los pueblos se han convertido en cementerios. Ha sido un colapso fenomenal. Cuando nadie lo esperaba, una depresión tremebunda ha detenido el pulso de los hombres, su pálpito vital, la marcha de los negocios se ha parado.
-¿Qué ocurre Juan, que todo está parado? ¿No ves que nadie se mueve? ¿Pero así no podemos seguir, Juan?
- ¿Y qué quieres que haga yo?
-¡Grita por lo menos, Juan, ¡uníos los parados!
-La cabeza no se mueve, y si la cabeza no se mueve, ¿cómo vamos a andar?
-Id todos juntos a la cabeza y obligarla a que se mueva.
Los ruidos de la calle van siendo los de ayer, ruidos sin movimiento, ruidos sin vida.
- ¿Y por dónde van a llegar los euros que necesitamos para que coman nuestros hijos? ¿Y por donde van a llegar los euros que nos daban antes?
Todo está detenido: fábricas, obras, grúas, transportes…
-¿Qué está pasando aquí? ¿dónde está el dinero que antes daban los bancos? ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Por qué cesan de repente los ruidos naturales del trabajo? ¿Es una broma pesada de un diabólico general? ¿Es una banda macabra?
Por favor, despejad la vía para que el convoy pueda seguir, y con él la sociedad que hacía de los lunes lunes y Dios descansaba los domingos.
Francisco Tomás Ortuño.
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