Quien la hace la paga.
13 Junio 2925 San Antonio de Padua Año: 164 - 201
Murcia, viernes, sin novedad gracias a Dios. Si no es novedad que ayer vino Ángel con su hija Laura a estar dos días con los abuelos; si no es novedad que Francis está sin su mujer, que se fue a Rusia a ver a su padre.
Te cuento cosas de más calado de hace unos años:
18 febrero 2009, miércoles, Murcia, la una. Vengo de un Retiro en Azarbe con el paisano Isidoro Cruz Bernal. Su filosofía es “Seamos buenos, que el Señor nos premiará”.
He recordado, no sé por qué extraña relación mental, el libro que estoy leyendo “De los delitos y las penas” de César Beccaria. Los actos de los hombres merecen distintos juicios según las épocas y los jueces que los juzgan”.
Un tal Damiens hirió al rey Luis XV con un cuchillo con intención de matarlo. Apresado, fue condenado a muerte.
Se le aplicó el “Tormento de los borceguíes”, que consiste en sujetarle fuertemente las piernas entre cuatro tablas, e introducir cuñas a martillazos, de forma que los huesos saltaran por la presión.
Luego fue conducido en una carreta al cadalso y sujetado con aros de hierro atornillados a unas tablas. Diez verdugos participaban en la ejecución. A continuación, se le quemó con fuego de azufre.
Después, con unas tenazas al rojo, se le fue arrancando la carne y se vertió en las llagas una mezcla hirviente de plomo, aceite, pez, cera y azufre. Por fin sus miembros fueron atados con tirantes a cuatro fogosos caballos para que fuera descuartizado.
Uno de los caballos le arrancó la pierna izquierda. Llegaba la noche cuando otro de los caballos arrancaba el último brazo, y Damiens expiró. Su cuerpo fue quemado todavía palpitante, y sus cenizas se arrojaron al viento.
¿Quién, visto esto, intentaría luego matar al rey? Era una forma disuasoria que convencería al más pintado. Había unas leyes que los hombres imponían para la sociedad y el que las infringiera lo pagaba caro.
Existía además el derecho a castigar y quien ostentaba el poder imponía el castigo. La ignorancia no exime de la culpa. “Tú la haces y la pagas”.
Ya se preocuparían de saber las leyes los ciudadanos antes de obrar a la ligera. “Tú robas y a morir en la plaza delante de todo el mundo”, “Que te pasabas de palabra u obra con la mujer del vecino, a morir a pedradas como el protomártir Esteban”.
En épocas de dictaduras se usaban estas penas. ¿Quién no recuerda los crímenes en las cámaras de gas con los judíos, solo por ser judíos? La horca se usaba en determinados lugares públicos para escarmiento de los demás.
¿Y la guillotina en Francia en tiempos del terror, cuando los mismos reyes fueron guillotinados? Esta concepción de los delitos y las penas ha existido en todos los tiempos, pero no con la misma intensidad.
Hasta Dios impuso los diez mandamientos para acatar y cumplir, y el castigo al infractor del infierno o fuego eterno. La ley es la ley y es para cumplirse. La sociedad tiene que ajustarse a unos preceptos. A quien se sale de los mismos se castiga. No se ha visto otro modo de convivir en paz y en armonía.
Hoy es la Constitución, o conjunto de leyes necesarias para la convivencia. Unos jueces valoran las penas y unos guardias persiguen a los que infringen la ley.
Pero ah, lo que para unos es falta para otros lo es menos; y hay épocas en que quitar un alfiler es falta grave y otras que pacata minuta robar un coche.
Los que hemos pasado por escuelas y enseñanzas sabemos que unas veces se ha tratado a los alumnos con demasiado rigor y otras con suavidad; a veces con palos –“la letra con sangre entra”- y a veces con demasiada blandura.
“Premio o castigo”: la eterna canción. Yo no sabría decidirme. Unas veces me inclino por una cosa y otras por la contraria. ¿Será mejor el premio? ¿será mejor castigar? Difícil solución. Desde luego, lo de matar con saña por atentar contra la vida del Rey, jamás.
Francisco Tomás Ortuño.
19 de febrero en 2009 San Gabino, jueves, en Murcia a las cinco de la tarde. Vaya día de coche que me llevo. Temprano fui a pasar la ITV -inspección técnica de vehículos- en Espinardo, operación que es obligado realizar cada año y que veo que es bueno para la seguridad vial, aunque luego haya accidentes, todas las preocupaciones son pocas.
“A ver las luces”, “Suba el cristal”, “Eche el freno”, “Intermitentes”, etc. Sesenta euros y hasta el año que viene. Otra operación que he llevado a cabo ha sido la de renovar el carné de conducir.
Esta ¿qué quieres que te diga? no la veo tan necesaria, quieren saber si sigues útil para llevar el coche. Tú mismo te encargarías de dejarlo si vieras que no puedes.
Pero bueno, no deja de ser bueno que te revisen de vez en cuando, para ver cómo sigue tu máquina corporal, Te ven la vista, rellenas un cuestionario y deme 50 euros.
Ayer hablaba de los delitos y las penas que se imponen por los mismos. Ya habré dicho en alguna parte que soy enemigo de los castigos.
¿Y que cada cual haga lo que quiera?
-El niño obra como ve que obran los mayores. Si desde que nace viera obrar bien, sería bueno siempre.
-¿Estás seguro de lo que dices?
-En los niños los padres son sus maestros y si estos gritan ellos aprenden a gritar y si mienten ellos aprenden a mentir. ¿Cómo aprenden a hablar? Escuchando hablar a sus padres. Pues lo demás lo aprenden igual.
¿Y no aprenden también de la sociedad, de los amigos, de los medios extrafamiliares?
-Claro que sí. Entre todos están haciendo al hombre que será mañana, aunque la casa es la que primero y con más fuerza está formando a ese ser social. ¡Qué importante es en esos primeros momentos de la vida ser sinceros, cariñosos, amables, serenos y ejemplares!
No me digas que los niños recién nacidos no comprenden lo que dicen o hacen los mayores, que no es así su cerebro como una esponja: recoge cualquier impresión que se le ofrezca. Hasta te diría que cuando nace, a los 9 meses de su gestación, ya lleva impresiones recibidas en el claustro de la madre.
¿No influirá la música que escucha? ¿No estará recibiendo de algún modo el humo de los cigarros? ¿No será luego violento si los padres gritan o tranquilos si los padres lo fueron?
Nos hemos salido del tema. El mal que vemos por el Mundo ¿merece o no merece castigo? Rotundamente no.
Entonces, los que cometen esos desafueros o si no son malos, ¿a qué obedece su conducta?
-Son enfermos, como esos frutos que se pudren por cierto virus.
-¿Qué virus ni que niño muerto?
Si una naranja por criar moho la castigáramos con encierro carcelario, ¿tú crees que sanaría?
Pero no compares las naranjas con los hombres.
Creo que lo mismo. Un joven que roba es como una fruta podrida, es la sociedad, él no se merece nada.
¿Robar debe estar permitido?
Las leyes lo condenan y debe castigarse, como el robo, la violencia, la mentira, la violación, la usura, y otros males.
Te contradices, amigo: o es bueno o es una lacra, y como tal hay que castigar.
Ahí voy, que es una lacra no lo dudo; pero del castigo me aparto. Habría que curar el mal. El que mata a otro es un enfermo de curar. El que roba lo mismo. ¿No habremos contribuido todos a formar a ese homicida, o ese ladrón?
El suicida no se mataría si estuviera en su sano juicio. Un cleptómano roba lo que no es suyo por alguna causa, que puede estar escondida muy dentro de su cerebro y que ni él conoce.
El violador puede ser ajeno a sus actos y no merece que lo castiguen con la cárcel. Ese joven al que juzgan hoy por dar patadas a una niña en un tren hace un año puede no merecerse nada.
¿Ah no? ¿y quién fue si el mismo lo reconoce? El ambiente, la sociedad, la educación recibida en el hogar, hasta ¿quién sabe? su incierto porvenir.
Francisco Tomás Ortuño
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